Haití
Haití comparte con Santo Domingo el territorio de lo que fue la isla de la Española, descubierta por Cristóbal Colón en 1492. A partir del siglo XVI, una vez instalados ahí los piratas españoles, quienes arrasaron la población indígena arawak, Haití fue objeto de los corsarios ingleses (1762), de los bucaneros franceses (1697) y finalmente de los filibusteros gringos, quienes desde 1915 se hicieron del control político y económico de esa nación hermana..
Los haitianos, la primera nación negra de América que logró su independencia tras la insurrección liderada por Toussaint Louvorture en 1791, son hoy una muestra más de los terribles efectos que el viejo colonialismo europeo provocó en nuestro continente durante la época de la colonización europea y de los que más recientemente ha causado el imperialismo yanqui..
De una riquísima tierra tropical que en siglos anteriores fue productora mundial de azúcar, café, maderas y otros productos naturales, hoy ha quedado un territorio prácticamente agotado y devastado –no solo por el terremoto—y una población que vive prácticamente en la indigencia por obra las ulteriores tropelías imperiales de Estados Unidos a través de la oligarquía indígena de la isla.
“Gracias” a los gringos el pueblo haitiano tiene más de medio siglo de vivir en la inestabilidad política permanente, en la pobreza generalizada y bajo la égida de gobiernos tiránicos y serviles a intereses externos, como el que de los años 60 a finales de los 80 encabezaron Francis Duvalier alias Papa Doc (1964-86) y Jean Claude Duvalier Baby Doc (1986-90), ejerciendo el poder mediante manipulación religiosa (vudú) y terror policiaco-militar (toutón macoute).
El terremoto de más de 7 grados en la escala de Ritcher es el responsable, sí, de la devastadora mortandad derivada de sus temblores de hace casi una semana, pero no de la caída de decenas de miles de edificios pobremente construidos, ni de la pobreza acuciante del 80% de la población que vive con poco menos de un euro al día (17 pesos) ni de que sólo el 15% de sus habitantes disponga de agua potable, servicios sanitarios, educativos y urbanos.
Es necesario recordar esto para que nadie se llame a engaño ahora que la compasión generada por la terrible emergencia nos haga olvidar que la causa básica o primaria del drama que vive hoy el pueblo de Haití está en la mala distribución de la riqueza, en los pésimos gobiernos que padece desde hace mucho tiempo y en la presencia deleznable del imperialismo estadunidense.
¡Y cómo abominar de estos metiches filibusteros cuando lo primero que hicieron al declararse la catástrofe, fue asumir el control del aeropuerto de Puerto Príncipe, a fin de manejar todos los movimientos estratégicos que debían derivarse de la emergencia nacional provocada por el terremoto!
Una de las acciones que más llama la atención de la frialdad criminal de estos piratas modernos fue la negligencia y la lentitud con que fueron permitiendo el acceso y la distribución oportuna de la ayuda internacional destinada a aliviar la situación de las miles de heridos y damnificados.
Frente a la tardanza de casi 100 horas para la entrega de alimentos, medicinas, agua y otros menesteres indispensables, uno se pregunta ¿por qué estos filibusteros que en cuestión de horas pueden invadir un país mucho más grande, no aplicaron desde el primer momento la eficiente tecnología militar –portaviones, aviones, helicópteros, barcazas de desembarco rápido, tanquetas, etc -- para transportar los víveres requeridos por los haitianos desde el día de la tragedia?
Es obvio suponer que para una oligarquía criminal como la que gobierna en Estados Unidos, los instrumentos de guerra sólo pueden servir para matar y no para dar, permitir o aliviar vida.
(barbicano@yahoo.com)
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Sobre el autor
Ángel Trejo Raygadas (Ixmiquilpan, Hidalgo, 1946). Periodista, novelista, analista político y cronista de la vida del siglo XX. Ha colaborado en los diarios El Sol de México, El Día, Unomasuno, la agencia Notimex. Es autor de las novelas: Llueve Lluvia, Timba, Monda, Donají, Canto de gatos, Bitácora del insomnio y La sirenita, y otros escritos, políticos y culturales. Actualmente colabora en la revista Buzos.
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