Excesos
La tragedia que vive hoy la familia del marino Melquisedet Ángulo Córdova –además de él, su madre, una tía y dos hermanos fueron ejecutados por el narco—es consecuencia de la mala estrategia elegida por el presidente Felipe Calderón para combatir el narcotráfico.
Estrategia deficiente y torpe porque privilegia el efecto mediático-publicitario por encima de sus resultados concretos, y porque estos están muy por debajo de la media estadística criminal que ya rebasa las 21 ejecuciones diarias.
¡Todos los excesos encomiásticos del lunes pasado a través de las cámaras de televisión, las bocinas de radio, las páginas impresas y las vocerías arzobispales se fueron al caño de desagüe a raíz del proditorio asesinato múltiple de Paraíso!.
¿Por qué?
Porque la acción criminal contra esa pobre familia derivó del homenaje público post-mortem que se brindó a Melquisedet con el propósito manifiesto de exaltar y magnificar la estrategia de lucha antinarco del Señor Presidente.
Porque una vez más se comprobó que el propósito central de esa “guerra” no es el combate serio y a fondo del narcotráfico, sino un ensayo de “guerra florida” para capturar rehenes dóciles al lucimiento personal del Señor Presidente.
Porque en este propósito al Señor Presidente le importa un bledo el desprestigio de las corporaciones represivas del Estado mexicano –primero fue la PGR, ahora metió en entredicho al Ejército Nacional de tierra—a fin de justificar y ensalzar los “beneficios” de su estrategia.
Pero la ejecución múltiple de Paraíso plantea inquietantes preguntas acerca de lo que el Estado mexicano realmente está enfrentando con la “guerra del narcotráfico”, porque con dicha acción los delincuentes parecen estar desafiando al gobierno del señor Calderón a una confrontación armada abierta y directa.
¿Han advertido este sesgo político el Señor Presidente, sus asesores y sus jefes de seguridad nacional? ¿Se han dado cuenta de que el máximo nivel de gobernación estatal en México se ha puesto al mismo nivel político de un grupo de delincuentes?
Debido a su equívoca estrategia de represión masiva y a sus excesos de publicidad, los narcos y sus asesores han llevado a Calderón al terreno de la interdicción militar y política, colocándolo en la posición de un títere de las circunstancias y del providencialismo.
Es hora de que el Señor Presidente se ponga las pilas, que medite y piense en una estrategia de ataque anti-narco que responda mejor a la “guerra de guerrillas” que le están haciendo los mafiosos, y de que si sabe algo acerca de quién o quiénes le están entripando el gato actúe como jefe de Estado.
(barbicano@yahoo.com)
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Sobre el autor

Ángel Trejo Raygadas (Ixmiquilpan, Hidalgo, 1946). Periodista, novelista, analista político y cronista de la vida del siglo XX. Ha colaborado en los diarios El Sol de México, El Día, Unomasuno, la agencia Notimex. Es autor de las novelas: Llueve Lluvia, Timba, Monda, Donají, Canto de gatos, Bitácora del insomnio y La sirenita, y otros escritos, políticos y culturales. Actualmente colabora en la revista Buzos.
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