MOVIMIENTO ANTORCHISTA


NICANOR, ¿GLORIA DE PARAGUAY?

Rodolfo de la Cruz Meléndez

Este artículo se publicó en la Revista Buzos del Estado de Puebla
Primera Quincena de Agosto
de 2003

Nicanor Duarte Frutos llegó a la Presidencia de la República de Paraguay. Un jefe de Estado humilde, procedente de lo que él llama “el Paraguay profundo”; el primero que sube “desde abajo” con el apoyo del pueblo, sin mancharse las manos de sangre mediante un golpe militar o con el consentimiento y el apoyo de los militares que han mantenido preso a ese país durante muchos años.

¿Cuánto podrá lograr de sus promesas de desarrollo económico sin ajuste neoliberal, de los propósitos de echar abajo el latifundio ancestral e injusto? ¿Cuánto será realidad de los deseos de limpiar de funcionarios corrompidos incrustados en la estructura del gobierno que ha robado al país? La respuesta la dará el tiempo.

Los obstáculos son varios e inmensos, de carácter mundial: como sucede en casi todo el mundo, la mitad de la población de ese país vive en la pobreza; campesinos sin tierra; escaso desarrollo industrial y una clase obrera incipiente y dividida en múltiples organizaciones; una oligarquía mafiosa, enriquecida a costa de las arcas del gobierno, acostumbrada a su cuota de poder. En consecuencia, un abismo de desigualdad, formado por una élite social que ha concentrado, por variados caminos, los recursos y riquezas, y por millones de empobrecidos paraguayos, antes pertenecientes a las inamovibles e insensibles clases medias.

A ello se suma la herencia de un Estado desfalcado. Según la prensa de ese país, unas horas después de asumir el mando, el Presidente resultó sorprendido por una desagradable noticia: las arcas estaban virtualmente vacías, provistas apenas de dos millones de dólares, cantidad que sólo alcanza para pagar dos días de salarios a los empleados públicos. Al mismo tiempo, los agentes del Fondo Monetario Internacional, templan sus reatas para ahorcar a la nueva administración, si no descarga el peso de la deuda en las ya de por sí enflaquecidas espaldas de las clases populares paraguayas. El nuevo gobierno asegura: “no habrá ajustes sobre los hombros de los pobres”.

Tampoco es buena la situación financiera. Los “inversionistas” retiran sus dólares y aumentan sus exigencias, si quieren que sigan “trabajando” y dando empleo en ese país y, en consecuencia, el guaraní, la moneda nacional, pierde valor frente al dólar y las monedas extranjeras. Esto como lo hemos visto y vivido en México es con el fin de saquear las arcas de ese país de un solo golpe, si no se deja saquear lenta y prolongadamente, como parece ser el caso de la nueva administración paraguaya.

La falta de trabajo acosa a la población paraguaya. Con un desempleo y subempleo cercano al 40 por ciento, Paraguay está urgido, además, de que se incrementen las fuentes de trabajo. Los inversionistas conocen mejor quizá, la situación de los trabajadores, que los nuevos gobernantes y por ello endurecen sus condiciones materiales y legales para establecerse y dar trabajo y empleo.

La tarea es dura e inmensa y no sería sorpresa que el nuevo presidente se quiebre y pase a ser uno más del grupo que promete liquidar. En la estadística mundial hay muchos hombres que surgidos desde abajo, prometieron luchar para terminar con la injusticia y terminaron como traidores.

Pero los hay consecuentes con su pueblo que vivieron una vida sin descanso, sin dinero, sin pertenencias, sin tierras. Los que ya murieron, muchos de ellos tuvieron de acompañantes en su agonía y en el camino al panteón, el abandono y la soledad, víctimas de la calumnia y el escarnio. Los que viven y se mantienen en la trinchera al lado de los humildes, llevan una vida sin descanso, y un día sí y otro también, son calumniados y pintados como verdaderos demonios.

Nicanor Duarte Frutos tiene la palabra. Traiciona y se pasa con armas y bagajes al campo de las gentes y de la política económica que promete combatir; se queda en el limbo desechado por los poderosos y sepultado en la fosa común, como los que carecen de identidad. O por el contrario, se pertrecha en su pueblo, se convierte en su auténtico guía, y fundido en una sola pieza con las fuerzas populares, acaba con la pobreza, la injusticia, la ignorancia y hace patria.

La lealtad de Nicanor con su pueblo está en juego: ¡Ojalá y su virtud se trasforme en gloria!


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