El 11 de noviembre de 2001, es decir, hace ya diez años, el Partido de la Revolución Democrática (PRD) demostró en el estado de Michoacán ser una fuerza electoral viable al ganar la gubernatura --con Lázaro Cárdenas Batel—además de 19 diputaciones y 66 alcaldías. Lázaro Cárdenas Batel fue el primer gobernador no priista emanado de las filas del PRD, en la historia del estado de Michoacán.
En el año 2008 de nueva cuenta el PRD ganó la gubernatura con Leonel Godoy Rangel, quien abandonó las filas del PRI en 1988 con la corriente que dio origen a la creación del partido ya mencionado; partido que no pudo refrendar su triunfo el pasado 13 de noviembre, como resultado de sus malas administraciones. El próximo 15 de febrero Leonel Godoy entregará la estafeta al Partido Revolucionario Institucional y a su gobernador electo Fausto Vallejo Figueroa, quien gobernará al estado de Michoacán por un periodo de tres años y ocho meses.
Con la llegada del PRD al gobierno del estado, muchos ciudadanos creyeron que la situación habría de cambiar para bien de los michoacanos pero, desgraciadamente, el partido que se dice cercano a la gente pronto dejó al descubierto su verdadero rostro y demostró que este instituto político está integrado por puros arribistas que se han acostumbrado a vivir del erario público (por ejemplo, Silvano, como senador, ganaba más de 4 millones al año).
Los perredistas, a pesar de que siempre han dicho que para ellos están primero los pobres, que ellos sí gobiernan diferente y que, además, respetan los derechos de los ciudadanos, mienten de manera descarada, y como muestra está el caso de la represión a los trabajadores de SICARTSA en el puerto de Lázaro Cárdenas, donde violentaron para impedir las marchas de maestros, de transportistas; así como también los desalojos al plantón de antorchistas a altas horas de la madruga y con lujo de violencia.
En los años que lleva gobernando el PRD en Michoacán, aumentó el índice de inseguridad y el descontento social, pues no se crearon las fuentes de empleo que prometieron a la ciudadanía, continuó la migración de los michoacanos hacia Estados Unidos, además de haberse caracterizado por su política de represión contra los movimientos y organizaciones no afines a su ideología; el cambio que prometieron en campaña quedó en el más completo olvido.
Durante esta década de malos gobiernos perredistas, los antorchistas michoacanos tuvimos que mantenernos en plantón la mayor parte del tiempo. Sometidos a la inclemencia del tiempo, soportamos los temporales de lluvias, los fríos invernales, los fuertes vientos y el calcinante sol; pero, sobre todo, una tupida campaña de desprestigio y deformación de nuestras verdaderas intenciones y métodos, por parte de quienes tenían el poder en el estado y se negaron a resolver las demandas de los pobres de Michoacán organizados en Antorcha Campesina.
En su momento, Lázaro Cárdenas Batel y actualmente Leonel Godoy Rangel hicieron compromisos firmados, con plazos fijos para la materialización de los acuerdos pactados, tanto en la entrega de lotes baratos para vivienda, como en las áreas de educación y servicios básicos en las zonas marginadas, pero tales compromisos, hasta estos momentos, no se han concretado.
Y no hablo sólo por hablar, pues, a esta fecha, ya van más de tres meses que los antorchistas michoacanos se instalaron en plantón permanente en la Plaza Melchor Ocampo, en pleno Centro Histórico de la capital michoacana, para protestar por las agresiones a maestros del Colegio de Bachilleres de Maravatío; y, además, para exigir el cumplimiento a la minuta de acuerdos firmada el mes de febrero del presente año. Pero resulta que, desde esa fecha hasta el momento, ningún funcionario del gobierno del estado se ha dignado a entablar una mesa de diálogo para buscar una solución a la problemática planteada.
Los gobernantes juzgan al pueblo como un tonto que todo lo tolera y lo perdona, pero esos gobernantes se equivocan. El verdadero pueblo ya no perdona a los malos gobiernos, de lo cual tiene mucha razón; y la prueba es que el pasado 13 de noviembre ese sufrido pueblo michoacano dio la espalda al PRD porque ya no aguantó más.
Por tanto, ahora Fausto Vallejo Figueroa tiene la oportunidad y la enorme responsabilidad de sacar a flote al estado de Michoacán y conducirlo por el camino del desarrollo, pero, ¿cómo? Sobre todo, atendiendo y resolviendo la problemática que aqueja a la inmensa mayoría de los michoacanos que aspiramos a vivir en un estado de paz y progreso. La suerte está echada.