Por estos días la situación de los mineros que están en huelga ha empeorado; se les han cancelado las cuentas bancarias donde se les depositaba la ayuda recibida de sus compañeros de otras secciones sindicales para que puedan resistir en la lucha y tienen la amenaza latente de un posible desalojo con la presencia de la Policía Federal en la ciudad. El nudo corredor sobre el cuello de los obreros se aprieta cada día más para provocar la rendición de los rebeldes y que acepten las condiciones de la compañía dueña de la mina.
Todo inició porque la empresa y la Secretaría del Trabajo no reconocen como líder sindical de los mineros a Napoleón Gómez Urrutia, es decir, se pide respeto a la autonomía sindical y, además, argumentan los obreros, porque hay condiciones inseguras para trabajar al interior de la mina. De aquí se desprende todo el problema que ha llevado a esta lucha social más de un año y que, como siempre, en quien repercute más es en las familias de los trabajadores.
He leído opiniones de personas que se ostentan como pensadores, críticos de prestigio en el mundo intelectual de Sonora que, desde mi punto de vista, están más cargados hacia el lado de la empresa. Uno de ellos en su petición a Santa Claus le pedía que resolviera el problema de los mineros y decía que no comprendía por qué los mineros estaban perdiendo de esta manera su fuente de trabajo, que ahorita no eran tiempos de desperdiciar así los trabajos por la situación mundial tan difícil, pero nunca tocó para nada a la empresa, nunca puso de relieve las legítimas demandas de los obreros ante empresa y gobierno, simplemente se constriñó a culpar a los obreros de su mala situación. Pero para cualquiera que tenga dos dedos de frente nos queda claro que el problema no son los obreros, a lo mejor podemos discrepar de Gómez Urrutia, de su liderazgo, de su honorabilidad, etcétera, pero si los obreros lo eligieron se tiene que respetar la decisión tomada por ellos y es aquí donde el gobierno no ha querido aceptar y ha tomado partido por la empresa demostrando así lo que ya sabíamos desde que el PAN asumió la Presidencia de la República, de representar los intereses de los empresarios y no de los trabajadores.
Culpar, hacer creer que es un mal el que los trabajadores no acepten trabajar en las condiciones que dictan los poderosos empresarios en estos momentos en que en vez de generarse empleos se cierran, es asumir una posición de sumisión ante el poderoso, es aceptar que se sigan pisoteando los derechos de los que generan la riqueza social de esta nación. Este llamado es nocivo, reaccionario porque es conformista y no ataca el problema de manera global, es decir, nada más se queda en el lado del obrero.
Y la realidad nos da la razón, ¿quiénes son los que generaron la crisis económica por la que estamos pasando? Pues esa clase social que se llama burguesía y que por tener una sed infinita de acumular ganancia ha llevado al mundo a una parálisis en la producción, cierre de empresas, despido masivo de obreros y de ahí a tener un pueblo con hambre y con muchas carencias. Quién rescatará a los empresarios de sus problemas, pues el obrero. Quién rescatará a las otroras poderosas industrias automotrices de EE. UU. pues su pueblo trabajador.
Entonces, tenemos que ver el problema más completo, a los mineros en su lucha se les tiene que respetar su sindicato, su líder, y también proporcionarles mejores condiciones de trabajo, ante este problema el gobierno tiene que velar por los que menos tienen y buscar un desarrollo donde los empresarios ganen, pero también nuestros trabajadores deben ser beneficiados.
* Colaboraciones anteriores