Muchos analistas le han dado vuelo a la toma de poder de Barack Obama en Estados Unidos; se dice que es histórico el evento porque es la primera vez en la historia de este país poderoso que llega a ser presidente una persona de color y porque le toca enfrentar la peor crisis económica que se haya visto.
Periodistas y analistas, locales, nacionales e internacionales han dicho en esta campaña de medios que ¡sí se pudo!, frase muy conocida por nosotros por ser utilizada por algunos políticos en sus campañas, pero que en esta ocasión trata de sugerir algo simbólico que se le pudiera llamar obamanía, que pretende demostrar que todo es posible en esta vida, siempre y cuando se actué con perseverancia e inteligencia, porque ahí está el ejemplo de un descendiente de un inmigrante africano que hoy es, nada más y nada menos, el presidente de los Estados Unidos de América.
Y de este suceso se ha derivado una campaña internacional para decirnos que ahora sí las cosas van a cambiar, se ha generado una gran expectación e ilusión en la gente pobre, al grado de que ciudades africanas celebran el hecho, pasan en la televisión a una señora que le pondrá a su hijo el nombre de Obama, y otros ejemplos más por el estilo. ¿Qué tan cierto será esto lo que se afirma?
Sin ánimo de aguar la fiesta, es otra la idea que tengo sobre este suceso de nuestros días. Estados Unidos representa la cabeza del sistema capitalista mundial, que hoy nos tiene sumidos en una crisis reflejada en el desempleo, subdesarrollo, saqueo de los recursos naturales a los países pobres; en ese país están concentradas las compañías internacionales más grandes del planeta, por ejemplo las del ramo automotriz, como la Ford, Dodge, Chevrolet, los bancos más grandes, la industria aeronáutica, las grandes compañías petroleras, la industria bélica, la de la computación, etcétera. Sin el consentimiento de esos poderosos empresarios, Obama no podría haber llegado a la presidencia; es decir, los grupos del poder económico y político están representados en el nuevo presidente, él está obligado a defenderlos. Pienso que por el daño tan grande que Bush ha cometido contra el mundo, por los graves errores que cometió en el manejo de la economía (crisis inmobiliaria, desempleo, fraudes en bancos y aseguradoras, guerras), la sociedad americana votó por otra persona que intentara evitar el desempleo y la carga que implica sostener guerras –que además provocan un odio mundial hacia los yanquis. O sea, la crisis económica y la mala política exterior de Bush crearon condiciones para que un afroamericano tomara el poder.
Así están las cosas, no nos engañemos, la estructura capitalista sigue intacta, siguen gobernando las grandes trasnacionales, siguen dirigiendo los destinos de ese país los poderosos y no el pueblo, eso lo confirma el rescate financiero que se le dio a las compañías automotrices, a las que se dieron miles de millones de dólares para que no se fueran a la quiebra. Por si fuera poco, Obama es egresado de Harvard, una escuela que le ha dado cuadros dirigentes al capitalismo internacional. Entonces, no nos ilusionemos, la realidad nos indica otra cosa, la idea de esta campaña es meternos en la cabeza que ahora cualquiera puede lograr lo que se proponga en la nación de la “libertad”, donde existen oportunidades para todos; pero creer esto sería como aceptar que de león feroz se pasa a ratón manso.
Algo que cuenta mucho es el estilo de gobernar en las personas y aquí sí se ven ventajas muy favorables para el mundo: Obama es menos belicoso, cuando menos así se ve hasta ahora; ya dio instrucciones para cerrar la base militar de Guantánamo en Cuba, que servía para torturar a personas que no se sabe bien si en realidad eran culpables de terrorismo; también ha declarado que regresarán a EE.UU. las tropas que están en Irak. Se ven pasos que denotan otra forma de gobernar, que favorecen al mundo y que se debe de reconocer.
Para finalizar, diré que la sociedad americana y el mundo siguen moviéndose en el capitalismo salvaje, injusto, que no ha modificado para nada su base económica y que mientras vivamos en una sociedad que crea riqueza para unos cuantos, a costa de que miles de millones de seres humanos de este planeta tengan hambre y sed, el mundo no cambiará. A lo más que se llegará es a poner en práctica otras formas menos duras de hacer política pero sin tocar la cimentación del capitalismo. Y si no, al tiempo.
* Colaboraciones anteriores