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.:: CONFERENCIAS OBRERAS ::.

PRIMER TOMO / CONFERENCIA 7
Historia del Movimiento Obrero
La Revolución Industrial y la Fase Utópica del Movimiento Obrero 3a Parte

SEGUNDA PARTE

Noviembre de 1985

6. TOMAS MORO Y SU "UTOPIA". 

Y así ocurrió, en efecto. Tomás Moro fue un eminente abogado y estadista inglés que nació el 7 de febrero de 1478 (fíjense bien, es decir, en el siglo XV) y murió decapitado por oponerse a reconocer la validez del divorcio del Rey Enrique VIII y la separación de la iglesia inglesa de la de Roma, el 6 de julio de 1535 (es decir, a principios del siglo XVI). Moro (cuyo verdadero apellido en inglés es More) escribió en aquella temprana época del capitalismo que le tocó vivir un libro al que llamó Utopía, que es una palabra griega que quiere decir "el lugar que no existe". En ese libro Moro describe con mucho acierto el despojo de tierras que están sufriendo los campesinos ingleses a manos de los criadores de ovejas que venden la lana a la industria textil. Allí denuncia cómo les quitan a los campesinos sus tierras con engaños, con argucias legales y, si es necesario, mediante la violencia y el asesinato, lanzándolos a la calle y obligándolos a la mendicidad y al robo. También describe Tomás Moro la injusticia social de su tiempo, que consiste en que un puñado de nobles holgazanes y sus favoritos viven una vida de ocio y de regalo mientras la gran mayoría de trabajadores, que sostienen con su trabajo a los primeros, padecen hambre y miseria.

Así dice Tomás Moro con sus propias palabras: "Una de las principales causas de la miseria pública reside en el excesivo número de nobles, zánganos ociosos que viven del trabajo y del sudor de los demás, y que no se contentan con eso. Para aumentar sus rentas, exprimen a los colonos que labran sus tierras, pues es la única economía que conocen; mas si de placeres y de lujos se trata, no titubean en mostrarse pródigos hasta el desenfreno, a riesgo de tener que recurrir a la mendicidad. Además, estos caballeros, no conformes con su vida de ocio, se rodean de una caterva de perezosos que nunca tuvieron un oficio que les permitiera ganarse el pan".

Tal como si estuviésemos viendo a los grandes burgueses de esta época.

Y lo más importante de todo es que Tomás Moro atribuye estas injusticias y este estado de cosas nada menos que a la propiedad privada. Estas son sus propias palabras:

"También está fuera de duda (...) que donde quiera que exista la propiedad privada, donde todas las cosas se miden por dinero, no se podrá lograr que en el Estado reinen la justicia y la prosperidad sociales, a menos de considerar equitativa una sociedad en que lo mejor pertenece a los peores, y próspero y feliz un país en que la fortuna pública está repartida entre un puñado de individuos insaciables, entregados a lujos y placeres, mientras la mayoría vive en la más profunda miseria".

Estas certeras palabras de Moro, compañeros obreros, parecen referirse al México de nuestros días. Lo que dice ¿no es, acaso, en gran medida, lo mismo que estamos viendo y padeciendo nosotros, a pesar de que nos tocó vivir 450 años después de este hombre honrado y bondadoso?

Y Moro remataba así su pensamiento: "por eso estoy persuadido de que el único medio de distribuir equitativamente los bienes y de asegurar la ventura de la sociedad humana es la abolición de la propiedad. Mientras subsista el derecho de ésta y constituye la base del edificio social, la mayoría de los hombres, y entre ellos los mejores, no conocerán otra cosa que las ansias de la miseria, la desesperación y las peores calamidades".

Y luego dicen, compañeros, que la guerra contra el capitalismo y la propiedad privada son un invento de comunistas ateos, hijos del demonio, que sólo buscan crear problemas y alterar la paz social. Pero veamos bien estas palabras de Tomás Moro. Él también sabe que todo el mal viene del hecho de que la riqueza social vaya a dar a manos de unos cuantos, que se la apropian, mientras a la mayoría no le toca nada y, por tanto, está en contra del derecho a la propiedad privada. Y Tomás Moro no era comunista; en su tiempo no se conocía aún el comunismo porque aún no nacía su creador, Carlos Marx. Además, Tomás Moro era un hombre profundamente religioso pero honrado y bondadoso con los demás seres humanos.

Por eso Moro se indignaba en contra de los padecimientos de los hombres y denunciaba enérgicamente las lacras que acarrean la miseria y la ignorancia. El decía "la indigencia y la miseria debilitan los ánimos, embrutecen las almas y las amoldan al sufrimiento y a la esclavitud, ahogando en los oprimidos todo espíritu de rebeldía".

¡Justas palabras, compañeros obreros! En ellas está la clave del interés de los ricos porque los pobres no salgamos nunca de nuestra pobreza y de nuestra ignorancia. Ello nos haría más rebeldes, más luchadores, nos haría repudiar con toda energía la injusta situación actual y ello pondría en peligro su dominio. ¡He aquí una explicación más del motivo de los bajos salarios!

Los obreros del mundo debieran leer con mucho cariño la obra de Sir Tomás Moro. 

7. TOMAS CAMPANELLA Y “LA CIUDAD DEL SOL”.

 Otro precursor de la crítica al injusto sistema que estaba naciendo y de la defensa de los derechos de los oprimidos fue el monje dominico italiano Tomás Campanella que escribió un pequeño libro llamado “La Ciudad del Sol”.

Campanella nació después de la muerte de Moro, en 1568 (segunda mitad del siglo XVI). Por sus ideas avanzadas sufrió persecución por parte de la Iglesia y tuvo que pasar cerca de 30 años de su vida en las cárceles.

En su libro, Campanella retrata una sociedad ideal, sin pobreza, sin vicios, sin discriminaciones y sin injusticias; y todo ello lo atribuye a que en “La Ciudad del Sol” no existe la propiedad privada de los bienes y todo se disfruta en común. Hablando de los habitantes de esa ciudad imaginaria dice: “resolvieron organizar su vida en común, como la filosofía enseña”.

De tal manera, pues, que Campanella, como Moro, también está de acuerdo en que las injusticias sociales provienen de la propiedad privada y, por lo mismo, está en contra de ella y predica la vida en común.

Abundando en su idea escribe:

"Ahora bien: aunque todo es de propiedad común, la distribución es realizada por medio de funcionarios, en forma tal que todos participen equitativamente de los recursos alimentarios, las ciencias, los honores y los espectáculos y diversiones, pero sin que nadie pueda jamás apropiarse particularmente de nada".

Aquí, compañeros obreros, fíjense bien, está perfectamente clara la idea igualitaria, socialista diríamos hoy, que defiende en su libro Tomás Campanella.

También Campanella, como Moro, denunció las lacras y los vicios que trae consigo la pobreza y se manifestó radicalmente en contra de ella. Estas son sus propias palabras:

"...la miseria envilece a los hombres, haciéndolos taimados, ladrones, insidiosos, forajidos, mentirosos y perjuros, mientras que la riqueza los torna insolentes, soberbios, incultos, traidores, desleales y presuntuosos de su ignorancia. En cambio, la vida en colectividad hace de cualquier individuo un rico y un pobre al mismo tiempo: rico porque tiene y posee todo; pobre porque nadie se afana en servir las cosas, sino en servirse de ellas”.

Lo que Campanella afirma aquí es que tanto la pobreza como la exagerada riqueza enferman y degradan al individuo y que sólo la igualdad, la equidad que conlleva la vida en común, lo libera de esas lacras y lo convierte en un verdadero ser humano.

También el librito de Campanella, compañeros obreros, es digno de ser conocido por nosotros. Ambos, la Utopía de Moro y La Ciudad del Sol de Campanella, existen en ediciones relativamente baratas en español y sería bueno que los consiguieran y los leyeran. Continuamos. 


8. GRACO BABEUF Y “LA CONSPIRACION DE LOS IGUALES”.

 Otro importante precursor de la lucha social de los obreros fue el revolucionario francés (que incluso participó en algunas de las jornadas de la Gran Revolución Francesa de 1789), Francisco Emilio Babeuf (los que saben francés dicen que debe pronunciarse Babú, pero eso es lo de menos, compañeros), mejor conocido, y confieso que no sé por qué, como Graco Babeuf, que nació en 1760 y murió, decapitado por conspirar contra el Directorio, en 1797.

Babeuf encabezó, dentro del gran acontecimiento que fue la Revolución Francesa, el movimiento conocido como “La Conspiración de los Iguales” que, justamente, pregonaba la abolición radical de toda propiedad privada, pues, coincidiendo en esto con Moro y Campanella, Babeuf veía en ella la verdadera fuente de todos los males y todas las desgracias sociales.

Decía Babeuf: “La naturaleza ha dotado a todos los hombres un derecho igual para el disfrute de todos los bienes. El fin de la sociedad es defender esa igualdad, atacada frecuentemente por el fuerte y el malo, y aumentar, con el concurso de todos, los disfrutes comunes”.

También en este breve pensamiento de Babeuf está claro su sentido socialista, su deseo de terminar con la injusticia y la desigualdad que acarrean la propiedad privada y el capitalismo naciente, y sustituirla por un disfrute equitativo de todos los bienes de la tierra. 

9. SAINT SIMON.

 Debe mencionarse a otro pensador francés, Claudio Enrique Saint‑Simón, que nació en 1760 (es decir, en el mismo año que Babeuf) y murió en 1825. Saint‑Simón era economista de profesión y aunque se daba cuenta que el origen de los males sociales estaba en la apropiación privada de la riqueza, prefirió predicar reformas que a su juicio haría menos penosa la existencia de los trabajadores. Fue, de todos modos, un destacado precursor de las luchas obreras.

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