A partir de que los colonos y campesinos organizados en el Movimiento Antorchista se han estado movilizando para exigir se les cumpla con una serie de compromisos hechos por el Gobierno Estatal, se ha iniciado en algunos medios de comunicación una feroz campaña de desprestigio en mi contra. Se me ha acusado de infinidad de cosas sin presentar prueba alguna, se me han hecho amenazas veladas y a últimas fechas ofensas personales. Particular saña han mostrado Ricardo Ramírez Juárez, en la columna En Privado y Alfredo Quezada Hernández de BARRA LIBRE, ambos del periódico Gráfico de Xalapa. El día de hoy me voy a referir a este tema, más que en un afán de defensa a ultranza, para tratar de demostrar qué se esconde detrás de estos ataques. Veamos.
Desde mi punto de vista, detrás de esta campaña de ataques se esconde el pavor que los poderosos y algunos funcionarios corruptos le tienen al pueblo organizado y consciente. En realidad Ricardo Ramírez y Alfredo Quezada pretenden que los campesinos y colonos veracruzanos, y en particular los antorchistas, no hagan uso de sus derechos constitucionales de libre organización y manifestación, pues, éstos han hecho público de muchas formas que cuentan con minutas firmadas por los funcionarios de gobierno en las que se establecieron compromisos y que dichos funcionarios no han cumplido; también han dicho que existen obras abandonadas, sin terminar y que lo único que quieren es justicia, y sin embargo, estos dos periodistas no hacen la menor alusión al clamor de justicia de los manifestantes.
Las clases opresoras del mundo siempre le han tenido miedo a las masas organizadas y a lo largo de la historia han tenido sus ideólogos y sus panegiristas que defiendan y justifiquen la opresión de unos cuantos hombres sobre sus semejantes. Ya en el siglo IV antes de Cristo a Platón y Aristóteles les tocó jugar este papel para justificar la esclavitud en la vida ateniense. Traeré a colación una cita de este primer filósofo para ver que entendía por justicia: ésta “sería lograda a condición de que cada clase social realizara su función propia sin amenazar el equilibrio general ni intentar cumplir funciones que no le corresponden. Que cada clase cumpla pues, con la virtud que le es privativa: que los filósofos piensen, que los guerreros luchen, que los obreros trabajen para los filósofos y los guerreros” (por guerrero se debe entender la clase dominante de ese entonces en armas). Aunque Ricardo y Alfredo no le llegan ni a los talones a Platón y Aristóteles, de todas formas quieren jugar el mismo papel: peregrina justicia, que los humildes de este Estado no protesten para mantener el equilibrio social actual, que tiene al 68% de los veracruzanos viviendo en la pobreza (dato del Plan Veracruzano de Desarrollo 2005-2010).
Para entender mejor aún esto, es necesario decirle a la opinión pública veracruzana, que la actual Secretaria de Desarrollo Social y Media Ambiente, así como el Director Administrativo de ésta misma Secretaría, José Luis Poceros Luna, están directamente emparentados con los dueños y directivos del periódico Gráfico de Xalapa. Y que no sería nada descabellado que estén utilizando a este periódico como arma para golpear al Movimiento Antorchista y no resolver las demandas de obras y servicios de los veracruzanos organizados en Antorcha. Estaría bien que el Gobernador del Estado revise que tan ético es el actuar de su secretaria. Ahora bien, si tratamos de analizar el contenido de las columnas BARRA LIBRE y En Privado, nos daremos cuenta cómo en realidad se trata de un cúmulo de calumnias, amenazas veladas y ofensas personales en contra de mi persona, intentaré hacerlo con la aclaración de que sólo me referiré a las más delicadas, pues querer abarcar el total sería cosa de no acabar.
En sus columnas del pasado 8 de noviembre, Ricardo Ramírez Juárez, y en la del pasado lunes 2 de junio, Alfredo Quezada, respectivamente, me acusaron de estar utilizando a la gente para buscar un puesto en el gabinete de la fidelidad y una diputación federal. La primera acusación se cayó por su propio peso, pues del 8 de noviembre a la fecha, un servidor no se ha parado por Palacio de Gobierno; en cuanto a lo de la diputación, no tengo la menor idea de dónde sacaron tal afirmación, al menos que ellos de manera oficiosa me anden buscando acomodo.
En sus respectivas columnas del pasado 2 de junio, utilizando un lenguaje obtuso, lanzan de manera velada dos amenazas, la de una posible represión hacia los manifestantes y la de que no les van a resolver sus peticiones de obras y servicios. Por último el 4 de junio, Alfredo Quezada, haciendo gala de su profundidad cultural y de su rabia enfermiza arremete nuevamente con 23 afirmaciones en mi contra, que van desde la calumnia, pasando por las amenazas, para llegar a las ofensas personales. De todo este mamarracho, en cuanto a las acusaciones, sólo considero necesario solicitarle a Alfredo Quezada que diga qué Secretaría de despacho me llena las alforjas y, desde luego, presente las pruebas correspondientes, de lo contrario nuevamente quedará claro que se trata de calumnias.
Por último, en cuanto a las ofensas personales los entiendo a ambos, pues son producto de la impotencia a la que lleva la falta de argumentos y razones, y porque también entiendo que ustedes tienen que hacer lo que sus jefes les ordenan.