MOVIMIENTO ANTORCHISTA


Albert Einstein
¿Por qué el socialismo?

Mario Núñez Mena
16 de enero de 2012

 Albert Einstein, físico alemán, nace el 14 de marzo de 1879 y muere el 18 de abril de 1955. El más brillante y destacado científico del siglo XX. Recibió en 1921 el premio nobel de Física. Creador de la célebre formula E=mc2 [donde E es la energía, m, la masa y c, una constante; la velocidad de la luz (300 mil km por segundo), y dada la gigantesca cifra correspondiente al cuadrado de la velocidad de la luz, no sólo confirmó  la intrínseca relación entre masa y energía, sino que demostró la obtención de formidables cantidades de energía a partir de la materia en movimiento: la energía atómica]. Esto, además de su invaluable teoría de la relatividad en donde explica la curvatura del universo y el carácter relativo del tiempo y el espacio. A pesar de que hoy en día muchos de nosotros no comprendamos a cabalidad estas ideas, lo cierto es que las aportaciones científicas de Einstein han revolucionado la concepción moderna de la materia, la energía y el universo. 
           
Einstein vivió en una época de acelerado desarrollo del sistema capitalista, fue testigo de la 1ª y 2ª  guerra mundial. Y, por tanto, un hombre que no ocultó su pensamiento e intereses tras el falso velo de la neutralidad científica, sino que, por el contario, con valor y honestidad intelectual se convirtió en un firme  y decidido opositor  al militarismo y la guerra. Fue un científico humanista, pacifista, un hombre progresista convencido de la justicia social, la hermandad entre los pueblos y de la necesidad de que la ciencia y la política estén siempre al servicio del hombre. Einstein fue, pues, un verdadero genio.
           
En mayo de 1949, en plena guerra fría y siendo ya una destacada figura en el mundo de la ciencia, publicó en Nueva York,  en la revista Monthly Review, un histórico artículo titulado “¿Por qué el socialismo?”. No obstante que el sistema capitalista y sus ideólogos han marginado su escrito, a más de 60 años de distancia el artículo de Einstein sigue hoy  más vigente que nunca, un documento que, sin duda, los trabajadores de México y el mundo debiéramos conocer. Veamos algunos fragmentos.      
           
En el corazón de su escrito, Einstein cuestiona así al injusto sistema en el que vivimos: “La anarquía económica de la sociedad capitalista tal como existe hoy es, en mi opinión, la verdadera fuente del mal. Vemos ante nosotros a una comunidad enorme de productores que están esforzándose incesantemente, privándose de los frutos del trabajo colectivo, no por la fuerza, sino en general en conformidad fiel con reglas legalmente establecidas. A este respecto, es importante señalar que los medios de producción – es decir, la capacidad productiva entera que es necesaria para producir bienes de consumo tanto como capital adicional- puede legalmente ser, y en su mayor parte es, propiedad privada de particulares”.
           
“En aras de la simplicidad, en la discusión que sigue llamaré “trabajadores” a todos los que no compartan la propiedad de los medios de producción, aunque esto no corresponda al uso habitual del término. Los propietarios de los medios de producción están en posición de comprar la fuerza de trabajo del trabajador. Usando los medios de producción, el trabajador produce nuevos bienes que se convierten en propiedad del capitalista. El punto esencial en este proceso es la relación entre lo que produce el trabajador y lo que le es pagado, ambos medidos en valor real. En cuanto que el contrato de trabajo es “libre”, lo que el trabajador recibe está determinado no por el valor real de los bienes que produce, sino por sus necesidades mínimas y por la demanda de los capitalistas de fuerza de trabajo en relación con el número de trabajadores compitiendo para trabajar. Es importante entender que, incluso en teoría, el salario del trabajador no está determinado por el valor de su producto”.

“El capital privado tiende a concentrarse en pocas manos, en parte debido a la competencia entre capitalistas y en parte porque el desarrollo tecnológico y el aumento de la división del trabajo animan la formación de unidades de producción más grandes a expensas de las más pequeñas. El resultado de este proceso es una oligarquía del capital privado cuyo enorme poder no puede controlarse con eficacia incluso en una sociedad organizada políticamente de forma democrática. Esto es así porque los miembros de los cuerpos legislativos son seleccionados por los partidos políticos, financiados en gran parte o influidos de otra manera por los capitalistas privados quienes, para todos los propósitos prácticos, separan al electorado de la legislatura. La consecuencia es que los “representantes del pueblo” no protegen los intereses de los grupos no privilegiados de la población. Por otra parte , bajo las condiciones existentes, los capitalistas inevitablemente controlan, directa o indirectamente, las fuentes principales de información (prensa, radio, educación). Es así extremadamente difícil –y de hecho en la mayoría de los casos absolutamente imposible- para el ciudadano individual obtener conclusiones objetivas y hacer uso inteligente de sus derechos políticos”.

“…La producción está orientada hacia el beneficio, no hacia el uso. No está garantizado que todos los que tienen capacidad y quieran trabajar puedan encontrar empleo; existe casi siempre un “ejército de parados”. El trabajador está constantemente atemorizado de perder su trabajo…” […] “El progreso tecnológico produce con frecuencia más desempleo en vez de facilitar la carga del trabajo para todos. La motivación del beneficio, conjuntamente con la competencia entre capitalistas, es responsable de la inestabilidad en la acumulación y en la utilización del capital que conduce a depresiones cada vez más severas. La competencia ilimitada conduce a un desperdicio enorme de trabajo y a esa amputación de la conciencia social de los individuos que mencioné antes”.

Einstein remata su artículo señalando de manera contundente: “Estoy convencido de que hay solamente un camino para eliminar estos graves males: el establecimiento de una economía socialista, acompañado de un sistema educativo orientado hacia metas sociales. En una economía así, los medios de producción son poseídos por la sociedad y utilizados de una forma planificada. Una economía planificada que ajuste la producción a las necesidades de la comunidad, distribuiría el trabajo a realizar entre todos los capacitados para trabajar y garantizaría un sustento a cada hombre, mujer y niño. La educación del individuo, además de promover sus propias capacidades naturales, procuraría desarrollar en él un sentido de la responsabilidad para sus compañeros-hombres en lugar de la glorificación del poder y el éxito que se da en nuestra sociedad actual”.    
    
Para finalizar, Einstein nos advierte que una economía planificada trae consigo una tremenda concentración de poder económico y político, y conducida incorrectamente,  puede ésta generar autoritarismo y burocratismo. Problemas políticos y sociales “extremadamente difíciles” de resolver, pero que la edificación del socialismo  tendrá que enfrentar y erradicar.

He aquí el genio de Carlos Marx, organizador de la clase obrera en el mundo moderno y creador del socialismo científico, expresado de manera brillante por el genio de la Física del siglo XX, Albert Einstein. El sinergismo de dos genios.

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