El amor y cariño por el Movimiento Antorchista que había conocido en 1996, lo llevó a recorrer infinidad de lugares en la Mixteca Oaxaqueña; vio de cerca y padeció los sinsabores de la pobreza en su comunidad. En sus discursos era claro, preciso, jamás titubeaba. Defender a los campesinos era su preocupación latente y lo logró. Siempre dio la cara por la gente que puso en él sus esperanzas. Así era Miguel Cruz José, el amigo antorchista que hace un año fue asesinado en su región.
En uno de sus últimos discursos que pronunció en el zócalo de Oaxaca, dijo que no le tenía miedo a la muerte, que no se retractaba de ser la bandera de los campesinos de su región, y cabalmente lo hizo hasta el fin de sus días. Quienes lo seguían sostienen que sin duda fue un gran hombre, con valor y firmeza, como los que se requieren para llevar en sus hombros la carga de una región tan pobre como la mixteca oaxaqueña.
A 12 meses de su muerte, sus amigos también lo recordamos con nostalgia porque resultaría difícil olvidar a quien siempre tuvo un gesto de bondad para con todos. Este 24 de diciembre será, pues, un momento de dolor, de coraje y de rabia por quienes truncaron la vida de Miguel justo cuando estaba llegando a la cúspide de los proyectos que se había planteado. Sólo la muerte pudo parar el incansable trabajo de este luchador social.
Quienes tuvimos la oportunidad de vivir cerca de él, y quienes compartimos el arduo trabajo de la gestoría social, no tenemos ningún reparo en decirlo, nos quitaron a un hombre con mucho valor, quitaron del camino a quien tuvo el ímpetu de socorrer a quienes de verdad lo necesitaban, a quien de verdad sentía el dolor ajeno como el suyo.
Resulta difícil creer que en nuestro país, casos como el de Miguel queden impunes, que en nuestro país se pueda matar y escapar como quien nada hizo, que se cometan las peores atrocidades y nadie sea capaz de llegar al fondo de la situación. Nadie merece como castigo la muerte, y menos por defender causas nobles como lo hizo Miguel Cruz José.
Seguramente, las huellas de Miguel no se borrarán en corto tiempo, el sembró muchos beneficios en los campos de la mixteca, también tuvo tiempo de ver florecer y de cultivar la semilla que puso en su zona. Es una verdadera lástima que no le diera la oportunidad de transformar completamente lo que él deseaba. Municipios, comunidades y miles de campesinos hoy lo recuerdan también, y de eso estoy seguro.
Para miguel no existieron los límites, su trabajo se extendió rápidamente en la Mixteca oaxaqueña, y de él brotaron también otros que como él, no soportaban ni las injusticias ni la miseria de sus paisanos y caminaron a su lado. Hoy ellos continúan con el recorrido que Miguel dejó a causa de unas balas asesinas que acabaron con su existencia.
Hoy hace un año de la trágica muerte de este antorchista, justo el 24 de diciembre a unas horas de sentarnos en la mesa para recibir la sagrada cena, recibimos tan desagradable noticia; dudosos aún, como cualquiera que se resiste a creerlo, pedimos una segunda confirmación, la cual fue afirmativa. Ese 24 fue el más doloroso, ese 24 de diciembre del 2010 a las 7 de la noche lo mataron. Hoy lo recordamos, después de un año de ausencia, hoy también le decimos, donde quiera que esté, que su tenacidad, valor y fuerza, es el mejor ejemplo que nos legó.