El gobernador Rodrigo Medina de la Cruz en su Segundo Informe de Gobierno anunció, como uno de los puntos principales, su plan anticorrupción, el cual detalló y dijo que consistiría, entre otros puntos, en la entrada en operaciones de la línea telefónica 070 Corruptel y una página de Internet, que permitiría a los ciudadanos hacer sus denuncias en forma anónima contra funcionarios de la administración estatal. Se establece una bolsa de 30 millones de pesos para otorgar recompensas económicas a quienes aporten evidencia para acreditar un acto de corrupción. Otra de las estrategias es la aplicación del Programa de Usuario Simulado, que correrá a cargo de 50 servidores públicos y que por razones obvias permanecerán en el anonimato, pues su tarea será realizar trámites ante las dependencias de gobierno para detectar acciones ilegales de funcionarios. Se dijo, que a raíz de los problemas de la tragedia del casino Royale, las clausuras y apertura de otros, los “quesosgate”, ha puesto en evidencia la fuerte corrupción que hay en todos los niveles de gobierno, por tanto, hay la necesidad de combatirla; para eso el gobernador lanza su plan anticorrupción. Hasta la fecha, varias personalidades públicas siguen manifestándose en torno a él, lo elogian y consideran que con ese plan sí se va a combatir la corrupción que prevalece en el estado de Nuevo León.
Desde mi modesto punto de vista, yo creo que estas medidas de anticorrupción son insuficientes, puesto que el problema que se quiere combatir, es decir, la corrupción, es un fenómeno inherente a esta sociedad capitalista en la cual vivimos. No es un problema nuevo, sino que su existencia se remonta a los orígenes mismos de la apropiación privada de los medios de producción y del trabajo ajeno, que es cuando sucumbe la Comunidad Primitiva para dar paso al Esclavismo. Con ello se acelera el proceso de acumulación, lo cual divide a la sociedad en clases, en función de las riquezas recabadas. En esas condiciones, el hombre rico se convierte en un modelo a seguir por su forma de vivir, por su vestimenta, por los lujos que le rodean, etc., así nace el afán de enriquecimiento, el deseo de acumulación, y así surge, una causa de la corrupción: el deseo de atesorar. Por otro lado, como fruto de la división de la sociedad en clases, nace y se desarrolla la miseria, el hambre, la pobreza que padece la gran mayoría de la población, que es una segunda causa de la corrupción, pues un hombre ante la disyuntiva de corromperse por un pedazo de pan o morir, es claro que elegiría el camino de la corrupción. La corrupción, pues, una manifestación del verdadero problema de fondo que padecemos los mexicanos, esto es, la injusta distribución de la riqueza nacional.
A la fecha, las causas que le dan vida a la corrupción, que lejos de que hayan desaparecido, el abismo que separa a los ricos y los pobres, se ha profundizado, ahora los ricos son cada día menos y más riqueza acumulan, y el número de pobres es mayor y mucho más pobres, es decir, que se ha incrementado y profundizado la miseria en el país y en el estado. Por otro lado, se sigue inculcando la idea de que debe enriquecerse a como dé lugar, la idea de la acumulación ilimitada, porque en el tener está la verdadera felicidad; y por otro lado, objetivamente, se lo impiden, o bien porque no le dan trabajo, o bien porque si se lo dan, el salario que le ofrecen es francamente miserable. El fruto evidente e inevitable de esta contradicción, es el desarrollo de las diferentes formas de corrupción que proliferan en esta sociedad moderna, pues son medios para no morirse de hambre o para enriquecerse más; por eso se presenta la delincuencia organizada, los sobornos a funcionarios públicos, los fraudes en empresas poderosas, la piratería, la compra de votos, etcétera.
Por lo tanto, considero que con las medidas del plan anticorrupción no van a combatir la corrupción, porque no van dirigidas al fondo del problema, no combaten la inequitativa distribución del ingreso nacional, no combaten la pobreza, no educan al individuo de otra manera. Por eso, para acabar con la corrupción, es necesario atacar sus causas profundas, para lo cual se necesita que lo que se produce socialmente deje de apropiarse por unas cuantas manos y, más bien, se distribuya equitativamente entre todos los miembros de la sociedad; además, en vez de promover la división de la sociedad mediante el egoísmo y el individualismo, hay que promover el más profundo sentido de la solidaridad y del colectivismo. Esto quiere decir que si a cada miembro de la sociedad se le garantiza trabajo bien remunerado, casa modesta pero segura, atención médica para que se pueda curar, vestido suficiente, tiempo y recursos para la recreación, etc.; y paralelamente, se le educa, se le vuelve un hombre culto y sensible, con el valor de servir a los demás, sólo así se podrá combatir la corrupción.