En estos días, es común escuchar en la gente, en la playa, en la sierra o en cualquier lugar, la difícil situación por la que está pasando el país. Se habla de que no hay trabajo, de la pobreza que lacera a nuestra gente, de que ya no se puede sostener al hijo en la universidad, de la inseguridad en las calles y, finalmente, para completar el cuadro, la opinión que tiene el gobierno sobre cómo salir de los problemas.
Ya esto es algo que se ha tocado mucho, sin embargo, como ser humano, como ciudadano, tengo todo el derecho de decir lo que siento. Para empezar, yo no sé si el gobierno se haga, pero alguien tiene que decirle que la situación del país es verdaderamente crítica, que se está llegando a un punto como nunca antes se había estado. No se acabará nunca con la inseguridad y con los secuestros sino se acaba primero con la pobreza de millones y millones de mexicanos. Pensemos en una familia que no tiene qué comer, que no tiene con qué comprarle calzado y ropa a sus hijos. Pues esta familia es herida por las carencias, un estómago que no recibe alimento, esta inquietante, exige nutrirse porque de lo contrario se genera debilidad, sumándose el desaliento y la desmoralización total del individuo.
Y de ahí no está lejos el acercamiento a otras formas rápidas de hacerse del dinero que se necesita para enfrentar la situación. Me refiero al robo, el secuestro, el narcotráfico, la prostitución, etcétera. Por eso ahora ya nos estamos acostumbrando a escuchar cifras de cinco o quince ciudadanos fusilados o levantados, diariamente, como si estuviéramos en una país en guerra como Irak o Afganistán. México se está descomponiendo, se está hundiendo en la pobreza, desempleo, inseguridad y no se ve claro que haya un intento serio por cortar de tajo el problema. Es sorprendente la forma en cómo reacciona el gobierno de derecha ante la realidad; sus ideólogos, así lo entiendo yo, están para idear formas de cómo hacer caminar el sistema capitalista sin que se afecte en lo mínimo, la estructura del mismo.
Por años, hemos escuchado hablar de crisis y siempre quien las paga, quien sale más afectado, es el pobre. Hoy es la misma. Nos siguen diciendo que peor es no hacer nada, no hay de otra más que apretarse el cinturón, que por ello el gobierno ha tomado la decisión de aumentarle el 2 por ciento a todos los productos para combatir la pobreza. ¿Por qué no se habla de que pague más quien tenga más riqueza? ¿Por qué no se castiga a quienes, abusando del poder, se han enriquecido y han saqueado al país? Los males de nosotros no se curarán con medidas que no van a atacar la esencia del problema. Cómo hacerle para que no haya tanto hambriento y unos cuantos baquetones, como se dice aquí en Sonora, sean los que tengan muchísima riqueza en sus manos.
¿Por qué no se involucra al pueblo generador de esta riqueza en las tareas de levantar la economía en todas las regiones? Basta con que se le diga a la gente: necesitamos tantos trabajadores en tal zona para abrir una mina; vamos a requerir tanta gente en esta región para abrir nuevas tierras al cultivo; el gobierno construirá una fábrica de tractores en tal ciudad para los desempleados; etcétera. Recordemos que tenemos todo para ser gigantes, gracias a la naturaleza que nos dotó de muchos recursos naturales y que tenemos, como dijo Villa, lo mero principal: nuestra clase trabajadora; los Estados Unidos no nos desmentirán.
Basta un llamado, pues, al trabajo al pueblo trabajador, y que los resultados sean para beneficio del mismo para que dentro en unos pocos años tengamos una economía vigorosa que nos dé comida a todos, que seamos un potencia orgullosa por su desarrollo en educación y tecnología y no como ahorita que somos de los más atrasados en todo.
* Colaboraciones anteriores