MOVIMIENTO ANTORCHISTA


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.:: CONFERENCIAS OBRERAS ::.

PRIMER TOMO / CONFERENCIA 8
Historia del Movimiento Obrero
Del Ludismo al Cartismo 4a Parte

TERCERA Y ÚLTIMA PARTE

15 de Diciembre de 1985

11. EL MOVIMIENTO CARTISTA EN SU PRIMERA FASE. 

En 1836 tuvo lugar el nacimiento de dos nuevas organizaciones que recogían la experiencia organizativa de Tomás Hardy y su "Sociedad Correspondiente de Londres". Estas dos organizaciones fueron la "Gran Liga del Norte" y la "Asociación Obrera de Londres" fundada por un tal Lovett. Ambas organizaciones, que más adelante se fundieron en el movimiento cartista, tenían como propósito declarado "la emancipación política del proletariado".

Poco tiempo después de fundada, la "Asociación Obrera de Londres" formuló un programa de lucha que se conoció como "Carta del Pueblo" (de ahí el nombre de cartismo) y que fue el documento que le dio nombre a este movimiento, el más importante, quizás, de toda la historia del movimiento obrero inglés.

El programa de la "Asociación Obrera de Londres" o "Carta del Pueblo" constaba de seis puntos que fueron los siguientes:


1. Sufragio universal para todos los hombres a partir de los 21 años.
2. Períodos parlamentarios anuales.
3. Votación secreta.
4. Distritos electorales formados uniformemente.
5. Dietas para los diputados.
6. Supresión del censo de fortuna para los candidatos al parlamento.

Como puede verse fácilmente las demandas obreras en la "Carta del Pueblo" eran eminentemente políticas; se trataba de lograr una mayor participación obrera en la vida pública mediante la ampliación del voto y echando abajo las restricciones para poder ser candidato a diputado, que eran de tipo económico, es decir, que sólo gente de cierta fortuna, gente rica, podía aspirar a una diputación.

Los obreros se plantearon hacer triunfar su demanda recabando firmas para luego enviarlas al parlamento. Para ello se desató una gran agitación mediante mítines, paros, propaganda escrita, que conmovió a todo el país. Se recabaron millón y medio de firmas. Pero los diputados burgueses, nobles y terratenientes, se burlaron de las firmas y negaron la petición de los obreros y la dirección de éstos no atinó a proponer ninguna medida de lucha diferente y más efectiva. Este rechazo de la "Carta del Pueblo" ocurrió el 12 de julio de 1839. El movimiento entró en un receso. 

12. SEGUNDA FASE DEL CARTISMO. 

Pero ya en julio de 1840 volvió a surgir una nueva organización que se llamó "Liga Nacional Cartista". Esta liga se propuso unir a todos los círculos cartistas dispersos por el país en una sola organización y en un solo movimiento. Esto equivalía, compañeros, ni más ni menos, que a rebasar la organización sindical para formar un verdadero partido obrero.

El movimiento creció rápidamente. En pocos meses llegó a tener 400 secciones locales que hacían un total de cuarenta mil afiliados. La nueva organización tenía un Comité Ejecutivo, sus miembros recibían una credencial, pagaban una cuota y se fijaron congresos periódicos. Se trataba en verdad de un partido obrero.

El Comité Ejecutivo de la "Liga Nacional Cartista" procedió a redactar una nueva "Carta del Pueblo" más política, más radical que la anterior, para enviarla al parlamento.

Esta vez la burguesía respondió organizando lo que se llama un "lock out", es decir, una huelga patronal, un cierre de fábricas, pensando que así los obreros se iban a espantar e iban a renunciar a sus demandas. Pero no ocurrió así.

Los obreros respondieron al lock out con la consigna del "mes santo" o sea, un mes de huelga general total que sería el mes de agosto de 1842. Se dice que la idea de la "huelga general", que aparece aquí por primera vez como arma de lucha de los obreros, fue expuesta por primera vez por un zapatero, que era también librero, llamado Guillermo Bembow. Este Bembow había publicado en 1831 un folleto titulado "El Mes Santo" en el cual desarrollaba por primera vez la idea de la huelga general como arma de lucha de los obreros. Por tanto, ahora, el comité ejecutivo de la "Liga Nacional Cartista" no tuvo más que recoger la consigna del "mes santo" y lanzarla a los obreros. Se propuso, pues, para hacer triunfar la nueva "Carta del Pueblo", lanzarse a la huelga general.

Desgraciadamente sólo los obreros del norte cumplieron. Sólo ellos respondieron a la huelga general. El resto no lo hizo así y por ello el movimiento fracasó. Fueron a la cárcel más de 1,500 líderes y otros huyeron dejando el campo abandonado.

El nuevo fracaso ahuyentó y desorganizó a los obreros. De 1843 a 1846 se dio un reflujo total hacia las posiciones defensistas, sindicalistas y los propios líderes comenzaron a pregonar como solución "la vuelta al campo".

13. TERCERA Y ULTIMA FASE DEL CARTISMO. 

Tuvo el movimiento cartista un tercero y último período de reanimación. Esto ocurrió a raíz de la revolución francesa de 1848. Precisamente en este año un nuevo congreso cartista acordó redactar otra carta, similar a la de 1842, para enviarla al parlamento. Se hizo así y para respaldar esta tercera carta se recabaron dos millones de firmas aproximadamente. El día en que la carta debía entregarse al parlamento inglés se acordó un mitin monstruo; esto era el 10 de abril de 1848. Pero el mitin falló; los obreros no acudieron al llamado y el parlamento rechazó la petición en medio de risotadas de burla.

Después de esta nueva derrota vino otra vez la represión. Nuevas huidas, nuevos encarcelamientos, y el movimiento cartista, el más importante intento de lucha política obrera habido hasta entonces, quedó definitivamente desarticulado. 

14. VALIOSAS ENSEÑANZAS DEL CARTISMO. 

Sin embargo, hay que subrayar que esta derrota fue una derrota relativa. En primer lugar, y paralelamente al movimiento cartista, no cesó la lucha de ciertos contingentes obreros por la reducción de la jornada de trabajo. En 1825 los hilanderos de algodón de Nottingham se lanzaron por primera vez a la huelga demandando ocho horas de trabajo. En 1833 los delegados de las tradeuniones reunidos en Manchester acuerdan no trabajar más de ocho horas diarias sin admitir una rebaja del salario. En 1836 los mecánicos de Londres se lanzan a una huelga que duró ocho meses, demandando también la reducción de su jornada de trabajo. El gobierno responde a estas presiones dosificando sus concesiones. El 20 de agosto de 1833 se aprueba un decreto que fija en 48 horas el máximo que puede trabajar un menor entre 9 y 16 años en una semana, sin que su jornada diaria rebase nunca las nueve horas; EN 1844 entró en vigor una ley que fija en 7 horas la jornada para los niños menores de 13 años y en 12 horas la de las mujeres mayores de dieciocho.

Finalmente, el 8 de junio de 1847, el parlamento vota una ley que establece para los adolescentes mayores de trece años y para todos los obreros la jornada de once horas con esperanza de llegar a diez horas. Esta nueva ley entró en vigor, por una curiosa coincidencia, el primero de mayo de 1848. Carlos Marx, el genio creador de la moderna teoría de la lucha y la revolución proletaria y el más grande y noble defensor de los obreros y de la humanidad entera, ve en esta ley el punto culminante de la lucha obrera por la reducción del tiempo de trabajo.

En segundo lugar, y esto es lo más importante, el movimiento cartista heredó a los obreros del mundo entero una experiencia invaluable que todavía hoy es perfectamente útil. Los cartistas enseñan a todos los obreros la importancia de la lucha política, el carácter limitado de la lucha gremial y sindical, la importancia de no aliarse jamás con el enemigo de clase y crear un movimiento propio, realmente independiente; le enseñan al obrero del mundo cómo hay que luchar, cuáles son sus verdaderos intereses y por fin, como lo más importante, le enseñan a organizar no sólo sindicatos sino, precisamente, el primer partido obrero de la historia. Es por eso, compañeros obreros, que el movimiento cartista no fue derrotado del modo definitivo. Vive en nuestros días para todos aquellos luchadores sinceros que quieren aprovecharse de su experiencia.

Después de 1848 el movimiento obrero inglés se redujo a la lucha sindical, a las tradeuniones, que preferían la lucha puramente sindical y mutualista, aunque en ciertos momentos simpatizaron con el socialismo marxista. En 1854, por ejemplo, en su congreso de Manchester, eligieron a Carlos Marx delegado honorario, participaron en algunas actividades de la Primera Internacional, fundada por Marx; pero en 1868 se unificaron para formar lo que se llamó Trade Unions Congress (TUC) que se orientó decididamente hacia la lucha sindical y hacia la colaboración con el gobierno inglés y que continúa siendo hasta hoy, la central obrera oficial de la Gran Bretaña.

Resumiendo, compañeros, hemos echado un vistazo sobre el período fundamental, de despegue, de las luchas de la clase obrera mundial. Hemos tratado de relatar desde las primeras luchas de los sastres de Londres y Westminster a principios del siglo dieciocho, hasta la ley de las once horas en 1848, pasando por la fase luddita, mutualista, la de las tradeuniones, el auge del owenismo hasta llegar al esplendor y decadencia del movimiento cartista que es, digámoslo así, el verdadero canto del cisne del movimiento obrero inglés.

Nos faltan solamente algunos hechos y algunos breves análisis sobre las causas profundas de esta evolución para dar por terminada esta breve visión del movimiento obrero más antiguo del mundo. Esto lo terminaremos la próxima vez.

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