Esta semana se realiza, en el municipio de Tecomatlán, ubicado al sur del estado de Puebla, la XV edición de las espartaqueadas, eventos culturales y deportivos que se realizan desde hace más de 35 años en la zona de la Mixteca. El correspondiente al 2012 se enfocará en el área deportiva. Durante cinco días, más de 10 mil deportistas de todo el país, buscarán los primeros lugares y alzarse con el triunfo.
A simple vista, los concursos que organiza el Movimiento Antorchista pasan desapercibidos por la sociedad, a pesar de que son organizados por uno de los grupos con mayor peso político y social en el país. No tienen la promoción mediática como otras competencias deportivas, por si fuera poco no reditúan ganancias económicas a nadie.
Este año, los ojos del mundo están concentrados en los Juegos Olímpicos de Londres, por lo que otro evento deportivo parecería menos importante, incluidas las olimpiadas nacionales. Prácticamente todos están a la espera del espectáculo deportivo a través de las pantallas de televisión.
Es de reconocer el trabajo y esfuerzo que realiza la Comisión Deportiva del Movimiento Antorchista en la organización de los juegos, al convocar a miles de personas que, sin ninguna retribución económica, acuden cada año a este encuentro. Pero lo más importante es que siembra en los hijos de los mexicanos el espíritu original del deporte.
El deporte en México es un desastre. Está en manos de empresas televisivas que, en contubernio con políticos, lucran con el deporte. No hay un plan de acción para despertar y fomentar las disciplinas deportivas en los niños, pero sobre todo en las clases populares, por una sola razón: no es redituable para quienes manejan el deporte.
Los intereses económicos en el ámbito deportivo del país están por encima de cualquier finalidad, como abatir la obesidad, fomentar una disciplina para la salud, educación y, en especial, crear una cultura del deporte para todos. Tal parece que entre menos gente hagan deporte, representa mas ganancias para las empresas a través de los patrocinios y la venta de los diversos juegos.
Las políticas públicas del gobierno mexicano en materia deportiva son casi nulas, y las que se plantean no se cumplen, pues entre otras cosas carecen de lo más importante; no se toma en cuenta a los ciudadanos, aquellos que habitan en colonias populares o en las comunidades; además de que no se destinan recursos suficientes.
Por si fuera poco, los espacios deportivos que existen son de carácter privado y quien guste de practicar algún deporte tiene que pagar, es decir, prácticamente hacer deporte en México es para ricos, pues los ciudadanos comunes no disponen de espacios, y los que existen se encuentran en condiciones deplorables a consecuencia de la falta de recursos para su mantenimiento.
A diferencia de otros países, en los que sus programas de deportes inician desde la infancia, hay mayor conciencia de sus gobernantes para fomentar todas las disciplinas y a partir de ahí, a través de programas de preparación constante, apoyan a los jóvenes deportistas, y éstos se comprometen para representar a sus países en las diversas justas deportivas.
Un ejemplo claro de la importancia que un gobierno brinda al deporte, es China, y más cerca Cuba, dos países que a pesar de todos los obstáculos, han obtenido excelentes resultados. Ubican a los talentos y los preparan, es decir disponen de políticas públicas en materia de deporte.
Sí a las autoridades mexicanas les interesa avanzar también en deportes, deben separarlo de las empresas voraces que únicamente buscan favorecerse. Arrancar un programa desde la educación y no proponerse metas como actualmente lo hace la CONADE. Que sí bien la meta en los Juegos Panamericanos de este año superó casi al doble las expectativas, ahora el reto para Londres 2012 es que los atletas ganen apenas 12 medallas de oro. Lo importante es ver al deporte como una disciplina pero sobre todo, con “otros ojos”, tal como lo hace el Movimiento Antorchista, es decir, como parte de la educación y la formación integral del nuevo hombre que necesita México.