¿Braslim?
Un viejo refrán dice que el dinero no tiene religión ni patria ni ideología, sugiriendo que para sus poseedores, especialmente aquellos que se han viciado demasiado con su posesión, no existe ningún otro valor que iguale a la riqueza, aunque puede haber casos –por cierto bastante sobrados en cualquier nación del mundo—de hombres y mujeres para quienes los bienes materiales sean más importantes que el afecto o la vida de hermanos, padres y madres, toda vez que la codicia pasa por ser el vicio o el pecado de mayor grado en la naturaleza moral del género humano.
Pero dejemos de lado trivias y filosofemas: el recuerdo del dicho condenatorio de la codicia –las religiones judeocristianas, hindúes y chinas la describen como la causa motora de la mayor parte de los males del hombre-- viene a cuento por un reportaje publicado por la revista Proceso en su edición de la semana pasada (num 1734), en el que se afirma que el multimillonario empresario mexicano Carlos Slim Helú está en trámites legales y financieros para trasladar a Brasil el holding que controla las compañías telefónicas que posee en México, es decir Carso Global Telecom y Telmex Internacional.
De acuerdo con la información de Proceso, el señor Slim está reestructurando financieramente su compañía América Móvil, de ubicuidad trasnacional, a fin de que absorba esas empresas y llevárselas a Brasil, donde tiene su segundo mercado más grande en América (42 millones de usuarios) después de México (60 millones). Dicha acción tendría como objetivo “desquitarse” del gobierno panista del presidente Felipe Calderón porque este no quiere autorizarle el servicio triple play, el cual le permitiría ofrecer una paquete integral de telefonía local, internet y televisión por cable, el que sin embargo opera ya por separado a través de la empresa Dish.
Otros agravios resentidos por Slim por cuenta de Calderón, según la revista, son el incumplimiento de éste a un compromiso de apoyo mutuo suscrito verbalmente en septiembre de 2006, en plena crisis de elegibilidad presidencial; y las concesiones que recientemente el gobierno panista otorgó a varios de los competidores del millonario libano-mexicano (Televisa, Nextel, Axtel) para el uso del cuádruple play y la red de fibra óptica, mismas que ha negado a sus empresas con el propósito de alentar la competencia y evitar que su monopolio extienda más sus tentáculos por vía de la actualización tecnológica.
Con independencia de la intención chantajista que parece comportar la citada amenaza de “desnacionalización” y de los eventuales efectos económico-sociales que la trasnacionalización de dos grandes compañías nacionales pudieran atraer a los mexicanos más comunes y más pobres –al parecer ninguna de corto ni mediano plazo—la actitud de Slim se evidencia mezquina y atrabiliaria, por no decir “anti-mexicana”, ya que está promoviendo una acción financiera de gran calado que implicaría el desarraigo nominal de capitales locales a otra nación sólo porque no ha logrado torcerle la mano a un gobierno que, aunque lego y torpe, más o menos intenta guardar cierta congruencia –muy relativa, ya que Televisa, Nextel, Telefónica y Axtel no son menos monopolios que Telmex—con las estipulaciones legales.
En un país realmente democrático, provisto de un Estado fuerte y de un gobierno nacionalista y progresista, un chantaje como el de Carlos Slim debiera implicar la expropiación y estatización automática de los bienes promovidos para el desarraigo, a fin de que los capitales comportados en esas empresas y creados con el esfuerzo e inteligencia de miles de trabajadores mexicanos, no tuvieran que viajar a otra nación por obra ya no de una inversión de ahorro nacional excedente, sino por el capricho arbitrario de un multimillonario ensoberbecido por su codicia ilimitada.
¡De modo que después de convertir a México en Mexlim, ahora don Carlos quiere convertir a Brasil en Braslim!. (barbicano@yahoo.com)
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Sobre el autor
Ángel Trejo Raygadas (Ixmiquilpan, Hidalgo, 1946). Periodista, novelista, analista político y cronista de la vida del siglo XX. Ha colaborado en los diarios El Sol de México, El Día, Unomasuno, la agencia Notimex. Es autor de las novelas: Llueve Lluvia, Timba, Monda, Donají, Canto de gatos, Bitácora del insomnio y La sirenita, y otros escritos, políticos y culturales. Actualmente colabora en la revista Buzos.
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