Se aproximan las fechas en las que miles de escuelas privadas en el país comiencen con la propaganda para captar alumnos, estas se convierten en refugios de todo aquel que no pudo aprobar el examen de admisión en una escuela pública o de plano, no le alcanzó para pagar un buen coyote que le abriera el espacio sin necesidad de preocuparse por estudiar.
Y es que, cada vez son más apremiantes las necesidades de invertir en escuelas de todos los niveles que brinden verdadera educación y que no sean el fin político y económico de grupos que persiguen intereses de otra índole, escuelas formadoras de hombres cultos y preparados que puedan servir a la misma sociedad.
Todos los años, y este seguro no será la excepción, los que se dicen rechazados iniciarán con fuertes movilizaciones para pelear por un sitio en la universidad, vaya cosas, ahora se lucha de esta manera para entrar a una escuela y no estudiando, desde mi punto de vista, el lugar en cualquier lado, se debe ganar son esfuerzo y empeño y demostrándolo en los resultados.
Resulta una verdadera desgracia para los alumnos que no cuentan con el recurso para comprar un espacio, pues estos no cuestan ni mil, ni dos mil pesos, la “educación” cuesta desde el inicio y mucho. Para los que pueden y no tienen otra opción están las escuelas privadas, (muchas de ellas improvisadas), desde luego hay que reconocer que hay buenas escuelas, pero con mensualidades que no cualquiera pudiera pagar.
En Oaxaca en los últimos años se han creado infinidad de escuelas privadas, hay casas convertidas en centros educativos, bodegas que se acondicionan para brindar clases y desde luego se han transformado en verdaderos negocios, todas estas para socorrer a los “reprobados” además muy redituables, pues las mensualidades van desde los mil, hasta 3 o 4 mil pesos mensuales.
Actualmente también, la inquietud de los que brindan educación privada es el mantenimiento de una matrícula aceptable para que se pueda sostener el negocio a través de los ingresos mensuales, sin preocuparse a veces, mínimamente por que el alumno aprenda los aspectos elementales del nivel en el que se encuentra, sea primaria, secundaria, preparatoria o universidad.
¿Podemos hablar de calidad cuando no se tienen ni siquiera las instalaciones ni maestros adecuados? Considero que no, tan solo habría que ver en qué condiciones están muchos de estos centros que dicen ofrecer educación, para darnos cuenta que no existe una oferta como las que a veces ofrecen en folletos y propaganda engañosa.
Pero aquí viene lo peor, tampoco podemos hablar de calidad en las escuelas públicas, donde la mayor parte del ciclo escolar no hay clases, y los paros y las movilizaciones son el pan de cada día, entonces, esto pudiera dar como resultado que de plano el pobre no puede tener acceso a una buena y verdadera educación en nuestro país.
El círculo vicioso no se termina, al contrario, se germina cada día más con profesionistas poco preparados y que a la hora de vender sus conocimientos a cualquier empresa, industria o lo que sea su objetivo, se lleva tremendo frentazo, pues su paso por la escuela fue siempre de segunda o tercera calidad, y si lo contratan, su salario corresponde a lo limitado de sus conocimientos.
Los intentos en Oaxaca por extender la red de universidades sólo fue una “llamarada de petate” pues en diversos puntos solo se construyeron, y ahora son elefantes blancos, en otros lugares solo quedaron en proyectos que fueron aplaudidos en su momento. O sea que, los centros que se supone deben ser herramientas para la transformación social, o son de mala calidad, engañosas, o demasiado caras, y por consiguiente, ni para donde hacerse.
Seguramente el gobierno del cambio estará preocupado por resolver estos graves males, le quedan cinco años para demostrar, tal y como lo reitera en sus discursos, apostarle en recursos para que la educación llegue a niveles aceptables en Oaxaca.