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.:: CONFERENCIAS OBRERAS ::.

PRIMER TOMO / CONFERENCIA 2
Clases, Lucha de Clases y Valor del Trabajo

TERCERA Y ULTIMA PARTE

Junio de 1985

Queda por último un residuo social integrado por gente desclasada, que no desempeña nunca ningún trabajo fijo o que no trabaja nunca. Que vive del robo, de la componenda y que es generalmente adicta a algún tipo de vicio. Este residuo social forma lo que se llama el lumpemproletariado.

En el campo mexicano, para terminar, existen los ejidatarios, los comuneros y los parvifundistas con los que algunos sociólogos intentan formar una clase especial. En realidad, y por el hecho de que, a pesar de su pobreza, cuentan de todos modos con un medio de producción propio que es la tierra, debe considerársele como un estrato (el más bajo, quizás) de la pequeña burguesía.

Para que podamos recordar un poco mejor esto, compañeros, se los voy a poner en el pizarrón en forma de un cuadro sinóptico: 

Clases Fundamentales de México 

Alta Burguesía

Burguesía Media               

BURGUESIA      Pequeñaburguesía (incluye campesinos pobres, ejidatarios y comuneros)

Clase Media Alta

CLASE MEDIA

Clase Media Baja
Obreros

PROLETARIADO

Jornaleros
agrícolas

 LUMPEMPROLETARIADO

           De todas estas clases y subclases, compañeros obreros, las más cercanas a nosotros, las que más se nos parecen por sus necesidades y por su disposición a la lucha son, primero, los jornaleros agrícolas; luego, la pequeña burguesía campesina, formada por los campesinos pobres, los ejidatarios y los comuneros; en seguida la clase media baja formada por empleados pobres, del Estado y de la propia burguesía, y los intelectuales no elitizados ni comprados por el dinero y el poder y, por último, la pequeña burguesía de las ciudades. A estas clases y subclases debemos acudir en busca de ayuda y solidaridad mutuas si queremos realmente fortalecer nuestra capacidad defensiva.

En cambio, y sobre todo para quien es obrero es evidente, compañeros, que nuestros intereses no solamente no se parecen, sino que son contrarios, opuestos, a los de la mediana y alta burguesía. En efecto, para los patrones lo mejor es que nosotros trabajemos lo más duro que podamos y durante el mayor tiempo posible para que ellos obtengan siempre la máxima ganancia. Por eso siempre están pensando cómo quitarnos las pocas libertades que nos quedan dentro de la fábrica, siempre están pensando como lograr que no perdamos tiempo ni siquiera en respirar, por eso el menor retardo es castigado con descuento del salario y con el despido.

En cambio, para nosotros, lo mejor es que nuestro trabajo no sea esclavizante y que nos quede tiempo para descansar, para dormir y para estar un rato con la familia.

Para el patrón lo mejor es que ganemos lo mínimo y toda petición de aumento salarial le produce el efecto de un golpe en el estómago. En cambio, para nosotros, lo mejor es que se nos pague lo suficiente para poder tener vivienda, comida, medicinas, vacaciones y para poder cuidar y educar a nuestra familia.

Aquí se ve claramente como sí es cierto que existen las clases y que ciertas clases tienen intereses parecidos y se pueden aliar pero que hay otros cuyos intereses se oponen, chocan entre sí y, por tanto, lejos de aliarse, tienen, inevitablemente que luchar entre sí. Esto último es, pues, lo que se llama la lucha de clases.

Las clases y la lucha de clases son una realidad innegable y no se pueden suprimir simplemente porque a alguien no le guste esa realidad y la niegue. Lo que a nosotros como obreros nos toca es entender bien esto, saber con precisión que somos una clase, la gran clase de los trabajadores, y saber también con toda precisión cuáles son las clases amigas y cuál la clase enemiga para poder dar mejor la batalla, la inevitable lucha por la defensa de nuestros intereses en contra de la clase dominante.

Bien. Hasta aquí el asunto de las clases y la lucha de clases. Quiero ahora hablarles a ustedes de otro concepto igualmente importante para todos los trabajadores. Se trata del conocido problema del trabajo obrero como fuente de valor de todas las mercancías.

Tanto la burguesía como sus servidores de todo tipo niegan que explotan al trabajador; niegan que su ganancia provenga del trabajo no pagado al obrero. Todos ellos sostienen que la utilidad que les queda al vender su mercancía proviene del mismo capital invertido, que es la recompensa justa por el riesgo que corren al invertir su dinero sin que nadie les garantice que el negocio va a tener éxito, y que esa ganancia se obtiene porque al costo de producción real le agregan un porcentaje adicional por concepto de ganancia.

Todo esto es pura patraña. Es absolutamente falso que el capital invertido, por sí solo, genere una ganancia. Eso es como si dijéramos que un peso, por sí solo puede convertirse en dos. ¿Pero dónde hemos visto que de un peso nazca otro como si lo pariera?

 

También es totalmente falso que la ganancia se obtenga revendiendo la mercancía a un precio mayor que su valor real, a un precio mayor que su costo de producción. Eso equivale a decir que el capitalista puede obtener riqueza a su capricho, por decreto, con solo decidir aumentar el precio de su mercancía, sin necesidad de que esa riqueza se haya creado antes. Pero si se pudiera obtener riqueza con solo aumentar el precio de las cosas a capricho, entonces todos podríamos hacernos multimillonarios sin necesidad de trabajar.

¿Dónde está la verdad en esta cuestión, compañeros? Para que podamos entender a fondo la cuestión, tenemos que saber primero que la única fuente de valor que existe en este mundo es el trabajo humano. Ya lo dijo Federico Engels: el trabajo es el padre de la riqueza, así como la naturaleza es la madre.

En efecto, una cosa no vale, como dicen los economistas ideólogos de la burguesía, por su utilidad o por su escasez. Hay cosas tremendamente útiles al hombre, como el aire, que en cambio no valen nada desde el punto de vista económico. Una cosa comienza a valer cuando contiene trabajo humano. Y mientras más trabajo tiene más vale. Es por eso que las cosas escasas, como el oro, valen mucho: no por su escasez, sino porque al ser escasos, requieren mucho trabajo humano para su producción.

El agua es un ejemplo inmejorable para probar que es el trabajo humano el que le confiere su valor a las cosas. Todo mundo sabe lo que el agua representa para el hombre: es casi casi, compañeros obreros, la fuente de la vida misma. Y sin embargo, allí donde la hay en abundancia, o allí donde es de fácil acceso para todos, no vale nada, no se paga nada por ella. Pero ¿qué pasa cuando, para tener agua, hay que entubarla y transportarla? Entonces la cosa cambia. Entonces se acabó el agua gratis y hay que comenzar a pagar una cuota por ella. ¿Qué ha ocurrido? ¿Dónde está la diferencia? ¡Ah! la diferencia estriba en que el agua entubada ya tiene trabajo humano y, por tanto, ha adquirido ya un valor que hay que pagar.

Así pues, es por eso que nosotros insistimos en que, siendo el trabajo la única mercancía que es capaz de producir valor, que siendo el trabajo humano la única fuente de riqueza posible en este mundo, la ganancia del patrón, que es riqueza, no puede venir de otro lado que del trabajo no pagado al obrero.

Ahora bien, ¿cómo ocurre esto? Es del todo indispensable que los obreros como nosotros conozcamos bien el mecanismo, que lo entendamos bien a fondo, con detalle, para que nunca más nos pueda engañar y confundir el enemigo y los ideólogos a su servicio.

Pero para no aburrirlos, compañeros obreros, vamos a dejar esto para la próxima vez y, por hoy, vamos a dar por terminada la plática. Gracias por su asistencia.

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