MOVIMIENTO ANTORCHISTA


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.:: CONFERENCIAS OBRERAS ::.

PRIMER TOMO / CONFERENCIA 1
¿Qué es y Qué Busca y Qué busca Antorcha Obrera?

SEGUNDA PARTE

12 de Mayo de 1985

Por eso es que un hombre solo no puede, por inteligente que sea, enfrentar a sus enemigos. Los peligros son grandes, entonces, no basta tener conciencia sino que, además, hay que organizarse. Si un hombre solo no puede contra los enemigos, muchos hombres conscientes y organizados sí pueden contra el enemigo. Es decir, el arma que el obrero necesita para poder dar la lucha, una vez que ya se concientizó, es precisamente la organización.

Antorcha Obrera plantea entonces, como segundo paso, la organización de los obreros: es necesario que los obreros se organicen.

Hacíamos al principio la pregunta ¿qué es Antorcha Obrera y qué busca?  yo he dicho hasta ahorita que Antorcha Obrera busca primero educar al obrero y, segundo, organizar al obrero.

Pero algunos de ustedes pensarán,  porque es lógico que se lo planteen: "pero si estamos organizados, por ejemplo, tenemos nuestro sindicato aunque sea charro pero ahí está, entonces ¿por qué se nos habla de organización si estamos organizados?".

Es necesario que hablemos francamente en este punto. En primer lugar, el obrero debe entender, y en esto se finca la política de Antorcha Obrera, debe entender, repito, que hay dos niveles muy claramente diferenciados en lo que se llama la lucha contra el patrón o lo que nosotros llamamos más ampliamente la lucha de clases.

El primer nivel, que es el más sencillo, es la defensa de los intereses inmediatos del obrero. ¿Cuáles son estos intereses inmediatos? El trabajo, la inamovilidad en el puesto, el salario, el aumento de salario, el escalafón, las prestaciones como el reparto de utilidades, el derecho a la vivienda, el derecho a la medicina, la ayuda para el transporte, la ayuda para la canasta básica del obrero, las condiciones de trabajo dentro de la fábrica, que haya seguridad para el obrero, que haya equipo antiaccidentes, equipo que lo proteja, es decir, que la fábrica tenga condiciones buenas para el trabajador.   Estos son los intereses inmediatos del obrero, los de todos los días. Este es el primer nivel de la lucha: el obrero está interesado en que en la fábrica, en su casa, en sus relaciones con el patrón sus intereses inmediatos estén defendidos, que no se le corra fácilmente, que se le aumente salario, que se le promueva en el puesto según su antigüedad y sus méritos, que se le dé medicina, que se le dé equipo, que se le dé vivienda, que en la fábrica haya seguridad para que no se corte las manos o vaya a sufrir un accidente mortal, etc.  Esto, lo inmediato, es lo que se llama lucha inmediata o nivel de lucha económica del obrero.

Pero hay un segundo nivel de lucha que es, precisamente, el que muchas veces el obrero no entiende. Este segundo nivel de la lucha es lo que se llama el nivel político de la lucha del obrero.

Resumiendo. Hay, pues, dos niveles de la lucha: el nivel económico y el nivel político, el de la lucha económica es de carácter inmediato, el de la lucha política es de largo plazo.

¿Qué es lo que pelea el obrero en la lucha política?

En la lucha política hay también dos fases bien diferenciadas que es necesario que ustedes entiendan. En una primera fase de la lucha política, el obrero ya no pide aumento de salario, ya no pide prestaciones puramente económicas, sino que se remonta un poco y empieza a exigirle al gobierno leyes que abarquen no sólo a su fábrica, sino a todas las fábricas del país, y en las cuales se asienten derechos, no sólo económicos, sino también políticos. Por ejemplo, el derecho de huelga, los trámites para el registro de sindicato, las garantías que deben tener los dirigentes sindicales, el respeto que gobierno y patrones deben tenerles a los líderes, etc.  Estos son derechos políticos del obrero que no se pueden resolver para una sola fábrica, sino que se tienen que resolver con una ley nacional que abarque a todas las fábricas.

Entonces, la lucha política del obrero tiene un primer nivel: el nivel de la lucha por la promulgación de leyes de amplia cobertura nacional que protejan los derechos sindicales del obrero como clase.

Pero tiene también una siguiente fase, que es la más alta de todas: la lucha por el poder político.  Los obreros como clase, y como clase fundamental, es decir, como la clase que genera toda la riqueza, tienen no sólo el derecho, sino incluso la obligación, de procurar que los gobiernos de los países sean gobiernos que estén dedicados a proteger y resolver los problemas de las clases laborantes del país.

Los gobiernos que hay en los países capitalistas, como el gobierno de México, son gobiernos que no están destinados a proteger al obrero sino, precisamente, destinados a proteger al rico.

Para que un gobernante se incline a favor de los trabajadores, tiene que ser un gobernante salido del pueblo, elegido por el pueblo.  Pero esto implica que antes que el poder, lo que se llama el poder, haya pasado de manos de los ricos a manos de los trabajadores. Entonces, a los obreros les importa, debe importarles, que el gobierno de este país no sea un gobierno elegido por los ricos y para los ricos, sino que sea un gobierno elegido por los trabajadores y para los trabajadores. Esa es la siguiente y última fase de la lucha obrera: los obreros tienen que aprender a luchar por el poder.

En la medida en que los obreros no entienden esto y piensan que esas son cosas sólo para los poderosos y los sabios, en esa misma medida los obreros se dejan apabullar, se dejan someter, se dejan explotar y, precisamente por eso, es que grupos como Antorcha Obrera se plantean la necesidad de ir a los obreros y decirles: ¡no te dejes!, si en realidad tu eres quien está  manteniendo a este país, por qué no has de poner tu al presidente de la república, por qué no ha de ser la inmensa mayoría de los trabajadores quien imponga su voluntad en este país, si finalmente son los que trabajan y los que sudan para mantenernos a todos. Esto es perfectamente posible y, además, es justo que así sea. Si no ocurre así es porque los obreros no lo entendemos, no estamos politizados y no lo buscamos con suficiente ahínco, con suficiente dedicación.

Pero volvamos al tema. Estaba yo diciendo que el obrero tiene que entender que la lucha obrera tiene dos niveles muy claros: la lucha económica y la lucha política, y que la lucha política, a su vez, tiene dos niveles: la lucha por la promulgación de leyes a favor del obrero y la lucha por la toma del poder político.

Ahora bien, cada uno de estos niveles de la lucha requiere educación y organización, sin embargo no la misma organización. En efecto, para la primera lucha, para la lucha económica, para la defensa del salario, de las prestaciones, de las medidas de seguridad, se requiere un tipo de organización. El tipo de organización obrera que se requiere para la lucha económica se llama sindicato.

En cambio, para la lucha política, tanto para la promulgación de leyes, como para la toma del poder, ya no basta el sindicato, ya no sirve el sindicato, se requiere de otro tipo de organización. Ese nuevo tipo de organización, superior, mucho mejor y más poderoso que el sindicato, se llama Partido Obrero, Partido de la Clase Obrera.

De modo que cuando nosotros hablamos de que los obreros están desorganizados, no nos referimos solamente al sindicato, sino que nos referimos, sobre todo, a la falta de una organización partidaria de los obreros.

¿Por qué el sindicato ya no sirve para la lucha política, compañeros? Pues solamente porque, como yo decía, si una ley es para todo el país está claro que el sindicato de una fábrica no tiene la fuerza suficiente para lograr esa ley, se necesita de una organización que también sea nacional; si la lucha, si la demanda es nacional, el organismo, el arma con la que debemos buscar esa demanda es también un organismo nacional, no puede ser de una fabriquita. Un sindicato de fábrica, por muy grande que sea, no basta, no alcanza, no es lo suficientemente fuerte para conmover a todo el país; se necesita una organización que aglutine también a todos los obreros a nivel nacional y esta organización es el partido político de los obreros.

Pero vayamos por partes. Veamos el sindicato. Podemos aceptar que en México hay sindicatos, es decir, que los obreros están ya organizados para dar la lucha económica. Sin embargo, es necesario precisar dos cosas. Primero: es cierto que en México hay sindicatos pero, como alguna vez lo hemos platicado con algunos de ustedes, el sindicalismo mexicano es un sindicalismo que no nació del obrero, no lo pidieron los obreros como sucedió en Inglaterra o como sucedió en Francia, sino que el sindicalismo lo promovió el gobierno. El gobierno de Venustiano Carranza primero, y después, con más fuerza, el gobierno de Lázaro Cárdenas, fueron los que urgieron, obligaron prácticamente, a través de líderes muy bien comprados, muy bien controlados por el gobierno, a que los obreros formaran sus sindicatos y luego sus centrales sindicales. Por eso es que el movimiento sindical mexicano no es un movimiento sindical independiente sino que está fuertemente ligado al gobierno.

¿Qué es lo que quiere Antorcha Obrera en este punto? Quiere que los sindicatos pasen a ser verdaderamente de los obreros, arma de lucha y de defensa de los intereses económicos del obrero pero, para eso, deben dejar de ser sindicatos charros, deben dejar de ser sindicatos del gobierno y del patrón para convertirse en sindicatos del trabajador. ¿Cuál es el requisito? ¿cuál es el recurso que se requiere para lograr un sindicalismo verdadero? Pues la respuesta es al mismo tiempo sencilla y difícil: lo que se requiere es que los obreros cobremos conciencia de esta situación y todos unidos como un solo hombre tumbemos al charro y defendamos nuestro sindicalismo auténtico.

¿Por qué no se logra hacer esto? Piensen ustedes, ustedes son obreros y ustedes sabrán si yo miento o no, piensen ustedes por qué en sus fábricas prevalece el charro: porque entre los mismos obreros hay traidores, porque entre los mismos obreros hay muchos que nada más les ofrecen una mordida y ya se cambiaron al otro lado ¿a poco no es cierto? Porque entre los obreros mismos apenas hay un hombre honrado que quiera hacer un sindicato limpio, van y lo venden, o sea, que el mal está ¿dónde? en los mismos obreros, entre los mismos compañeros están los judas, están los traidores.

Ahora hay que preguntarse: esos hombres, esos judas, esos que se venden al patrón ¿por qué lo hacen? ¿Qué acaso un hombre nace traidor, nace judas? ¿Cuando lo parió su madre ya era un traidor? ¡No, compañeros! Los hombres cuando nacemos todos somos iguales, de niños no sabemos del mal ni del bien, sino que es con el tiempo que nos vamos volviendo malditos; eso quiere decir que los traidores lo son porque les falta conciencia de clase, porque les falta educación política, porque les falta una formación proletaria que los solidarice con sus hermanos obreros y no con sus enemigos, los patrones y el gobierno, o sea, que el problema es un problema de educación y concientización para que esta gente deje de ser traidora.

Muchos compañeros obreros se venden al patrón porque son gente viciosa, por ejemplo, que le gusta mucho el vino y, claro, con dos o tres comidas y dos o tres borracheras que le invite el patrón ya se la compró. ¿Cómo se remedia eso? Haciendo que los obreros tomen conciencia de que es indigno que vendan a sus hermanos de clase por una cerveza. ¡Todo esto hay que decírselo a los obreros! ¡Toda esta ideología, toda esta educación hay que llevársela a los obreros para que se acaben los traidores! En realidad nunca se van a acabar del todo, lo que quiero decir es que cada vez sean menos, hasta que la inmensa mayoría aplaste a los pocos traidores que queden, o sea, sí los podemos reducir a minoría, lo que requerimos es trabajo, plática, conciencia, educación de más obreros para que no se vendan y para que no traicionen. Repito, ¿qué necesitamos para que nuestros sindicatos dejen de ser charros? Necesitamos que la base obrera se decida como un solo hombre a tumbar al charro y a defender a su sindicato. Pero para que los obreros se decidan deben educarse y concientizarse porque mientras sean obreros que se creen todo lo que dice la televisión burguesa, que no salen del campo de fútbol y de la cantina, que leen puros monitos de esos que traen pura pornografía, pues ¿qué obrero es ese? ¿Qué educación política, qué alma tiene ese obrero? Pues tiene un alma de cántaro, es un hombre guango, es un hombre vil que lo puede comprar el patrón con una mordida. Hay que levantar al obrero, compañeros, hay que ponerlo en pie, hay que rehacerle su conciencia para que de hombre vil y vendido se vuelva un luchador de su clase ¡eso es lo que necesitamos! 

Pero esto es como el cuento de cuando los ratones se juntaron para defenderse del gato y después de mucho discutir dijeron: "el remedio está en colgarle un cascabel al gato para que cuando venga haga ruido y lo oigamos y podamos huir". Todos dijeron: "de acuerdo, hay que ponerle el cascabel al gato". Pero el problema se vino cuando dijeron, ahora ¿quién se lo va a poner?, ¿quién le va a colgar el cascabel al gato? Aquí se trata de lo mismo, ¿quién le va a poner el cascabel al gato? Y la respuesta es: ¡nosotros, los antorchistas, compañeros!

Ese es uno de los propósitos, ese es el propósito de Antorcha, crear gente que sea capaz de ponerle el cascabel al gato. Preparar cuadros, como dije al principio, que ya no tengan miedo, que ya no tengan temor o vergüenza de ir a sus fábricas y comenzar a agitar con inteligencia, con astucia, con precaución, siempre ganando la partida al patrón, para levantar a su sindicato y sacudirse a los charros. Eso es lo que se necesita. Podría yo decir, resumiendo nuestra opinión, ¿por qué perduran los charros? Porque no hay quien se les ponga enfrente, así de sencillo. Entonces hay que preparar a los que se le pongan enfrente a los charros, y ese es uno de los objetivos de Antorcha Obrera.

Pero no solamente los patrones y los charros son enemigos de la clase obrera, del sindicalismo auténtico, hay otro tipo de gente que es un enemigo más sutil, hay otro tipo de sindicalismo que dicen que no es charro, por ejemplo, el de los telefonistas, el Sindicato Mexicano de Electricistas, el SME, el de los nucleares que acaba de desaparecer. Esos sindicatos dicen que ellos si son los buenos, que ellos si son los revolucionarios y con ellos no hay charrismo. Sin embargo, las cosas no son así compañeros, ¿por qué razón? Porque en esos sindicatos, como el de telefonistas y el SME, es cierto que hay un poco más de democracia, es cierto que se permite que los obreros voten para elegir a sus directivas, pero una vez que han sido electas, se dedican única y exclusivamente a hablar a los obreros de la lucha económica.

Fíjense ustedes dónde está la trampa: podríamos decir que estos sindicatos son realmente buenos para defender a los obreros... en la lucha económica. Pero yo les hablaba de que la lucha obrera no es solamente lucha económica sino también lucha política y ésta es la más importante.

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