Tan pronto como se inició legalmente el proceso electoral para elegir al próximo Presidente de la República, arreciaron los ataques y descalificaciones entre los dirigentes, representantes y candidatos de los distintos partidos políticos, y, obviamente, la mayoría de estos ataques van dirigidos a quien, de acuerdo con las encuestas, se le ubica con mayores posibilidades de ocupar tan importante responsabilidad.
Esta es la verdadera explicación, y no otra, de la tremenda campaña mediática en contra del ex gobernador de Coahuila y también ex presidente de nacional del PRI, Humberto Moreira Valdés, encabezada, desde la ciudad de Cannes, por el Presidente Felipe Calderón Hinojosa durante su participación en la cumbre del G-20 , y seguida por la plana mayor de los políticos panistas, seguida por los perredistas. Lo acusan de haber falsificado documentos para obtener créditos de las bancas Santander y del Bajío, endeudando a los coahuilenses, durante su gobierno, con más de 33 mil millones de pesos; ya que a su llegada como gobernador, el Estado tenía una deuda de 323 millones, y a su salida, ésta se incrementó a 33 mil 867 millones de pesos que, según Moreira, fueron utilizados para abatir el rezago de los coahuilenses.
Todos los mexicanos sabemos que la gran mayoría de los políticos de todos los partidos que pelean con uñas y dientes ocupar un puesto de elección popular o algún puesto importante, lo hacen, no precisamente buscando atender y resolver los grandes y graves problemas de la gente que los elige, sino por el poder que estos puestos les dan para cometer abusos y enriquecerse con los recursos del pueblo. No descarto la posibilidad de que Moreira haya cometido tales delitos y de que haya hecho mal uso de los recursos de los coahuilenses. Quienes hacen esta acusación, están obligados a demostrarlo ante los tribunales competentes, y él a su vez a demostrar su inocencia, como dice.
Sin embargo, resulta muy sintomático que sea precisamente en tiempos electorales cuando se acuse a Humberto Moreira y que quien proteste ante los medios de comunicación, contra éste endeudamiento sea el propio Presidente de la República. Calderón reprueba el endeudamiento de Coahuila pero no dice nada en relación a la participación de Jaime René Jiménez, ex director de Deuda Pública de Entidades y Municipios de la SHCP, quien presuntamente participó en la falsificación de documentos y en el uso de información oficial para que Javier Villarreal Hernández, ex titular de Servicios de Administración Tributaria de Coahuila, pidiera créditos a las bancas Santander y del Bajío en el período en que el Secretario de Hacienda era Ernesto Cordero Arroyo, hoy, precandidato a la Presidencia de la República por el PAN.
Igualmente, Calderón calla sobre el incremento de la deuda contraída por el gobierno federal que él encabeza, que, según datos de la propia SHCP, del año 2006 al 2011 pasó de 1.9 a 4.9 billones de pesos; situación que se agrava porque en su administración, de acuerdo con las cifras publicadas por el Consejo Nacional de Evaluación de la Política del Desarrollo Social, el gobierno calderonista ha producido más de 12 millones de pobres. Es decir, que mientras el gobierno federal más se endeuda, la situación de los mexicanos empeora. ¿Y (…) qué ha hecho Calderón con tanto dinero?