Trato nuevamente el tema de San Martín Chalchicuautla aún a riesgo de aburrir a mis probables lectores. Me veo obligado a ello por la respuesta que, de manera indirecta, dio a mi denuncia de la semana pasada el alcalde Javier Antonio Castillo quien, al no poder refutar con argumentos válidos lo expuesto por mí, hace unas semanas, en un artículo que me hizo el favor de publicar un conocido diario de La Huasteca, se vale de cierto editorialista de otro diario de la misma región (cuyo nombre no quiero mencionar por lo pronto), para atacar a quienes difundieron mi artículo en todas las comunidades de su municipio, por medio de una hoja volante que repartieron de mano en mano y de casa en casa; por éste motivo el editorialista acusa a varios jóvenes estudiantes y a la profesora Elizabeth Rosales Córdova, de dar “mal ejemplo”, por repartir la hoja en “hora de clases” y “faltar a sus obligaciones laborales”.
Curiosamente, la respuesta del editorialista no rechaza, tampoco el presidente lo ha hecho por sí mismo, ninguno de los señalamientos ni criticas que hice en este espacio, porque se dan cuenta que todo aquello de lo que los acuso en el artículo a que hago referencia no lo pueden negar; porque la falta de obra pública en el municipio, a pesar de tener recursos suficientes, el mal trato, la arrogancia del alcalde y el desprecio que éste siente por los más pobres, a pesar de “presumirse” estudiado, son una realidad cotidiana que todo mundo sabe, siente y conoce en Chalchicuautla.
Por ello, la réplica que el alcalde dio en “El sur”, valiéndose de una tercera persona que ni siquiera se atreve a firmar con su nombre lo que escribe, a la denuncia crítica que le hice por su arrogante y negativa respuesta ante las peticiones que le hicieron sus paisanos en Domingo Zapoyo, el pasado 28 de noviembre, sólo se centra en atacar y desprestigiar a la maestra Elizabeth y a sus alumnos, para que sus superiores la repriman o castiguen.
Es claro como la luz del día que sólo de ésta forma es como podía responder el seguramente “muy molesto” presidente de San Martin, es decir, sin dar la cara, pero con la mala fe suficiente y el veneno necesario para que corran de su trabajo a una pobre maestra o expulsen a unos alumnos a quienes “se está llevando al baile”. Sólo así. Pero dejan de lado una ineludible aclaración: la de si la falta de atención del presidente y el trato despótico que dió a su pueblo ameritaban, y siguen ameritando o no, tal denuncia y, consecuentemente, la difusión masiva por todos los medios posibles de tan nefasta como antidemocrática conducta. A esto no se refiere la respuesta, no le entra de frente porque sabe que es cierto lo que dije y por lo tanto no hay manera de negarlo.
Todo lo anterior significa, sin lugar a dudas, que lo que verdaderamente tiene contrariado, no tanto al editorialista anónimo -porque éste, sin tener “vela en el entierro”, sólo publicó “por encargo” lo que no le constó ni podía constarle-, sino al mismísimo alcalde de Chalchicuautla, Javier Antonio Castillo, no es la altanería, ceguera y sordera con que despreció a los suyos y sus reclamos, de todo lo cual no sólo no se siente ni siquiera mínimamente apenado, sino que, por lo visto, se siente verdaderamente agraviado -como todo dictadorzuelo de pacotilla-, porque hubo quienes se atrevieron a denunciarlo, al igual que yo, por apoderarse de los recursos del municipio, por su egoísmo y su absoluta falta de solidaridad y de obras con los pobres de Chalchicuautla a quienes está obligado por ley a servir.
El presidente está enojado precisamente porque sabe que no tiene razón para ser tan mezquino y avaro con recursos que todo mundo conoce, y él más que nadie lo sabe, que son, por ley, del pueblo y para las obras que reclamen los ciudadanos de su municipio. Por eso no me responde nada a mí como periodista ni le responde nada a sus paisanos, pero sí se va en contra de una pobre mujer y maestra ejemplar que, ajena a intereses personales o económicos, interviene en esta denuncia mas allá de su horario de labores arriesgando su empleo como aquí se ve, en apoyo a los más pobres a cambio de nada y menos de sus alumnos que, como mexicanos, también tienen derecho a intervenir en cuestiones que afectan a sus padres y, por tanto, les atañen directamente en el plano personal.
De todos modos agradezco las críticas que de mala o buena fe puedan desprenderse, directa o indirectamente, de lo escrito por el editorialista de “El sur”, pues, el mío es un periodismo limpio, sin prejuicios de ningún tipo y honrado a carta cabal. En consecuencia, suponiendo sin conceder que el Presidente Municipal no tuviera nada en contra de las peticiones de los antorchistas de Chalchicuautla y estuviera, como tal vez lo está, dispuesto a resolver sus demandas (que es lo que realmente nos interesa a todos, y aquí incluyo también al editorialista), yo de manera personal y pública me ofrezco para que junto con los indígenas y los representantes del antorchismo huasteco, acudamos ante el munícipe para que resuelva las demandas de sus paisanos en día y hora hábil; pero quedando de acuerdo en que, si en lugar de recibir atención y soluciones recibimos otra nueva negativa cerrada y sin argumentos creíbles, ya nada tendrá que alegar el editorialista de “El Sur” y no le quedará otra salida que sumarse a la lucha de los pobres de Chalchicuautla. Que conste.