Es el cuestionamiento de los millones pobres en el país, que en los últimos años sus formas de sobrevivencia se han encontrado en los niveles más bajos. Apenas arrancó el 2012 y se presentó un incesante incremento a los precios de los productos y servicios, lo que en décadas no se presentaba: el incremento a los productos de consumo básico, al frijol, al maíz, al arroz, al huevo, etcétera; presentándose en algunas regiones de nuestro país situaciones de hambruna, una de ellas, la región Tarahaumara, por el desbasto del maíz y frijol, que son el consumo básico de esta pobre gente.
En estos momentos los ojos del país, están puestos en esta “zona de desastre” por rumores de supuestos “suicidios colectivos de los indígenas por hambre” situación que motivo un gran despliegue y escándalo de medios de comunicación, que llegaron al “lugar de los hechos” –como si fuera una zona extraterrenal jamás conocida – y llegaron también, como plaga, funcionarios públicos federales, estatales y municipales; indigenistas, dirigentes de partidos políticos y otras especies hasta la sierra Tarahaumara; para ser coparticipes del “dolor y sufrimiento de los serranos”.
Aparecen también los críticos y analistas de diferentes medios de comunicación para denunciar crudamente la situación de los Tarahaumaras, presentando imágenes grotescas de niños enclenques, desnutridos, con piojos; a ancianas enfermas y descalzas despertando el morbo del teleauditorio. No podía faltar el presidente Felipe Calderón, que fue hasta ese lugar a quedarse a dormir, para atacar de manera frontal y valiente, el hambre de los indígenas, compartir sus penas y ha prometerles que el gobierno federal los va apoyar. Igual, como en meses pasados que visitó a los damnificados por las inundaciones en Tabasco, el mandatario, se puso sus botas de hule y una gorrita para acompañar a la gente que fue víctima de las inundaciones, y decirles que estaba con ellos, pero en nada los apoyó. Hoy es un diferente escenario, pero se presenta el mismo trama teatral. ¿Qué solución se le dio a la gente de Tabasco? ¿Ya se les reubicó de la zona inundable donde viven?, ¿Ya se les construyó nueva vivienda? Nada de lo prometido les han resuelto, más que pura demagogia y falsas poses, lo mismo de siempre.
La desgracia de los Tarahaumaras, la de los habitantes de Tabasco, de los indígenas huicholes, otomís, pames, triquis, huastecos, etcétera. Sólo les sirve a los poderosos para pitorrearse de su existencia y exhibirlos como si fueran animales en sus tristes formas de sobrevivencia, para hacer dramas de impacto publicitario y enaltecer la figura de gente de poder que va hasta el lugar de los hechos, a dar despensas, tomarse la foto y jamás regresar. Hoy les llevaran unas cuantos granos de frijol y maíz ha esta gente, pero su preocupación jamás será la de buscar la solución al problema.
Este problema y desgracia que sufren los raramuris, es el mismo que sufren los indígenas huastecos, los pames; los Tabasqueños, los habitantes de Charco Cercado, los campesinos de Sinaloa, los obreros de la zonas fabriles, etcétera. Ya que tienen como origen un punto común: la injusta distribución de la riqueza social que existe en la sociedad. ¿Cómo explicar que en un país, como el nuestro, que tiene una inmensa riqueza natural; bosques, mares, petróleo, plata, oro, uranio? La gente se esté muriendo de hambre. ¿Cómo entender el absurdo de que México, tenga el hombre más rico del mundo en medio de tanta pobreza? La respuesta: la pobreza y el hambre de muchos, es la riqueza de unos cuantos. No le busquemos más.
Lo que no se vale es que muchos funcionarios públicos se asombren de la dura pobreza en la sierra de Chihuahua, y no ven lo que tienen frente a sus narices. Dicho de otra manera “ven la paja en ojo ajeno, y no ven la viga que tienen en el propio”. Es caso de los funcionarios de la Secretaría de Agricultura y Recursos hidráulicos del gobierno del estado, la SEDARH, que mantienen desde el año pasado a cientos de campesinos de Villa de Ramos y Santo Domingo en plantón frente a la dependencia, porque no son capaces de resolver engorrosos trámites burocráticos para que la aseguradora MAFRE, entregue el pago de seguro catastrófico a miles de campesinos del altiplano que tuvieron pérdida total en sus siembras de maíz y frijol, en esta región que se encuentra en eterno desastre, porque la naturaleza es muy pobre y siempre sus habitantes sufren todo: sequías, falta de alimentos, de servicios básicos como la energía eléctrica, drenaje, caminos, agua, etcétera.
No necesitamos ir hasta la sierra Tarahaumara para ver la pobreza en sus niveles más extremos, aquí la tenemos a la vuelta de la esquina, y eso, a cualquier potosino bien nacido debiera preocuparnos y buscar la forma de que esta injusticia social no se sigua reproduciendo eternamente; y los funcionarios que viven de los recursos públicos debiera de darles vergüenza por esta situación en que sobreviven los habitantes del desierto potosino, porque mucho de su insensibilidad y burocratismo, es también causa de su marginación y debieran ser solidarios con ellos. Pero lamentablemente es como “pedir peras al olmo”.