Hace algunos días, en plática con un grupo de ciudadanos del norte del Estado, me decían que ya no bastaban las quejas, las lamentaciones y las críticas al gobierno para cambiar a este país, que no era posible que Japón, siendo una islita tan pequeña nos ganara y que fuera la segunda economía más grande del mundo, mientras nosotros seguimos atrasados y proponían pasar a la acción para cambiar la situación.
Estos comentarios, quizás para algunos muy sencillos, encierran una verdad tan grande que no se puede hacer a un lado, lo entiendo como un llamado a luchar. La pregunta que surge es la siguiente: ¿por qué si somos un país tan grande, con mucha riqueza, a tal grado de que se nos ubica entre las quince más grandes del mundo, por qué somos un país pobre, atrasado y no hacemos nada para cambiarlo? La respuesta, debemos ubicarla en la evolución de nuestro país, en la evolución del desarrollo de nuestra sociedad para entender mejor este problema.
Ya desde la conquista de los españoles siempre se nos trató de mantener con la cabeza agachada, sumisos ante el imperio y donde se nos trataba como ciudadanos de segunda y tercera categoría, nos sacudimos de éstos, y pasamos al sometimiento de la burguesía nacional que con el apoyo de la religión, el control de los medios de comunicación y un control férreo del movimiento obrero nos ha impedido levantar cabeza. Todo esto se ha presentado en nuestra vida, y hasta la fecha nuestra riqueza se sigue yendo a Estados Unidos, España y otros países, sin que haya protesta nacional para impedirlo. Nuestra clase política, en vez de sentir orgullo por tener un país vigoroso, en vez de sentir vergüenza por tener tantos millones de gente en pobreza, está más preocupada por seguir manteniendo el poder porque de ahí salen hinchados de dinero todo el que llega a la presidencia de la república. De aquí se desprende que su política hacia el pueblo sea de paliativos, sea de dádivas, de despensas, de cosas que en vez de aceptarlas se deberían de rechazar por la burla, por lo ofensiva que es, pero en vez de una reacción enérgica y aleccionadora para el gobierno, vemos a la gente pelearse por las limosnas como bestias que les avienta el manojo de alimento y de manera hambrienta, avorazada, se pelean por el mismo.
¿Qué es lo que hace que nuestro pueblo no proteste ante estos insultos, ante tantas injusticias que se cometen a lo largo y ancho del país? Pues según nuestra organización, según nuestro dirigente nacional, Ing., Aquiles Córdova Moran es esta cultura de sumisión que se nos ha inculcado y que tenemos que ir superando para bien de todos. Recordemos que los grandes cambios del mundo y de nuestro país los han dado las masas populares y las condiciones actuales en que vivimos están poniendo en alerta a nuestra gente, ya se empieza a sentir un clamor, ya se siente la necesidad de entrar en acción, como me lo expresaban a mí, y entiendo que al decir acción, el empezar a reconocer que los mexicanos debemos dejar de preocuparnos nada más por nosotros, por nuestra familia, como individuo, porque es en este punto donde se desvanece la fuerza del todo.
Cada mexicano debería de sentir un ímpetu interior por ver que nuestras riquezas desaparecen y nosotros no mejoramos, aprendamos como otros países a sentir orgullo por lo que somos, nosotros tenemos con qué lograrlo, tenemos los recursos y la gente que otros envidiarían sólo es cuestión de que todo mundo despierte, se organice y firmemente obligue a nuestro gobierno a dictar una política que favorezca los intereses de las mayorías.
* Colaboraciones anteriores