MOVIMIENTO ANTORCHISTA


MAL ANDAMOS

Rodolfo de la Cruz Meléndez

Dirigente de Antorcha en el Distrito Federal
Artículo Publicado en la Revista Buzos de la Ciudad de México
Primera Quincena de Noviembre

El Jefe de Gobierno del Distrito Federal, Andrés Manuel López Obrador, está enfrascado en el conflicto del Paraje de San Juan como si de su desenlace dependiera su vida. El predio mencionado está ubicado en la delegación Iztapalapa en el que se encuentran 12 colonias con vivienda legalmente establecidas y con todos los servicios, que fue expropiado en 1989 por el entonces Departamento del Distrito Federal. No obstante, nueve años después, el supuesto dueño, Enrique Arcipreste, interpuso un juicio que derivó en la exigencia al Distrito Federal de pagar una indemnización de 1,810 millones de pesos. Para el jefe de gobierno la sentencia es, para decirlo con su terso lenguaje, “Una Pinche Transa”: el supuesto dueño un impostor, las pruebas y testigos falsos y, por tanto, la sentencia injusta.

Esto significaría, según varios analistas políticos que defienden al jefe de gobierno, la cancelación de varios programas, por ejemplo, los de atención a las personas de la tercera edad, las becas para niños desnutridos, madres solteras o personas minusválidas. Con tal enfoque, dirigido a tocar las fibras más sensibles de la sociedad, muy pocos pueden sentirse ajenos a la lucha de AMLO por proteger el tesoro del DF y asegurar el ejercicio de los programas de asistencia social amenazados.

Se suman a este apoyo, además de las personas beneficiadas con dichos programas, los 13 jefes delagacionales afiliados al P. R. D., cuyo argumento es advertir a los usufructuarios de los programas asistenciales, la cancelación de esos apoyos, en caso de pagar la indemnización a los supuestos dueños del predio San Juan.

En contrapartida al jefe de gobierno y a sus partidarios, figuran los delegados del PRI y del PAN, los empresarios de la ciudad y por supuesto la Suprema Corte de Justicia. Para esta corriente de opinión, en contrario a aquella, los reclamantes son auténticos dueños, el procedimiento es impecable y la sentencia, por tanto justa e inapelable.

Estamos pues, ante dos razones encontradas. Entre dos “derechos” iguales y contrarios y, como sucede a menudo en estos conflictos, decide la fuerza. Por ello ambos contendientes ya derraman montos millonarios para ocupar los principales espacios noticiosos; los afectados azuzan a los beneficiados de los programas sociales, con la amenaza de su suspensión; aquellos instigan a los beneficiados históricos con las sentencias de la ley, para que esta se mantenga con su carácter inapelable.

Lo cierto es que ambos mienten, manipulan y agigantan el problema. Los afectados, por que pueden pagar esa indemnización, y aún otras erogaciones más grandes, si fuera necesario y justo, con otros recursos que no afecten los programas asistenciales. Por ejemplo los que se están usando para pagar los espacios noticiosos que, quien tiene metido aunque sea la punta de un pie en la lucha política, sabe que son multimillonarios; o de otras fuentes, por ejemplo, de un recorte de gastos suntuosos como viáticos, propaganda, etc. O en último de los casos, sino hubiera otra partida, negociar con los expropiados, condiciones de montos y plazos para pagarles. De otra parte, de dónde fuera, en efecto, menos del recorte o cancelación de la ayuda, de por sí mísera, a las personas más necesitadas y marginadas del DF.

Los beneficiados con la sentencia, mienten también, porque usted, el pueblo sabe, que muchas sentencias son inducidas, fabricadas, los testigos pagados, los jueces comprados. Entonces ¿Por qué no admiten duda alguna en el sentido de que el proceso del predio San Juan puede ser un fraude más en la historia de nuestro país?

Ambas partes manipulan y mienten. Y como siempre, quiérase o no, otro proceso gana terreno. En vísperas de las elecciones federales del 2006; la candidatura a la Presidencia de la República. ¿Por qué un proceso y una aspiración tan legítima, como es el de ser el Guía de la Nación, se vuelve inconfesable? ¿Por qué un proceso jurídico tan elemental y ordinario, minúsculo para la potencialidad económica del DF se vuelve un problema nacional? Porque faltan obras, verdaderos programas populares, una ley e instituciones que garanticen la justicia y la libertad de la nación y, en consecuencia, conquisten la confianza, el cariño y el voto popular. Por ello, un microscópico problema, como el del predio San Juan, mantiene ocupados a los gobernantes del Distrito Federal, soterrando en el sótano de la actividad gubernamental las obras de verdadera trascendencia popular, como la ampliación y eficiencia del Metro, la construcción del Acueducto para canalizar al DF las aguas del Río Cutzamala, la Seguridad Pública, la vivienda para las clases populares, etc, etc. Mal estábamos. Y mal andamos.


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