MOVIMIENTO ANTORCHISTA


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.:: CONFERENCIAS OBRERAS ::.

PRIMER TOMO / CONFERENCIA 6
Historia del Movimiento Obrero
Surgimiento de la Cooperación Simple y la Manufactura, 
Decadencia del Régimen Feudal 2a Parte

SEGUNDA PARTE

Octubre de 1985

5. SURGEN LOS PRIMEROS INTENTOS DE ORGANIZACIÓN. 

Ahora bien, para poder mantener quietos y sujetos a sus trabajadores, los maestros artesanos se unían entre sí formando lo que se llamaron las corporaciones. La corporación era la unión de todos los maestros artesanos del mismo oficio que residían en el mismo lugar, con el único fin de impedir que los oficiales, aprendices y ayudantes se rebelaran en contra de la explotación del maestro. Y la corporación cumplía eficazmente su papel, de tal manera que, por ejemplo, si un aprendiz se rebelaba y exigía más sueldo, el "maestro" lo corría del taller e inmediatamente daba aviso al resto de la corporación con objeto de que nadie le diera trabajo.

Vean ustedes, compañeros, que las famosas "listas negras" de ahora no son nada nuevo, son algo que los patrones conocen y practican desde hace mucho tiempo, desde hace siglos. Así que un aprendiz se cuidaba mucho de pedir aumentos o mejores condiciones para trabajar, porque estaba advertido de que si lo llegaban a despedir del taller jamás volvería a encontrar trabajo. Es precisamente esta gran explotación y esta dictadura de los maestros artesanos sobre los aprendices, los ayudantes y los oficiales, la causa de que se empiece a generar (todavía dentro del feudalismo), la idea de la organización de los trabajadores. En efecto, aprendices, ayudantes y oficiales de los talleres, empiezan a platicar entre ellos, a idear cómo hacer que disminuya, que afloje un poquito el sistema de ruda explotación a que los tienen sometidos los maestros artesanos. Así nace la idea de formar las primeras "hermandades" o asociaciones de ayuda mutua de los trabajadores de los talleres.

Desde el principio los trabajadores se dan cuenta de que confesar públicamente los propósitos de la asociación era peligroso, pues se exponían a las represalias de los maestros. Por ese motivo acuerdan declarar que sus asociaciones tienen sólo fines religiosos y las colocan bajo la protección de un "santo patrono" cuyo nombre adoptan como nombre de la asociación. Así, las primeras hermandades de trabajadores aparecen como asociaciones religiosas con fines exclusivamente piadosos.

Se forman hermandades por oficios y por ciudad, por ejemplo, la hermandad o asociación de todos los sastres de Londres, o de todos los tejedores de Manchester. Estas asociaciones rudimentarias, con propósitos mutualistas, es decir, de ayuda de unos a otros, y casi siempre bajo la protección de un santo patrono, que surgen en los talleres artesanales de la Edad Media, son, en todas partes, el antecedente más remoto, más antiguo, el embrión de los sindicatos modernos.

6. LA HISTORIA PRUEBA LA NECESIDAD DE LA UNIDAD Y LA LUCHA.

Como ustedes lo pueden ver, compañeros, el movimiento de autodefensa del trabajador, aún en su primerísima infancia, aún cuando todavía no es el movimiento obrero propiamente dicho, toma la forma de una alianza, de una unidad entre los pobres para defenderse de la explotación de los patrones. También hay que notar cómo, desde siempre, los dueños, los poderosos, los ricos, han procurado sacarle al trabajador el máximo de jugo, el máximo provecho, sin importarles, ya no digamos el bienestar, sino ni siquiera la propia vida de sus asalariados.

Si se ha de morir la familia del obrero, si se ha de morir el obrero de tuberculosis o de sueño, o de desnutrición, que se muera, lo importante es asegurar la máxima ganancia. Eso se ve muy claramente en la actitud de los maestros artesanos del feudalismo.

Y claro, la clase obrera, tiene entonces, no sólo el derecho, sino la obligación de luchar, de defenderse, por necesidad misma de la vida y no por capricho de nadie.

Esto ya lo he reiterado varias veces ante ustedes, porque me interesa mucho que esta idea se entienda para que los obreros se decidan a luchar, para que dejen de hacer caso a quienes insisten, una y otra vez, en decir: "no, los obreros no quieren huelga, los obreros no quieren problemas, son unos cuantos agitadores, unos cuantos malos elementos, los líderes, los que arman todo el lío". Y ya he tratado de mostrar antes, y hoy también lo estamos haciendo con la historia del movimiento obrero, cómo eso no es cierto. En realidad el obrero lucha, y siempre ha luchado, porque la vida misma lo obliga. Si le niegan todo, si lo están matando de hambre, tiene que luchar. Que siempre aparecen líderes, hombres lúcidos, inteligentes y valientes, que se ponen a la cabeza de sus hermanos, pues, eso sí es cierto, pero eso no es un delito, eso es un mérito, un gran mérito de ciertos hombres. Los líderes obreros, los líderes del pueblo, son héroes de nuestra clase a los que debemos respetar, porque se ponen a nuestra cabeza arriesgando todo para defendernos. Pero ellos no son los culpables de que haya problemas y lucha para resolverlos; el fondo del asunto es la dura vida en la que siempre se ha visto sumergido el trabajador de todos los tiempos, tal como lo muestra la historia de los talleres feudales.

Volvamos al tema central.

 7. SURGEN LOS COMERCIANTES.

           Quedamos en que con el tiempo los artesanos tienen que aumentar su producción por las necesidades del mercado, y lo primero que hacen es contratar mano de obra para explotarla inmisericordemente. Pero como los nuevos mercados se hayan bastante lejos del lugar donde se produce la mercancía, los artesanos no pueden ya comerciarla directamente; surge la necesidad de que haya hombres que se dediquen exclusivamente a comerciar los productos, porque el artesano que está en su taller, amarrado a sus herramientas de trabajo, no puede llevar su mercancía tan lejos como el mercado lo exige. Aparecen entonces los comerciantes que son hombres que no producen directamente sino que se dedican a transportar las mercancías del lugar donde se producen al lugar donde se consumen, obteniendo por ello una jugosa ganancia.

 8. EL COMERCIANTE COMIENZA A ORGANIZAR LA PRODUCCIÓN.

           Los comerciantes, al principio, se limitaban a llevar los productos del artesano de un feudo a otro, de un pequeño burgo a otro. Eran comerciantes modestos. Pero con el tiempo, al crecer la demanda, al abrirse mercados lejanos, el comerciante tiene que ser más audaz: organiza caravanas, compra barcos y en ellos lleva las mercancías a México, a la India, a China, o sea, amplía gradualmente su negocio. Pero la ampliación de las operaciones trae como consecuencia que aumente la demanda de mercancías. Si antes, por decir algo, un comerciante se conformaba con vender cien pares de zapatos, hoy que surca los mares o atraviesa continentes, tiene que llevar miles de pares de esos mismos zapatos. Pero resulta que el pequeño artesano con su banquito no puede hacer esos mil pares de zapatos, es decir que hay ahí un cuello de botella: las  pequeñas herramientas, el pequeño taller, los maestros, los oficiales y aprendices no alcanzan a producir lo que el mercado exige.

Entonces el comerciante, ante ese cuello de botella, se ve obligado a idear cómo hacer que el taller produzca más, cómo hacer que el artesano aprenda a producir una cantidad mayor de mercancías en menor tiempo o, cuando menos, en igual tiempo que antes. Y lo primero que se le ocurre al comerciante es decirle al maestro artesano: "mira, si quieres vamos a hacer el negocio juntos, pero, para eso, yo necesito que tu produzcas más zapatos porque los que me vendes son muy pocos. Para ello debemos impedir que pierdan tiempo, tú y tus ayudantes, buscando materia prima (piel, suela, hilo, clavos, etc.) o consiguiendo dinero para comprarla. Yo tengo el dinero y puedo conseguir la materia prima mientras tú trabajas; por consiguiente yo te voy a traer todo lo que necesites para producir los zapatos. Tu ya no te vas a mover; desde que se levanten, tú y tus aprendices, se van a poner a hacer zapatos sin tener que preocuparse por lo demás". Este es el primer paso, fíjense ustedes: el comerciante comienza a convertirse en el organizador de la producción.

Lo primero que hace el comerciante, como dije, es amontonarle la materia prima al dueño del taller, para que éste y sus ayudantes no pierdan tiempo. Pero ¿qué ocurre ahora? Antes, la materia prima la compraba el dueño del taller, era de él y, por tanto, también eran de él, indiscutiblemente, los zapatos que con ella fabricaba. Pero al aceptar que el comerciante compre y le lleve la materia prima, ya no resulta tan claro a quien pertenece la mercancía fabricada con ella, si al artesano o al comerciante. Poco a poco, el fabricante va quedando a merced del que le trae los recursos para producir, poco a poco su mercancía pasa a propiedad del comerciante y a él le queda sólo una pequeña cantidad, valor de su trabajo, después de descontar el costo de la materia prima. Así, el antiguo artesano independiente se va convirtiendo, sin sentirlo, en un asalariado del comerciante, el cual pasa a ser el empresario, el dueño de la mercancía que otro produce. He aquí, en embrión, el origen del proletariado de un lado, y de la burguesía del otro. Así pues, el burgués nace del comerciante feudal cuando éste empieza a llevar las materias primas al artesano.

Pero lo cierto es que una vez que el artesano, gracias al comerciante, ya no anda de buscón, ni pidiendo dinero prestado, ni nada parecido, sino que tiene asegurada la materia prima y puede trabajar desde que se levanta hasta que se acuesta, sube la producción.

Pero los mercados siguen creciendo, pronto la producción vuelve a ser insuficiente. Lo que hace ahora el comerciante es convencer a todos los artesanos del mismo oficio de una ciudad (por ejemplo a todos los zapateros de Londres) para que acepten que él, y solo él, les surta la materia prima a cambio de que ellos le entreguen completa toda su producción.

A todos los zapateros de la ciudad, como quien dice, los engancha con él, se los compra; dejan de ser artesanos libres y pasan ahora a depender de un solo comerciante: él es el que les recoge toda la producción.

El comerciante se convierte, primero, en un comprador de materia prima; empieza a comprar en grandes cantidades cuero, suela, pintura, clavos, hilo, etc., y lo distribuye en todos los talleres de zapatos de la ciudad; después pasa recogiendo la mercancía ya terminada y así logra aumentar en varias veces la cantidad de productos que puede vender. He aquí el siguiente paso en la organización de la producción.

Pero aún así no basta para satisfacer el mercado creciente; es necesario inventar algo más.

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