Dirigente de Antorcha
en el Distrito Federal
Andrés Manuel López
Obrador (AMLO) tomó el poder del Distrito Federal pintándolo
de amarillo. Denunció la falta de empleos, vivienda,
transporte, escuelas, hospitales, la inseguridad en que se encontraban
todos los ciudadanos, la corrupción de las policías.
Prometió, especialmente, desarrollo económico
para los capitalinos desamparados, poniendo distancia de por
medio de los banqueros, quienes, según él, son
los responsables, mediante sus fraudes, de la mala situación
por la que atraviesa el país.
En efecto, durante los tres años de su gobierno, según
cuentan los medios de comunicación, todo parece confirmar
que el representante de los pobres de la ciudad tomó
el poder y que a partir de ahora la situación empezará
a cambiar. Se reparten millones de pesos del presupuesto de
la ciudad a través de miles de programas para atender
las necesidades de alimentación, medicina, renta y servicios
de ancianos, madres solteras, niños huérfanos
y de la calle, inválidos; becas para niños y niñas
con problemas nutricionales, etc., etc. En materia de vivienda,
se entregan 3,000 pesos mensuales a familias que viven en zonas
de alto riesgo para que renten casas en el centro de la ciudad,
o se les lleva a campamentos de casa de lona y cartón,
mientras se les incorpora en programas de vivienda que el gobierno
de la ciudad está desarrollando.
Hay otros programas de vivienda, educación, salud,
etcétera, conforme al nivel de ingreso de las familias
pobres. Por ejemplo, en lo que va del año en materia
de infraestructura educativa, según se han realizado
el 60 por ciento de los programas prometidos y emprendidos.
Así sucesivamente, todo eso se cuenta.
En vísperas del Tercer Discurso de Gobierno de Andrés
Manuel López Obrador, sus voceros y la prensa anticipan
la calificación a su administración: el 100 por
ciento de los programas realizados y un 97 por ciento de aprobación
popular”. Sólo les falta decir: ¡Qué
ingratos son esos que componen el 3 por ciento! ¡AMLO
merece diez!
No sería justo menospreciar los programas para los
desvalidos, al contrario, hace muchos años que debieron
implementarse, no como programas sexenales, sino como garantías
constitucionales y en montos que verdaderamente les quiten el
pesar y el miedo a los mexicanos de estar o de caer en desgracia.
Tampoco sería justo, como pretenden los propagandistas
de la administración actual del DF, valorar ese gesto
de como un verdadero Gobierno de los trabajadores y de los pobres.
En primer lugar, repartir dinero no es difícil, ni
es una novedad en México. El dinero no les cuesta mucho
a los gobernantes, pues llega a las arcas de la ciudad procedente
de millones de ciudadanos que contribuyen desde tiempos inmemoriales,
igualmente viejos son los mecanismos para recaudarlo y las leyes
para castigar a los infractores. Los programas asistenciales,
es decir, el “ataque a la pobreza por sus efectos con
analgésicos, tampoco son una novedad: han existido y
existen en todo el país. Son el primer golpe de timón
que dan los nuevos mandatarios. El nombre que se les da es,
según el Presidente en turno o la inspiración
de la Primera Dama: “Arranque Parejo”, “Procampo”
¡Vamos México”, son solo algunos ejemplos.
A pesar de la antigüedad asistencial la pobreza no cede,
sino que crece: en los últimos 15 años, México
pasó de 25 millones de pobres a 60, mientras que el mundo
pasó de 1500 millones a 3000, es decir, la voracidad
mundial sólo se dobló mientras que la mexicana,
casi se triplicó.
Pero aún hay más. La situación de los
pobres empeora con esos programas, porque no se aplican a todos
los indefensos, sino sólo a simpatizantes de las corrientes
políticas en el poder y, en consecuencia, dividen y enfrentan
a los pobres entre sí.
Segundo. Usted sabe que varios bandos o “acuerdos”
que ha publicado el gobierno de A.M.L.O prohíben la construcción
de viviendas en varias delegaciones de la ciudad porque, argumentan,
no hay terrenos y el crecimiento de la población traería
como consecuencia el exterminio de las áreas ecológicas
y romperían equilibrio (¡?) ambiental de la ciudad.
Nada más falso. Si usted camina por esas delegaciones
encontrará nuevas construcciones y terrenos poblados
por pasto y pequeños arbustos, residuos, quizá,
de empresas paraestatales que en otros tiempos florecieron.
¿Pero, en caso de haberlo, le interesa mucho, al gobierno
del D.F. el equilibrio ecológico? Si usted transita por
las calles secundarias de la ciudad -e incluso por las principales-
a menudo encontrará hoyos, topes, toneladas de basura,
charcos, pozos, túneles inundados, condiciones que hacen
lentísimo el tráfico, triplican el tiempo de uso
del transporte y con ello el aumento innecesario de la hora
de trabajo hombre y la emisión de humo y plomo que contaminan
la ciudad.
Pero, ¿porque una realidad tan evidente no es motivo
de preocupación del gobierno de López Obrador?
Un hecho, la obra más grande de su gobierno lo caracteriza
como la gota de agua nos rebela el fondo del mar: los distribuidores
viales.
Los distribuidores viales son para darles más fluidez
al tráfico del automovilista, es decir a la gente pudiente.
En cambio el servicio del Metro, el medio de transporte más
económico, más masivo y rápido que podría
darle más horas de descanso y algunos ahorros a las masas
populares que viven en los lugares más distantes del
centro; de ese sistema de transporte, menos dañino, mucho
menos contaminante, no se ha construido ningún metro
durante el gobierno de la presente administración capitalina.
Del abandono de ese proyecto nada se dice y se comenta. Tampoco
de lo que se hace para atacar a fondo los problemas del desempleo,
de la inseguridad y de la educación. Como sucede siempre,
cuando se le rehuye a la crítica y a la realidad, las
cifras que presentan mejor cara son las que se exhiben y se
ocultan, en cambio, los hechos y las cifras que muestran la
esencia de la realidad. Veamos un solo cargo en contra el gobierno
de A.M.L.O. El lunes 15 de septiembre (ayer), el Consejo Nacional
de Población (CNP) reveló que “4 millones
500 mil personas que viven en el área urbana de la ciudad
de México, es decir más de 50 por ciento de los
capitalinos, sobreviven cotidianamente en condiciones de alta
y muy alta marginación”. En otras palabras: cuatro
millones y medio de capitalinos viven sin un trabajo regular,
no saben el día de hoy, si trabajarán y comerán
mañana; no se educan, son fuente de delincuentes, de
los alcohólicos, los drogadictos, de la prostitución,
etc,. etc. Son los que no votaron en las elecciones de julio
pasado en la ciudad: el PRD obtuvo 1,276, 206 votos, el PAN
738, 358, y el PRI, 339,614; en suma, sólo votaron 2,354,178,
el 34.6 por ciento de 6, 793 858 de ciudadanos que conforman
el padrón electoral. Es decir, 4, 439, 680 de ciudadanos
forman el abstencionismo: los marginados que reporta el CNP.
¿Dónde está el 97 por ciento de apoyo y
aprobación popular? En el papel. La mercadotecnia, en
antaño en manos de Fox y odiada por el perredismo, duerme
ahora bajo sus sábanas.
Para el gobierno de Andrés Manuel López Obrador
las grandes mayorías sólo son fuentes de votos
que se consiguen con analgésicos. El apoyo de los grandes
millonarios los consigue con obras. No nos debe extrañar,
si mañana en su carrera por la Presidencia de la República
ya no le parezcan tan duros y leoninos el IVA del 15 por ciento
a los alimentos y las medicinas, las ventas de PEMEX y CFE y
la libre circulación de los grandes capitales en nuestro
país. Ni los banqueros tan ladrones y estorbosos.
El amarillo se torna azulverde y el Peje, como dirían
los cubanos, Camaján.