Una de futbol
La estructura despótica de nuestra democracia oligárquica se evidencia no sólo en la prevalencia de una economía dominada por 40 familias multimillonarias y un sistema político electoral homopartidista –seis partidos con obediencia a una misma clase y con muy pocas diferencias ideológicas—sino también en la organización y funcionamiento de su deporte.
El deporte mexicano, del amateur al hiperprofesional, como es el caso del futbol de división superior, está dominado por grupos empresariales que obviamente procuran más por sus intereses pecuniarios que por el desarrollo estrictamente deportivo de los jóvenes.
Es de sobra conocido que el Comité Olímpico Mexicano (COM) y la Confederación Deportiva Mexicana (CDM), la cual agrupa a las federaciones amateurs, están en manos del empresario Mario Vázquez Raña, y que la Federación Mexicana de Futbol (FMF) es objeto de control económico y político por cuenta de consorcios privados ligados a los dos monopolios de la televisión y la radio.
Pero en el futbol profesional hay una expresión mayor del despotismo oligárquico del que líneas arriba hablamos: por el encima de la FMF, el organismo oficial con reconocimiento del Estado, opera como máximo organismo de decisión un “comité de dueños” de los clubes.
A cada tanto de tiempo este “club de dueños”, al margen o por encima de la FMF, y por lo mismo del Estado mexicano, es que el dicta reglas, sanciones y cortesías para franquicias, plazas y jugadores, asumiendo una capacidad de regulación que se antoja violatoria de la legislación constitucional mexicana.
Es una especie de “junta de notables” como las que integraron Iturbide y Maximiliano en sus fallidos imperios de 1821-22 y 1864-66, y las que en los años 90 del siglo pasado promovió la oligarquía “democrática” actual con los nombres de Grupo de San Ángel y Grupo Chapultepec para convalidar el proceso de transición del régimen unipartidista del PRI a los gobiernos de concertacesión del PRIAN en 2000 y 2006.
Un ejemplo a la mano de la operabilidad despótico-oligárquica que impera hoy en el futbol se está dando en el club Guadalajara, sin duda el más popular de México, el cual fue privatizado hace cerca de una década –era una asociación civil deportiva—por el empresario comercial Jorge Vergara, quien prometió reforzarlo y convertirlo en una empresa de espectáculos de nivel internacional.
¿Ha logrado Vergara este objetivo?
No, por supuesto, con la salvedad de un corto periodo inicial en el que las Chivas lograron un nuevo campeonato, gracias en buena medida a la estructura técnico-deportivo que ya tenía y a la buena dirección técnica de uno de los mejores entrenadores de futbol en México (José Manuel de la Torre).
Fuera de ese periodo exitoso las Chivas se han caracterizado por ser un equipo irregular, inestable y metido en constantes escándalos extradeportivos protagonizados por Vergara, quien se ha caracterizado por sus fanfarronadas, por el constante cambio de entrenadores (el medio año anterior el equipo cambió cuatro veces de técnico) y por exigir a sus jugadores y entrenadores más de lo que él aporta al club o empresa.
La causa de la más reciente descalificación del Guadalajara a la liguilla de invierno, está en la falta de refuerzos de primer nivel del equipo, en la venta de sus mejores activos y en el proceso de inestabilidad permanente a que el propio Vergara somete al equipo al cambiarle entrenador a cada rato.
A la fecha Vergara no ha cumplido con su promesa inicial de contratar “al mejor entrenador del mundo” y cuando halló a uno de los mejores de México (De la Torre) lo corrió despóticamente cuando las Chivas habían caído en un bache temporal como ocurre con todos los clubes deportivos.
Vergara ha convertido a las Chivas en buen negocio personal porque del club Guadalajara anterior heredó una estructura deportiva muy productiva en jugadores nuevos, a muchos de los cuales inmediatamente vendió a otros equipos; porque el plantel se sostiene con más de la mitad de jugadores de su propia cantera, porque no invierte en contrataciones estelares y porque constantemente está improvisando directores técnicos, hecho en el que se advierte su intención de no pagar buenos salarios en este rubro.
Como típico empresario oligárquico a la “mexicana” a Vergara le gusta invertir poco o nada, pagar mal, explotar mucho y exigir demasiado, defectos que mantendrán a las Chivas en un nivel deportivo medio y en constante inestabilidad por falta de correspondencia (e inteligencia) de su propio dueño.
¡Ya veremos cuántos entrenadores nuevos se saca de la manga!
(barbicano@yahoo.com) |