MOVIMIENTO ANTORCHISTA


La verdad y la mentira, la realidad y la nada

Mario García Castillo
31 de enero de 2012

A lo largo de las últimas cuatro semanas y más allá, nos hemos enterado por este medio informativo de las dificultades afrontadas por el Antorchismo Nacional en la construcción de la auténtica organización de los pobres de México. Sabemos, por ejemplo, de la campaña de calumnias dirigida por el vocero del Partido Acción Nacional, el señor Ciro Gómez Leyva; también hemos tomado nota de la actitud represiva de políticos que llegaron al poder, cobijados por las siglas del Partido de la Revolución Democrática, como es el caso de los actuales gobernadores de los estados de Michoacán y Guerrero, así como del presidente municipal de Felipe Carrillo Puerto en Quintana Roo; y, finalmente, hemos sabido de la torva conducta de ciertos actores políticos afiliados al Partido Revolucionario Institucional, quienes encubierta o descaradamente también se han convertido en golpeadores de nuestra organización.

Se ha denunciado pues en la página web de Antorcha Campesina, las calumnias y la represión a nivel nacional en contra de nuestra organización. Y las denuncias han sido presentadas aquí, por escrito y con palabras claras y contundentes, de tal modo que no estoy seguro de poder agregar algo sustancial a lo que ya dijeron quienes se han pronunciaron en torno a estos problemas. Pero, tratando de aportar algo a la construcción de la gloriosa organización del pueblo mexicano, me atrevo a decir lo siguiente.

Permítaseme hacer un poco de historia. Desde que se disolvió la comunidad primitiva y a medida que se fue consolidando la propiedad privada, las pugnas del hombre contra el hombre se han ido agudizando cada vez más. Esta lucha, la lucha por la existencia a nivel social, es decir, la lucha de clases, ha existido desde los tiempos más remotos; en el esclavismo, durante el feudalismo y actualmente en el capitalismo, esta lucha existió, existe y es tan real como el aire que rodea al planeta.

Sin embargo, la lucha de clases, desde el mismo momento de su aparición, ha ido acompañada por el intento de las clases dominantes de negarla, de ocultarla, de encubrirla, y para ello se han valido de todos los recursos habidos y por haber. Durante el esclavismo y el feudalismo las clases dominantes contaron con el invaluable apoyo de la religión, para justificar, puesto que no se podía ocultar, la terrible explotación a que eran sometidos los esclavos y los siervos, respectivamente. Ahora, en el capitalismo, los recursos para ocultar la lucha de clases (y la misma explotación), se han sofisticado cada vez más, el capitalista no solamente invierte para adquirir materia prima y fuerza de trabajo de la cual extraerá la “ganancia”, también invierte en ciencia, para producir cada vez más y mejor tecnología y para preparar a sus picapleitos e intelectuales que defiendan y hermoseen la sociedad basada en la explotación. En el capitalismo todo, absolutamente todo, se ha convertido en mercancía y por ello mismo han surgido industrias de todo tipo, algunas insólitas, como la industria de la mentira. Ésta no está concentrada ni se encuentra ubicada en algún lugar geográfico, como la industria del turismo, etc., pero podemos localizar su área de influencia principalmente en los medios informativos. Es lamentable, pero es la cruda realidad, que las profesiones más nobles, el capitalismo las ha envilecido y los profesionistas que pudieran ser individuos de bien para la sociedad, se han convertido en viles mercenarios, al servicio de los dueños del dinero.

Y en conclusión; la sociedad capitalista se ha levantado sobre la explotación del hombre por el hombre y se ha vestido con el traje de la hipocresía, el empresario explotador quiere aparecer ante los ojos de la sociedad como el benefactor del obrero, quiere a toda costa ocultar que lo único que le mueve al darle trabajo al obrero es su sed de ganancia. Y como en toda sociedad dividida en clases, la ideología dominante es la de la clase dominadora, toda la sociedad en su conjunto participa en esta conducta del engaño, de la simulación, de la falta de veracidad: salvo honrosas excepciones, los padres le mienten a los hijos, los hijos le mienten a los padres, el hombre engaña a la mujer y la mujer engaña al hombre. No falta quien presuma ante sus íntimos amigos de ser un maestro del engaño. Hay quienes calumnian con toda sangre fría hasta a su propia sombra sin sentir tal vez ningún remordimiento. Los políticos del folklor nacional son los mejores ejemplos de este tipo de seres, educados, amamantados y formados en la costumbre de mentir.Personas de este tipo se dicen militantes de la izquierda y no lo son, se dicen defensores del pueblo y no los son, se atreven algunos a llamarse revolucionarios y no son más que simples burócratas. José Revueltas criticó este tipo de deficiencias en las filas del extinto Partido Comunista Mexicano (PCM), y planteó la inexistencia del partido que debería ser la cabeza del proletariado mexicano; Revueltas fue expulsado del PCM y fundó una organización que posteriormente dio nuevos frutos, pero la tarea de construir la cabeza del proletariado mexicano todavía está por concluirse y es un hecho definitivo que en nuestro país, la izquierda no es realmente la izquierda. Esos partidos que se ostentan como de “oposición” solamente son equipos de burócratas arribistas, grupos de saltimbanquis de la política, hordas de lobos disfrazados de pastores.

Por eso, cuando los antorchistas somos víctimas de la calumnia de quienes debieran propagar la verdad, cuando somos víctimas de represión por parte de quienes debieran defendernos, no estamos haciendo otra cosa más que comprobar, demostrar y demostrarnos, que Antorcha es la autentica organización de los pobres del país y por eso, los poderosos y sus jaurías se lanzan contra nosotros como fieras del mal. Y por eso también, cuando nos ladren debemos continuar caminando tranquilamente, seguros de que tarde o temprano, ellos quedarán al descubierto y serán confinados al lugar que les corresponde, el cual no es ni siquiera el basurero de la historia, sino la nada, pues ellos ante la realidad que es y llegará a serel antorchismo, ellos digo, son la nada.

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