El día internacional de la mujer data de 1910, en Copenhague, en la celebración de la II Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas, donde se aprobó por unanimidad el Día Internacional de la Mujer trabajadora como método de lucha por su misma causa, propuesta hecha por la alemana socialista Clara Zetkin. Posteriormente, en 1917 en Rusia, debido a la escasez de alimentos por la guerra, las mujeres se levantaron en protesta junto con el pueblo ruso, lo que marca el comienzo de la Revolución Rusa que derivó en la caída del Zar y el establecimiento de un gobierno provisional que por primera vez concedió a la mujer el derecho al voto. A raíz de este hecho se sitúa definitivamente el 8 de marzo como “El Día internacional de la Mujer Trabajadora”.
En el caso de México, fue hasta el año 1953 cuando se reconoce explícitamente en la Constitución el voto femenino en las elecciones federales, aunque ya había una reforma del año 1946 que permitía que las mujeres pudieran votar y ser votadas en las elecciones municipales. Pero la discriminación hacia la mujer hoy en día sigue: por la diferencia de salarios con respecto a los hombres, por estar embarazada y negarle el derecho al trabajo, la violencia intrafamiliar, etc. Pero a final de cuentas, lograr la igualdad de derechos será parte de la liberación del pueblo de sus opresores, cuando exista un verdadero gobierno salido de las entrañas del pueblo mismo.
En ese sentido, trabaja el Movimiento Antorchista a nivel nacional; organiza y educa a hombres y mujeres por igual para que luchen por sus derechos más elementales y, sobre todo, los convoca a luchar por una patria más justa para todos sus hijos, más soberana e independiente, permitiendo con ello que las riquezas del país realmente las disfrute el pueblo trabajador. Y no como ahora, que las riquezas están concentradas en unas cuantas manos, cuando la inmensa mayoría de mexicanos se debate en la miseria y la marginación. Contra esa injusta distribución de la riqueza combate nuestra organización y busca por medios pacíficos que los programas sociales realmente lleguen a los más necesitados y no se condicione su disfrute.
Retomando la idea inicial, siendo en sus orígenes un día para resaltar a la mujer trabajadora, los millares de mujeres agrupadas en el Movimiento Antorchista levantan hoy su voz para exigir que sus derechos se hagan efectivos, es decir, se resuelvan las demandas más sentidas de colonias y pueblos marginados en los que ellas “viven”. No me refiero a los derechos que comúnmente exigen las mujeres intelectuales, por ejemplo, que se les incluya en puestos públicos o bien que tengan participación dentro de la vida política, lo cual también es legítimo. No, estas mujeres son mucho más modestas: se preocupan por la educación, quieren que sus hijos dejen de ser parte de esos 5 millones de mexicanos que no saben leer ni escribir o de aquellos millones de jóvenes que ni estudian ni trabajan (los llamados “nini”) y son presa fácil del crimen organizado; más aún, luchan por una vivienda digna, pues quieren dejar de engordar el bolsillo de los renteros; buscan que el progreso llegue a sus pueblos y colonias; por ello es que solicitan de forma reiterada servicios básicos como la electrificación, el agua potable, pavimentación, etc. En suma, buscan a través de su lucha elevar su nivel de vida y de sus familias ya de por sí muy deteriorado antes de la crisis y acentuado por ella.
Sin embargo, contrario a lo que vemos y oímos en los discursos oficiales en los que por un sólo día se le colma de elogios y se reitera que no existe la discriminación hacia la mujer; en la realidad todos estos discursos se desdibujan, cuando la mujer campesina u obrera se organiza y sale a las calles para hacer valer sus derechos de libre petición y libre manifestación de las ideas; entonces sale a relucir la otra cara de la moneda, se le trata con desdén, con indiferencia y no se le escucha ni mucho menos se resuelven sus justas demandas.
Esto es lo que ocurre con las peticiones de las mujeres antorchistas. Hace unos días, la ciudad de Cuernavaca fue testigo de una manifestación integrada fundamental por mujeres que exigían y exigen al gobierno del estado se cumpla una minuta de trabajo donde se establecen compromisos de educación, servicios públicos y vivienda. A pesar del cansancio por el recorrido realizado, nadie se dignó a atender y menos solucionar sus peticiones ya comprometidas. La pregunta es, ¿así es como el gobierno del estado rinde tributo a la mujer trabajadora? En los hechos se le margina como al pueblo en general y sólo se acuerdan de ellas los políticos de toda laya (con algunas honrosas excepciones) cuando requieren el voto de la gente y, ya en el puesto, se olvidan por completo de quienes los llevaron al poder.
Por ello, en este día tan importante que está dedicado a la mujer trabajadora (y no a las damas de blanco de Polanco), los antorchistas tenemos muy presente que la mejor manera de conmemorar es refrendar nuestra lucha por hacer que nos oigan los que no escuchan; refrendamos nuestra lucha para lograr una vida más justa, más equitativa para todos. ¡Adelante compañeras antorchistas! ¡Porque tenemos la razón, la victoria será nuestra!