MOVIMIENTO ANTORCHISTA


AMLO: ¿97% DE ACEPTACIÓN POPULAR?

Rodolfo de la Cruz Meléndez

Dirigente de Antorcha en el Distrito Federal

Andrés Manuel López Obrador (AMLO) tomó el poder del Distrito Federal pintándolo de amarillo. Denunció la falta de empleos, vivienda, transporte, escuelas, hospitales, la inseguridad en que se encontraban todos los ciudadanos, la corrupción de las policías. Prometió, especialmente, desarrollo económico para los capitalinos desamparados, poniendo distancia de por medio de los banqueros, quienes, según él, son los responsables, mediante sus fraudes, de la mala situación por la que atraviesa el país.

En efecto, durante los tres años de su gobierno, según cuentan los medios de comunicación, todo parece confirmar que el representante de los pobres de la ciudad tomó el poder y que a partir de ahora la situación empezará a cambiar. Se reparten millones de pesos del presupuesto de la ciudad a través de miles de programas para atender las necesidades de alimentación, medicina, renta y servicios de ancianos, madres solteras, niños huérfanos y de la calle, inválidos; becas para niños y niñas con problemas nutricionales, etc., etc. En materia de vivienda, se entregan 3,000 pesos mensuales a familias que viven en zonas de alto riesgo para que renten casas en el centro de la ciudad, o se les lleva a campamentos de casa de lona y cartón, mientras se les incorpora en programas de vivienda que el gobierno de la ciudad está desarrollando.

Hay otros programas de vivienda, educación, salud, etcétera, conforme al nivel de ingreso de las familias pobres. Por ejemplo, en lo que va del año en materia de infraestructura educativa, según se han realizado el 60 por ciento de los programas prometidos y emprendidos. Así sucesivamente, todo eso se cuenta.

En vísperas del Tercer Discurso de Gobierno de Andrés Manuel López Obrador, sus voceros y la prensa anticipan la calificación a su administración: el 100 por ciento de los programas realizados y un 97 por ciento de aprobación popular”. Sólo les falta decir: ¡Qué ingratos son esos que componen el 3 por ciento! ¡AMLO merece diez!

No sería justo menospreciar los programas para los desvalidos, al contrario, hace muchos años que debieron implementarse, no como programas sexenales, sino como garantías constitucionales y en montos que verdaderamente les quiten el pesar y el miedo a los mexicanos de estar o de caer en desgracia.

Tampoco sería justo, como pretenden los propagandistas de la administración actual del DF, valorar ese gesto de como un verdadero Gobierno de los trabajadores y de los pobres.

En primer lugar, repartir dinero no es difícil, ni es una novedad en México. El dinero no les cuesta mucho a los gobernantes, pues llega a las arcas de la ciudad procedente de millones de ciudadanos que contribuyen desde tiempos inmemoriales, igualmente viejos son los mecanismos para recaudarlo y las leyes para castigar a los infractores. Los programas asistenciales, es decir, el “ataque a la pobreza por sus efectos con analgésicos, tampoco son una novedad: han existido y existen en todo el país. Son el primer golpe de timón que dan los nuevos mandatarios. El nombre que se les da es, según el Presidente en turno o la inspiración de la Primera Dama: “Arranque Parejo”, “Procampo” ¡Vamos México”, son solo algunos ejemplos. A pesar de la antigüedad asistencial la pobreza no cede, sino que crece: en los últimos 15 años, México pasó de 25 millones de pobres a 60, mientras que el mundo pasó de 1500 millones a 3000, es decir, la voracidad mundial sólo se dobló mientras que la mexicana, casi se triplicó.

Pero aún hay más. La situación de los pobres empeora con esos programas, porque no se aplican a todos los indefensos, sino sólo a simpatizantes de las corrientes políticas en el poder y, en consecuencia, dividen y enfrentan a los pobres entre sí.

Segundo. Usted sabe que varios bandos o “acuerdos” que ha publicado el gobierno de A.M.L.O prohíben la construcción de viviendas en varias delegaciones de la ciudad porque, argumentan, no hay terrenos y el crecimiento de la población traería como consecuencia el exterminio de las áreas ecológicas y romperían equilibrio (¡?) ambiental de la ciudad. Nada más falso. Si usted camina por esas delegaciones encontrará nuevas construcciones y terrenos poblados por pasto y pequeños arbustos, residuos, quizá, de empresas paraestatales que en otros tiempos florecieron. ¿Pero, en caso de haberlo, le interesa mucho, al gobierno del D.F. el equilibrio ecológico? Si usted transita por las calles secundarias de la ciudad -e incluso por las principales- a menudo encontrará hoyos, topes, toneladas de basura, charcos, pozos, túneles inundados, condiciones que hacen lentísimo el tráfico, triplican el tiempo de uso del transporte y con ello el aumento innecesario de la hora de trabajo hombre y la emisión de humo y plomo que contaminan la ciudad.

Pero, ¿porque una realidad tan evidente no es motivo de preocupación del gobierno de López Obrador? Un hecho, la obra más grande de su gobierno lo caracteriza como la gota de agua nos rebela el fondo del mar: los distribuidores viales.

Los distribuidores viales son para darles más fluidez al tráfico del automovilista, es decir a la gente pudiente. En cambio el servicio del Metro, el medio de transporte más económico, más masivo y rápido que podría darle más horas de descanso y algunos ahorros a las masas populares que viven en los lugares más distantes del centro; de ese sistema de transporte, menos dañino, mucho menos contaminante, no se ha construido ningún metro durante el gobierno de la presente administración capitalina.

Del abandono de ese proyecto nada se dice y se comenta. Tampoco de lo que se hace para atacar a fondo los problemas del desempleo, de la inseguridad y de la educación. Como sucede siempre, cuando se le rehuye a la crítica y a la realidad, las cifras que presentan mejor cara son las que se exhiben y se ocultan, en cambio, los hechos y las cifras que muestran la esencia de la realidad. Veamos un solo cargo en contra el gobierno de A.M.L.O. El lunes 15 de septiembre (ayer), el Consejo Nacional de Población (CNP) reveló que “4 millones 500 mil personas que viven en el área urbana de la ciudad de México, es decir más de 50 por ciento de los capitalinos, sobreviven cotidianamente en condiciones de alta y muy alta marginación”. En otras palabras: cuatro millones y medio de capitalinos viven sin un trabajo regular, no saben el día de hoy, si trabajarán y comerán mañana; no se educan, son fuente de delincuentes, de los alcohólicos, los drogadictos, de la prostitución, etc,. etc. Son los que no votaron en las elecciones de julio pasado en la ciudad: el PRD obtuvo 1,276, 206 votos, el PAN 738, 358, y el PRI, 339,614; en suma, sólo votaron 2,354,178, el 34.6 por ciento de 6, 793 858 de ciudadanos que conforman el padrón electoral. Es decir, 4, 439, 680 de ciudadanos forman el abstencionismo: los marginados que reporta el CNP. ¿Dónde está el 97 por ciento de apoyo y aprobación popular? En el papel. La mercadotecnia, en antaño en manos de Fox y odiada por el perredismo, duerme ahora bajo sus sábanas.

Para el gobierno de Andrés Manuel López Obrador las grandes mayorías sólo son fuentes de votos que se consiguen con analgésicos. El apoyo de los grandes millonarios los consigue con obras. No nos debe extrañar, si mañana en su carrera por la Presidencia de la República ya no le parezcan tan duros y leoninos el IVA del 15 por ciento a los alimentos y las medicinas, las ventas de PEMEX y CFE y la libre circulación de los grandes capitales en nuestro país. Ni los banqueros tan ladrones y estorbosos.

El amarillo se torna azulverde y el Peje, como dirían los cubanos, Camaján.


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