Resulta verdaderamente sorprendente que todavía se nos quiera decir hoy que el sistema en el que vivimos es el bueno, el correcto, aunque a nuestro alrededor la vista tope con muchísimos problemas que desmienten lo dicho.
En una plática, un alto funcionario del gobierno estatal de Sonora afirmaba que la situación del país es gravísima y que no era ya posible seguir viviendo en una sociedad tan repulsiva, tan lacerante, que ofende al ciudadano.
“Fui a una reunión en una casa de la alta sociedad y lo primero con que se toparon mis ojos fue una gran mansión, con verdes jardines y un amplio y adoquinado estacionamiento para 20 carros. Al interior de la casa, se sentía el aire fresco, producido por potentes aparatos que volvían la plática entre las personas más agradable. Al fondo, una enorme alberca con su agua limpia y clara, toda techada. Y al estar ahí se me vino a la mente que días atrás estuve dialogando con gente precarista, invasora de la ciudad que tan solo se conforma con que nosotros, como gobierno, le demos unos cuantos metros de tierra para asentarse ahí. La construcción con la que esta gente se siente feliz es de cartón y barrotes de madera para un cuartito, ¡un cuartito! Viendo las dos partes, digo yo ‘esto no es posible, señor’”. Así terminaba expresando su sentir aquel funcionario. Desde mi punto de vista sensibilizado, lastimado y sintiéndose impotente ante una situación tan contradictoria.
Y, además, lo que ha publicado la prensa, de que hay menos recursos para los municipios de nuestro país, algunos periódicos titulaban: “Se les acabó el tiempo de Jauja a los municipios”, otros que el secretario de Hacienda, Agustín Carstens, anunciaba la disminución de recursos para los municipios por miles de millones de pesos.
La crisis, dicen, es la culpable de todo. ¿Qué nos deja ver esto? ¿Cómo debemos de ver esto los más pobres? Bueno, ya conté párrafos atrás el sentir del funcionario público sobre insultante mundo en que vivimos: mientras unos viven con todas las comodidades, en espaciosas, ventiladas y frescas residencias, muchas familias no tienen dónde vivir y se ven obligadas a soportar el infierno de temperaturas de 47 grados centígrados como las que se presentan en Hermosillo sin un ventilador. ¿Será justo? ¿Será un modelo de sociedad está la de nuestro país? Yo creo que no. Y todavía escuchamos decir al secretario de Hacienda que es necesario ajustarse el cinturón porque ya no hay recursos, y como siempre a quien hay que ajustarle el cinturón es al jodido, al campesino, al obrero, porque a los empresarios, a los representantes del sector pudiente, no les interesa que se gaste menos en los municipios.
La verdad es que aquí lo que se nos está diciendo es que si antes estábamos ya jodidos, ahora vamos a estar más jodidos, vamos a estar peor. Falso que los municipios estuvieran en Jauja antes. Ante una petición de obra pública a los ayuntamientos, por lo general, la respuesta fue y sigue siendo que los recursos son pocos. Para las colonias y los pueblos que requieren obras ya no hay recursos. Entonces, los mencionados recortes para el pobre son un jalón más a la ropa toda raída, se le quiere dejar en cueros, ahora serán menos obras. Si de por sí era difícil que se resolvieran los problemas de los pobres, ahora se complicarán más porque hay menos recursos que se invertirán para agua potable, electrificación, drenaje, pavimentación, centro de salud, etcétera.
A esto se le suma el aumento constante a los precios de los productos de primera necesidad y el salario que sigue igual e incluso hasta bajando en comparación del aumento de los precios. Y, todavía, sacrifíquense más los jodidos, porque este sector es el que paga los platos rotos de todos los males del sistema capitalista.
La cifra de pobres aumenta cada día en México, lo reconocen intelectuales de prestigio del Tecnológico de Monterrey, de la UNAM y otras instituciones, y nadie para esta línea que crece y crece. El pueblo de México debe saber que, si no se corrige la política económica actual, no debe dudar que se vienen tiempos difíciles para nuestra patria. No creo que el pueblo dure aguantando mucho tiempo todos los males que sufre, y seguro debe estar de que para que se le atienda tiene que hacerse escuchar e intentar cambiar a este país.
* Colaboraciones anteriores