¿Secuestro, vendetta, ardid electorero?
Haya sido secuestro, atentado criminal por razones personales o profesionales o maniobra político-criminal como las que se efectuaron en 1993 y 1994 (Cardenal Posadas, Colosio, Ruiz Massieu), la desaparición de Diego Fernández de Cevallos es un hecho lamentable que provee de mayor confusión al ya complicado panorama político nacional.
Pareciera ser un hecho más del clima de criminalidad que prevalece en el país y cuya intención pudiera contribuir a invocar mayor represión brutal por cuenta de las mentes obtusas y torpes que lamentablemente están al frente del estado mexicano.
Las primeras reacciones generadas por este accidente convidan a pensar en la posibilidad de un atentado –obviamente al margen de la voluntad del afectado—con el propósito de atraer simpatías al PAN y a su gobierno frente al atribulado programa político que les espera este año, en 2011 y en 2012 .
Este aserto no es descabellado: el asesinato de Colosio tuvo la manifiesta intención de perjudicar al PRI en los comicios de 1994, pero la reacción popular fue contraria y por obra de la falacia por misericordia en lugar de afectado este partido resultó beneficiado.
Tal efecto podría haber sido el buscado con el atentado contra Fernández, el cual fue cometido justo 24 horas antes de la primera de las 15 elecciones locales que este año habrá en la República, en las cuales el PAN tiene pocas posibilidades de refrendar su “magistratura nacional”.
Una asesoría política como las que suele aplicar la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos (CIA) o como las atribuidas a los expertos de la ultraderecha franquista en México podría no ser ajena al uso de este tipo de recursos salvajes de la mercadoctecnia política neoliberal.
En algunas de las reacciones de la derecha política y periodística del país se advierte asimismo la intención de magnificar la personalidad de Fernández de Cevallos, a quien se empieza a ofrecer como un “padre fundador de la democracia moderna de México” y figura “clave” de la gobernabilidad en México.
Estos analistas tienen razón en describir a Fernández como personaje importante en la “transición democrática” de los 80-90 del siglo anterior porque, en efecto, el “Jefe Diego” fue, uno de los operadores de la transacción oculta con la que el ex presidente Carlos Salinas de Gortari formalizó la alianza político-electoral entre el PRI y el PAN a fin de afianzar la prevalencia del modelo económico neoliberal que tanto favoreció a la oligarquía y empobreció a la mayoría de los mexicanos.
Los lambiscones de los medios de comunicación oligárquicostienen razones de clase social y política para ensalzar al panista en desgracia, pero carecen en absoluto de elementos tangibles para demostrar que los éxitos de Fernández –concertacesiones electorales a favor de su partido, etc.- hayan contribuido a la presencia de una democracia genuina y justa en México.
Una visualización de la obra política de Fernández debiera reclamar mayor ponderación a fin de no generar sospechas de que efectivamente la persona que la figura pública que aquél encarna -- es decir, el ser humano vivo, digno de afectos o desafectos, de simpatías y diferencias--, pudo ser objeto de una manipulación criminal con propósitos delictivos o políticos, lo cual sería terriblemente lamentable y ominoso.(barbicano@yahoo.com)
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Sobre el autor
Ángel Trejo Raygadas (Ixmiquilpan, Hidalgo, 1946). Periodista, novelista, analista político y cronista de la vida del siglo XX. Ha colaborado en los diarios El Sol de México, El Día, Unomasuno, la agencia Notimex. Es autor de las novelas: Llueve Lluvia, Timba, Monda, Donají, Canto de gatos, Bitácora del insomnio y La sirenita, y otros escritos, políticos y culturales. Actualmente colabora en la revista Buzos.
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