MOVIMIENTO ANTORCHISTA


Aplausos y porras para que
se repriman las invasiones


Ricardo Esquivel Castañeda
Dirigente Antorchista en Sonora
2 de febrero de 2009

Recientemente, se dieron invasiones de gente sin vivienda a predios del ayuntamiento de Hermosillo, sumándose a varias que ya existían años atrás; como siempre, se ha desatado una serie de críticas en los medios, condenando los problemas de las invasiones.

            Se dice que, en épocas electorales, se utiliza como carne de cañón a gente humilde, que se asienta a la gente en lugares de alto riesgo y, además, que los líderes se enriquecen con las cuotas que aportan los solicitantes de un lote.

            Hay quienes teorizan el problema y le echan porras y aplausos al presidente municipal actual, de extracción empresarial, para que no se amilane ante su embestida contra este problema social que son las invasiones y que sólo generan un cuadro desagradable para la vista de la clase local pudiente. Se dice que ésta es una industria de la manipulación y, además, que es falso que se ayude a la gente pobre; según ellos, hay estudios que demuestran que la gente paga tres veces más de lo que se le entrega al dueño del terreno y  a las oficinas de gobierno; que el resto se lo apropian los lideres.

            Enseguida afirman que “a los pobres se les hace pedigüeños y dependientes de las autoridades”, por solicitar luz, drenaje, pavimento y todo tipo de servicios. Y lanzan un llamado a la autoridad para que no se permitan las manifestaciones y se implanten procedimientos mas ciudadanos y respetuosos de la dignidad humana para atender el problema de la vivienda de las familias de bajos ingresos.

            Así abordan los efectos del problema, pero no las causas; es más fácil aplaudir una política represiva que señalar los males del sistema y sus causas. Pero la verdad es que la gente invade no por gusto sino por necesidad, porque no encuentra un camino para hacerse de una vivienda.

            Me consta que la gente va al ayuntamiento y al gobierno del Estado a solicitar que le vendan un terreno con facilidades de pago y siempre le responden que no hay terrenos, que si quieren pies de casa, ahí están, que les entren, nada más con diez mil pesos en la mano.

            ¿Qué puede hacer una familia de escasos recursos?, simplemente seguir con su problema a cuestas. A veces, la gente pobre no quiere las casas que el gobierno le ofrece para pichones por estar mal construidas, incómodas y ser un verdadero infierno. Es una contradicción tratar de remediar la falta de vivienda, creando otro problema, el de la  estrechez, sometimiento a los rigores del clima, a la incomodad de vivir en un espacio que es, al mismo tiempo, dormitorio, cocina, baño sanitario y comedor. Es, en verdad, una solución para volverse loco, mientras  ellos los críticos, los que piden tranquilidad, respeto a la dignidad y aun al Estado de Derecho, viven en residencias amplias, cómodas y lujosas.

            La política actual es meter a la fuerza a los pobres en esos cuchitriles, creyendo que así acabaran con el problema de la vivienda, lo que no es posible porque la escasez de la vivienda es un problema inherente del sistema social y representa un jugoso negocio para los capitalistas. Quienes critican a quienes ejercen su derecho de petición y libre manifestación, no dicen nada, absolutamente nada, del gobierno que se niega a  resolver los problemas de los necesitados y de los funcionarios que usan el poder para enriquecerse.

            Si no quieren que los pobres exijan mejor vivienda por las calles e invadan terrenos, la solución es muy fácil: atiendan sus derechos consagrados en la constitución y verán que disminuirán y hasta cesaran las peticiones para vivir en mejores condiciones.

            La realidad nos indica que, mientras vivamos en el capitalismo, la mayoría generadora de la riqueza social no puede confiarse a la indulgencia de los políticos, porque mientras al poderoso le conceden todas las facilidades para seguir hinchándose, otorgándole terrenos, exentándolo de pagos de impuestos etc., a los pobres se les sataniza y se les tilda de pedigüeños e invasores de la sacrosanta propiedad. El llamado debería ser, pues, para que  el gobierno cumpla con su deber y no para que reprima a los pobres.

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