El presidente municipal de Felipe Carrillo Puerto, a pesar de haber hecho compromisos con miles de campesinos de diversas comunidades, niega su palabra, incumple en la entrega de apoyos, se burla de los que antes llamaba “hermanos mayas” y ataca a la organización que legítimamente los representa, el Movimiento Antorchista.
Como se dio a conocer en noviembre del año pasado, los indígenas mayas salieron a las calles de la cabecera municipal para denunciar la falta de atención a problemas muy elementales por parte del gobierno municipal: reparación de alumbrado público, entrega de despensas, adquisición de un crédito para fertilizante, entre otros. Como resultado de dicha manifestación, en la que participaron 400 carrilloportenses humildes, el profesor Sebastián Uc Yam reconoció aparentemente la justeza de las peticiones; se comprometió a entregar inmediatamente 2 mil despensas para igual número de personas y firmó una minuta en donde promete la ejecución de obras de pavimentación de calles y caminos, clínicas, canchas de usos múltiples; además de ofrecer una alternativa para la dotación de semilla para siembra y fertilizantes. Ante su falta de palabra, hace unos días, 600 campesinos mayas volvieron a manifestarse, y ni siquiera fueron atendidos por personal del gobierno municipal. Éste desoyó por completo los masivos gritos de inconformidad.
Tras haber transcurrido dos meses de que Uc Yam asumió los mencionados compromisos, ni una sola despensa se ha entregado, ni un solo bulto de fertilizante o semilla y, como es de esperarse, ningún documento donde se hable de compromisos de obras y servicios públicos para comunidades marginadas. Conclusión: “Suku´n Se” (hermano Se, en lengua maya), como le decían en campaña, se comprometió a resolver, a sabiendas de que no lo haría, consciente de que engañaría a sus hermanos mayas, de que los traicionaría, o, sometido a las presiones de su equipo de gobierno, de su partido, de poderosos grupos empresariales, de varias de ellas juntas o todas a la vez, tuvo que dar marcha atrás. Pero sea cual fuere el caso, cualquiera de los dos escenarios demuestra que el gobierno perredista de Felipe Carrillo Puerto no quiere someterse a la voluntad de los campesinos humildes que lo llevaron al poder, admirados por su discurso bonito, encantador.
Hoy, en Felipe Carrillo Puerto no se ha hablado de una sola obra de gran impacto para las comunidades, que sea resultado de la acción municipal: nuevas clínicas, hospitales, caminos pavimentados, calles mejoradas, escuelas, vivienda, infraestructura deportiva. Estas inversiones fluyen a cuentagotas o de plano son inexistentes. Solamente se ve en los diarios al presidente entregando “blancos” (toallas y pantuflas), balones “gazer”, que rondan los 100 pesos cada uno, y dulces. La mayor obra que ha anunciado es la construcción de un cine. Quienes tienen boca de incensario, no cesan de alabar tan nobles actos, gritando a voz en cuello, encarnado el rostro, mientras dirigen torvas miradas a los “revoltosos”: “el presidente sí está apoyando”. Después de tan airadas declaraciones, acusan de “vivales” a los líderes. En fin, acciones de risa que a nadie engañan pero que quieren usar para “callar” a los antorchistas.
La Izquierda se entiende –o la malentiendo- como una corriente política que representa a la parte progresista de la sociedad, a las mayorías que aspiran a una mejor vida (agobiadas por las restricciones y la falta de libertades). Con lástima, vemos día con día cómo se prostituye el término, y se dice que el PRD, que históricamente, en los gobiernos de Michoacán, Distrito Federal y Guerrero, a la par de algunos de sus líderes de bancada, se ha quitado el embozo oponiéndose a las causas populares; es el abanderado de esta corriente. La que hoy comento es sólo una muestra más del verdadero ideario del PRD: controlar al pueblo con el aplauso de éste, someterlo a sus mandatos sin encontrar resistencia.
Los antorchistas, por su parte, no se rinden. Ahí van otra vez a marchar y a plantarse, en pro de una solución a sus demandas. Tarde o temprano, apurado por el proceso electoral que viene, el perredismo antipopular cederá.
El pueblo mexicano debe abrir los ojos ante la farsa perredista: discurso lisonjero para los pobres, maestros en demagogia para obtener votos. Después frente a gobiernos dirigidos por poderosos intereses económicos, donde se relegan al final, o de plano desaparecen, las necesidades de las mayorías. ¿Es necesario un Gobierno de la República perredista para desengañarnos? ¿O, con lo que hemos visto basta? Los mayas de Quintana Roo están aprendiendo la amarga lección.