MOVIMIENTO ANTORCHISTA


EL ROBO A LA PLC: ¿CASUALIDAD?

Rodolfo de la Cruz Meléndez

Dirigente de Antorcha en el Distrito Federal

La madrugada del domingo cinco de octubre, el plantel Balderas de la preparatoria Lázaro Cárdenas del Río, ubicado en el centro de la ciudad, frente a Televisa Chapultepec, a unos metros de la Procuraduría del Distrito Federal, al lado de dos unidades habitacionales fundadas por activistas del PRD y el Gobierno del Distrito Federal, fue víctima de la delincuencia capitalina. Una banda de malhechores se robó el vestuario de danza y baile e instrumentos de música que los jóvenes estudiantes usan ordinariamente para hacer sus presentaciones en los barrios y colonias populares de la ciudad; se llevaron la mercancía de la pequeña cooperativa que tienen los alumnos para satisfacer sus necesidades alimenticias y poderse allegar unos pesos para el desempeño de sus actividades académicas y artísticas; se llevaron, finalmente, 12 computadoras del único taller de cómputo donde toman sus clases ordinariamente.

Dejaron tras de sí destrucción de muebles, pizarrones, archivos y expedientes. Rastros, pisadas y huellas dactilares abundantes que indican con toda evidencia el punto de entrada al plantel, el lugar por donde huyeron y sacaron el material. Y para no dejar duda de la intención de los vándalos quedó escrita esta leyenda: “ahora si se chingaron gueyes” (sic).

A las autoridades del Gobierno del Distrito Federal les corresponde investigar y dar con los responsables materiales e intelectuales de este delito. Sin embargo al que estas líneas escribe no le está vedado hacer la siguiente reflexión.

El plantel, como la opinión pública sabe, es una preparatoria popular, se destaca por la participación política y cultural que le dedica a las colonias que solicitan sus grupos artísticos o su asesoría en materia de gestoría de obras y programas de asistencia social ante las diversas instancias del Gobierno del Distrito Federal; por ejemplo, sus grupos artísticos de baile, danza, música y poesía dedican el sábado y domingo –y a menudo entre semana-- para hacer presentaciones en el lugar donde se les solicite, no importando que esté apartado y en las horas de mayor riesgo del día o de la noche. Durante los últimos días de septiembre y lo que va de octubre la sociedad de alumnos, maestros y padres de familia no han escatimado esfuerzos ni recursos para apoyar a jóvenes de escasos recursos quienes desde el mes de febrero luchan por un albergue estudiantil en Sonora, que les permita acceder con mayor facilidad a la educación superior. Así mismo, entre otros esfuerzos de desprendimiento y solidaridad, acudieron en su totalidad a una marcha-mítin – el 29 de septiembre, 7 días antes del robo— a dar su apoyo incondicional y entusiasta a estudiantes, colonos, obreros y campesinos michoacanos que demandan terrenos para vivienda en las ciudades del estado de Michoacán, programas populares de vivienda, becas para estudiantes pobres, plazas para maestros y permiso para taxis. En suma, una escuela distinta que, sin olvidar sus tareas académicas, sacrifica su tiempo libre para la recreación y el beneficio de las clases marginadas del Distrito Federal y del resto del país.

Estimado lector, bajo esas circunstancias en que vive la escuela referida, del espacio que le rodea, y la actividad que le antecede, es imprescindible preguntarse ¿es un golpe de la delincuencia común?, ¿es una mera casualidad? ¿o un golpe dirigido para reprimirla y cortar de tajo sus simpatías con los movimientos populares?, ¿son los vecinos, o sus parientes del gobierno perredista michoacano?

La investigación de la Procuraduría de Justicia del Distrito Federal, nos dará la clave o, lo más seguro, será el tiempo; pero el hecho en sí, por suceder en la ciudad de México ya involucra fuertemente al perredismo por ser quien gobierna el Distrito Federal.

A la comunidad escolar Lázaro Cárdenas del Río, a quienes les brindo toda mi solidaridad y apoyo en este problema y en los que estén por venir, les traigo a colación la siguiente conseja mitológica: Anteo el hijo de la Tierra, cada vez que los golpes lo hacían perder el piso, al contacto con su madre, se fortalecía y se levantaba incontenible. Nosotros debemos desprender de esa sabiduría popular: GOLPE QUE NO MATA FORTALECE.


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