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.:: CONFERENCIAS OBRERAS ::.

PRIMER TOMO / CONFERENCIA 8
Historia del Movimiento Obrero
Del Ludismo al Cartismo 4a Parte

SEGUNDA PARTE

15 de Diciembre de 1985

6. LOS PRIMEROS INTENTOS DE ORGANIZACIÓN SINDICAL. 

En 1792 se organiza por primera vez y es importante que nos acordemos de esto lo que podría ser el primer sindicato moderno. Esto ocurre también en Inglaterra. Este primer sindicato moderno se llamó "Sociedad Correspondiente de Londres" y la dirigía un obrero zapatero que se llamaba Tomás Hardy. Tomás Hardy, compañeros, era un zapatero ignorante que no sabía leer, que no era culto y sin embargo, se puso a la cabeza de sus compañeros y logró fundar esta "Sociedad Correspondiente de Londres" que, según algunos historiadores, llega a tener ochenta mil afiliados. Para aquella época, como pueden imaginar, ochenta mil gentes es un mundo de gente. Es importante que reflexionemos sobre este hecho: un zapatero, un hombre sin mayor cultura, un hombre que trabajaba con sus manos, logra, sin ninguna experiencia anterior, sin otros ejemplos (ahora nosotros tenemos muchísimos ejemplos, pero en aquella época no los había), fundar una organización, la mayor organización de su época, con un total de ochenta mil elementos. Es importante reflexionar sobre esto porque aún en nuestros días, más de cien años después, muchos obreros que podían ser otros Tomás Hardy se niegan, por temor o por falta de carácter, a encabezar las luchas de su gremio y de su clase alegando que "les faltan conocimientos". El ejemplo de este zapatero inglés nos dice claramente que cuando hay valor y hay inteligencia no se necesita tener un título para poder luchar; los conocimientos necesarios vienen con la lucha, con la experiencia. Esta es la principal lección que debemos sacar, compañeros obreros, del ejemplo de Hardy.

La organización de Tomás Hardy se propone obtener mejores salarios pero, sobre todo, reducción de la jornada de trabajo. Evidentemente el gobierno inglés no estaba dispuesto a ceder a las primeras de cambio y, en consecuencia, precisamente como respuesta a la lucha de Hardy y sus compañeros, promulga la ley de 1799 que prohibe las huelgas y las coaliciones. Es importante repetir que esta ley condenaba, incluso a la pena de muerte, a todo aquel que intentara organizar a los obreros. Esta ley de 1799 es una de las leyes más reveladoras, más importantes para darse cuenta de lo feroces que han sido siempre el gobierno y la burguesía cuando de reprimir los intentos de unidad y defensa de los trabajadores se trata. En nuestros días, compañeros, ciertamente ya no nos fusilan, ya no nos sentencian a muerte por organizarnos y defendernos, gracias precisamente a quienes, antes que nosotros, dieron su vida, su salud, su bienestar, para conquistar esos derechos. Pero aún así, nuestra situación no es mucho mejor: no se nos fusila, digo, pero se nos despide, se nos agrede físicamente, se nos encarcela y se nos impide legalmente todo movimiento verdaderamente independiente de autodefensa. La situación, en realidad, no ha variado gran cosa. 

7. NACIMIENTO DE LAS TRADEUNIONES.

La derrota de Tomás Hardy y su "Sociedad Correspondiente de Londres" no fue, naturalmente, la derrota del movimiento obrero. Este continuó con sus esfuerzos por encontrar nuevas formas de organización y autodefensa aún a costa de sacrificios y de desafiar las leyes represivas. Surge así la idea de agrupar a los obreros de acuerdo con la rama industrial en donde trabajaban y no en forma masiva como lo intentó Hardy. Aparecen entonces por todas partes organizaciones de los obreros de una misma fábrica y de una misma rama industrial los cuales se autodenominaron tradeuniones que quiere decir, precisamente, uniones de industria. Estas tradeuniones, que surgieron en Inglaterra en la última década del siglo dieciocho en forma ilegal, al margen de la ley, son el primer brote del sindicalismo moderno. Las tradeuniones son los primeros sindicatos que se forman en el mundo entero.

Lo que siguió fue una lucha bastante larga, y por momentos muy encarnizada, para lograr el reconocimiento legal de los sindicatos. Paralelamente a esta lucha por la legislación de los sindicatos, se continúa librando también la lucha por la reducción de la jornada de trabajo. Ya desde los primeros años del siglo dieciocho los sastres de Londres y de Westminster se alzaron pidiendo la reducción de las horas de trabajo; en 1786 los encuadernadores de Londres usaron, tal vez por primera vez, el recurso de irse a la huelga, para demandar una jornada laboral de 11 horas. La huelga obrera, tanto por la reducción de la jornada como por el reconocimiento legal de las tradeuniones, alcanza su punto culminante en el período que va de 1815 a 1822 y, finalmente, en 1825 se coronó con éxito el ser legalmente reconocida la libertad legal de organización y coalición.

8. LA "UNION GENERAL DE LAS CLASES PRODUCTORAS".

El reconocimiento legal de las tradeuniones convirtió por primera vez a la clase obrera en una fuerza política de consideración. La burguesía inglesa de aquellos días, por su parte, enfrentaba un problema político que consistía en no tener representación legal en el parlamento, el cual estaba dominado por los nobles y los grandes terratenientes. Por otro lado Roberto Owen, el industrial progresista que ya conocemos, con sus experimentos sociales de New Lanark y con su prédica en favor de la educación de los trabajadores y de la reducción de la jornada de trabajo, había logrado convencer a un puñado de burgueses progresistas para que apoyaran la demanda de la reducción de la jornada de trabajo. Entre estos burgueses progresistas destacaba John Fielden al cual, por su carácter comprensivo e inteligente, los obreros le llamaban "el honrado Juan".

Pues bien, impulsados por su propio interés de una mayor representación en el parlamento y por las prédicas de Owen, Fielden, Richard Oasler, Daherty, Bronterre O'Brien y otros, los burgueses de aquella época buscan y obtienen una alianza con el movimiento obrero, dizque para luchar unidos por sus demandas. De esta alianza, a la que muchos obreros radicales se opusieron, nació la organización que se conoce como la "Unión General de las Clases Productoras".

Esta Unión impulsó grandemente el movimiento obrero, llevó a cabo numerosas huelgas y, finalmente, en 1852 logró con su fuerza la apertura del parlamento para la burguesía.

Y lo que tenía que pasar pasó: tan pronto como vieron satisfechas sus demandas, los burgueses no solamente se olvidaron de las demandas de los obreros sino que, incluso, votaron en el parlamento la reducción drástica de los subsidios que se concedían a los trabajadores domiciliarios, con lo cual se arrojó a éstos a una espantosa miseria. Esta traición de los "aliados" decepcionó grandemente a los obreros que reaccionaron odiando la lucha política y reduciéndose conscientemente a la lucha puramente gremial. Incrementaron el número de las tradeuniones y las reforzaron, hicieron huelgas por demandas netamente económicas y comenzó la era del cooperativismo. 

9. AUGE DEL OWENISMO. 

De Roberto Owen ya hemos hablado antes. Nació en 1771; su padre era talabartero y él entró desde muy chico a trabajar como aprendiz en un taller de manufactura. Su talento natural y su aplicación al trabajo lo hicieron mejorar rápidamente y pronto llegó a ser socio de una fábrica constructora de telares. Se dice que a los 19 años Owen era ya director de una fábrica de telas en Manchester. A los 21 años, en 1795, se estableció ya por su cuenta, es decir, montó su propia fábrica en New Lanark.

Pero Owen no era fabricante común. Gracias a su inteligencia y a su propia experiencia como trabajador había llegado a tener concepciones propias. Pensaba que son las condiciones del medio las que moldean el carácter de los hombres. Por tanto, decía, si queremos hacer mejores a las gentes primero tenemos que mejorar su medio ambiente, sus condiciones de trabajo. Y sin esperar permiso de nadie, él solo se lanzó por su cuenta a poner en práctica sus ideas. Se cuenta que tiró las barracas sucias y amontonadas donde vivían los obreros en New Lanark y construyó casitas limpias y ventiladas junto a calles anchas y bien cuidadas; redujo la jornada de trabajo de 14 a diez y media horas, suprimió el trabajo infantil y fundó escuelas para los hijos de los obreros en las que se enseñaba mediante la observación y la práctica directas y no sólo mediante discursos. Desterró, por fin, de su fábrica los inhumanos castigos que se infligían a los trabajadores y procuró que los obreros tuvieran siempre a mano alimentos buenos y baratos.

Todo mundo esperaba que, con tales "derroches", Owen quebrara inmediatamente; pero para sorpresa de sus oponentes, lejos de ello, sus ganancias eran ligeramente mayores que las de los patrones que trabajaban con el viejo sistema. Todo esto lo hizo Owen a partir del año 1800. Pero Owen cometía dos errores. El primero consistía en que, a pesar de querer favorecerla, no creía que la clase obrera pudiera jugar un papel activo en su propia liberación. Por tanto, no la tomaba en cuenta para nada y todo lo decidía él, en forma por demás paternalista. El segundo error consistió en que Owen pensaba que la liberación de los explotados debería cumplirse, a fuerza, por la vía pacífica, por la vía de convencer a todo mundo, principalmente a los ricos, del carácter "injusto" y "antihumano" de su conducta y, de ese modo, obligarlos a adoptar el propio sistema de Owen.

En 1806, debido a una crisis económica, Owen se vio obligado a cerrar su fábrica pero, a diferencia de otros patrones, no abandonó a sus obreros sino que les siguió abonando sus salarios mientras pudo.

Los hechos fueron haciendo avanzar a Owen en su manera de pensar. A partir de 1812 se convirtió en activo propagandista de una reforma escolar para toda Inglaterra y a partir de 1816 se hizo "socialista" aunque, desde luego, no se trataba de un socialismo científico, marxista, dado que éste aún no existía.

Como socialista Owen somete a despiadada crítica al sistema fabril nacido de la revolución industrial. Dice que "la religión, la propiedad y la indisolubilidad del matrimonio forman la trinidad del mal que hay que abolir". Señalaba también que "la propiedad privada hace del hombre un demonio y del mundo un infierno". Propone como solución las "comunas", especies de ciudades en donde el trabajo debía ser cooperativo y el consumo debía ser en común. Por ello a Owen se le considera como el padre del cooperativismo.

Ante la poca respuesta que obtuvieron sus ideas en Inglaterra, decide probar suerte en Estados Unidos a donde se traslada en 1824. Allí organizó una "comuna" que llamó New Harmony, o sea "Nueva Armonía" que también fracasó.

De regreso a Inglaterra impulsó la difusión de su catecismo y, sobre todo, con mayor fuerza, sus ideas cooperativas.

Ahora bien, a pesar de los grandes esfuerzos de Owen, la clase obrera inglesa se mostró al principio poco receptiva a sus prédicas. Prefirió seguir, como ya vimos, el camino de la organización sindical y de la lucha por conquistar sus derechos gremiales y políticos en alianza con la burguesía naciente.

Pero, después del fracaso de esa alianza en 1832, y a raíz del retraimiento político que ya dijimos, las ideas de Owen comenzaron a penetrar con más fuerza en la clase obrera. De 1833 a 1836 fue un período de auge del owenismo: creció el número de las tradeuniones que se apartaban de la lucha política y que abrazaban resueltamente la idea del cooperativismo como la "mejor" solución a las carencias y padecimientos de los obreros. 

10. RESURGIMIENTO DE LA ORGANIZACIÓN Y LA LUCHA. 

Pero esta fase no podía durar, simplemente porque la misma práctica les demostró a los obreros que ni la lucha puramente sindical ni el cooperativismo podía resolver de fondo sus problemas. Y fíjense bien, compañeros obreros, todavía en nuestros días, 150 años después, hay quienes piensan y así lo predican, que el sindicalismo, que la lucha puramente económica y gremial, es todo lo que los obreros necesitan para liberarse. Hoy está de moda satanizar la participación política de los sindicatos y se les dice que eso debe quedar sólo para los partidos políticos. Que la política es cuestión de los partidos y no de los sindicatos. Pero fíjense ustedes bien que los obreros ingleses, ya en 1836, sabían que esto es una falsedad, una engañifa. Ya desde entonces se dieron cuenta de un hecho claro: si el obrero se quiere emancipar realmente, no basta la lucha sindical ni conviene aliarse con el enemigo de clase. Es absolutamente indispensable pasar de la lucha sindical a la lucha política y es necesario hacerlo con una organización propia, independiente, sin vergonzosas alianzas con la burguesía pretendidamente progresista. Con estas dos armas ideológicas nuevas la clase obrera inglesa se lanza de nuevo a la lucha política después de un período de desaliento.

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