MOVIMIENTO ANTORCHISTA


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.:: CONFERENCIAS OBRERAS ::.

PRIMER TOMO / CONFERENCIA 9
Historia del Movimiento Obrero
El Movimiento Obrero Inglés, Después del cartismo 5 Parte

PRIMERA PARTE

19 de Enero de 1986

1. INTRODUCCION.

Con esta conferencia, compañeros, vamos a dar por terminada nuestra breve relación de los hechos más importantes que conforman la historia del movimiento obrero inglés.

Como hemos dicho y repetido a lo largo de nuestras pláticas, la importancia del movimiento obrero inglés radica en que es el movimiento pionero, el movimiento madre de todo el movimiento obrero mundial, justamente porque es en Inglaterra donde el capitalismo se aposentó y se desarrolló antes que en cualquier otra parte del mundo. Consecuentemente, el movimiento obrero inglés resume en su historia lo fundamental, lo esencial de los aciertos y los errores, de los vicios y las virtudes del movimiento obrero mundial.  

2. BREVE RECORDATORIO.  

Como ustedes recordarán, hemos dicho que el capitalismo inglés comienza a surgir ya en la segunda mitad del siglo quince (o sea en el mil cuatrocientos cincuenta y tantos) y alcanza su pleno desarrollo a fines del siglo dieciocho y principios del diecinueve con la "Revolución Industrial", es decir, con la maquinización de la producción.

Los primeros brotes del movimiento obrero inglés se detectan a principios del siglo XVIII (mil setecientos y tantos) y aparecen ya en forma franca en la segunda mitad de este mismo siglo (es decir, mil setecientos cincuenta y tantos).  

a) PRIMERA FASE DEL MOVIMIENTO OBRERO.  

La primera fase, la fase espontánea del movimiento obrero inglés, es la que se conoce como la fase "luddita", que consiste en que los artesanos y los obreros domiciliarios se lanzan en contra de la competencia que les hacen las máquinas recién inventadas, destruyéndolas e incendiando los talleres y fábricas donde dichas máquinas funcionan.

El movimiento Luddita surge abiertamente en la segunda mitad del siglo XVIII (es decir, después de mil setecientos cincuenta). La primera ley en contra de la destrucción de las máquinas y los edificios fabriles se publicó en 1769. Dicho movimiento alcanza su máximo desarrollo en el año de 1811 y es por eso que al año siguiente, en 1812, se decreta, mediante una ley, la pena de muerte contra los destructores de máquinas.  

b) SEGUNDA FASE DEL MOVIMIENTO OBRERO.  

Desde fines del siglo XVIII, un importante sector del movimiento obrero se da cuenta de que el luddismo no es la única vía posible de lucha y comienza a ensayar la formación de sindicatos o tradeuniones, como se les llamó en Inglaterra. Con la represión legal del luddismo en 1812, cobra auge el movimiento tradeudionista; surgen tradeuniones por todo el país y se inicia una lucha furiosa por el reconocimiento legal de las mismas. Esta lucha alcanza su punto culminante durante los años de 1815 a 1822. Por fin, en el año de 1825, los sindicatos y tradeuniones logran conquistar el derecho legal de coalición.

En alianza con la burguesía, el movimiento obrero funda la "Unión de las Clases Burguesas y Trabajadoras" que tiene como fin reclamar una reforma electoral para ampliar el poder de la burguesía. Dicha reforma electoral se logra en 1832 gracias, principalmente, a la fuerza del movimiento obrero, pero la burguesía, una vez en el poder, traiciona a su antiguo aliado e incluso vota leyes que reducen las prestaciones ya conquistadas de antemano por los trabajadores.

Esta traición decepciona a los obreros de la lucha política y los obliga a reconcentrarse en la lucha puramente gremial, económica y cooperativa.  

c) TERCERA FASE DEL MOVIMIENTO OBRERO INGLES.  EL CARTISMO 

El cartismo es la fase más importante, más revolucionaria y más rica en lecciones aprovechables de toda la historia del movimiento obrero inglés. Sus orígenes se localizan en la "Asociación Obrera de Londres", fundada por un tal Lovett en 1836.

Se llamó movimiento "cartista" porque sus principales reivindicaciones se plasmaron en una "carta" que, firmada por miles y miles de obreros, fue enviada al parlamento inglés para su aprobación y promulgación en forma de ley.

Como ya dijimos también, compañeros, el cartismo, que históricamente arranca como tal en 1837, tiene tres fases de intensa lucha, la última de las cuales termina el 10 de abril de 1848 con la derrota más o menos completa de las peticiones obreras, y la represión despiadada de sus principales dirigentes.

Según muchos historiadores del movimiento obrero, el cartismo no sólo es importante por el tipo de reivindicaciones de carácter político que presenta al poder burgués, no sólo es importante por la gran movilización de masas que logra y por la gran variedad de recursos de lucha que descubre y emplea (el recurso de la carta misma, apoyada por miles de firmas, es una novedad) sino, sobre todo, porque el cartismo es, en el fondo, el primer intento de organización de un verdadero partido político de la clase obrera, independiente y opuesto al poder burgués, que se lleva a cabo en el seno del movimiento obrero mundial.

Hasta aquí, sobre poco más o menos, habíamos llegado la vez pasada.  

3. LAS TRADEUNIONES DESPUES DEL CARTISMO.  

Ahora bien, ¿qué sucedió en el movimiento obrero inglés después de la derrota del cartismo?

Desde 1848‑1850 hasta 1880, aproximadamente, Inglaterra conserva y acrecienta su poderío económico. Se convierte en la primera potencia colonial del mundo y sus barcos mercantes cruzan los mares en todas direcciones llevando y trayendo mercancías de todo tipo. La producción industrial se multiplica varias veces para poder satisfacer la demanda de las colonias, y la riqueza de la burguesía aumenta en cantidades nunca antes soñadas. Fue por aquellos años que Inglaterra conquistó el título de "Reina de los mares" con que se le conoció durante mucho tiempo.

Consecuentemente con el aumento de sus riquezas, la clase burguesa de Inglaterra pudo satisfacer las demandas más urgentes y sentidas de su clase obrera; pudo aumentar el tamaño del mendrugo que arrojaba a los trabajadores desde la mesa del banquete.

Y lo más importante fue que la burguesía inglesa descubrió y puso en práctica la manera de dividir a los trabajadores, creando una "aristocracia obrera", es decir, una capa de obreros de los más inteligentes y preparados, a quienes les concedió elevados salarios, altos puestos en la producción, canonjías y prebendas que los fueron corrompiendo, hasta convertirlos en lacayos y aliados de la burguesía y el gobierno inglés.

Y ésta es otra lección, compañeros obreros, que le debemos al movimiento obrero inglés. En efecto, se ha convertido en una ley universal del movimiento obrero que allí donde la burguesía es próspera, allí donde sus negocios van viento en popa y puede acumular grandes fortunas, como ocurrió con la burguesía inglesa en la segunda mitad del siglo XIX, o como ocurre actualmente con la burguesía norteamericana, el movimiento obrero pierde su combatividad, su independencia organizativa e ideológica, para convertirse en un apéndice de la burguesía, porque ésta lo compra, lo seduce y lo divide, con un ligero aumento de la migaja que normalmente arroja a la clase obrera para mantenerla viva y trabajando.

Y la recíproca también es cierta: allí donde la burguesía entra en crisis económica, allí donde ya no puede sobornar con dinero y prebendas a los líderes obreros, ni puede satisfacer las necesidades mínimas de los trabajadores en general, pierde su control sobre éstos y la clase obrera en su conjunto vuelve a ser una clase independiente y combativa que lucha por sus genuinos intereses de clase.

En México, compañeros obreros, nos hallamos prácticamente en una situación revolucionaria de este último tipo. Como a todos ustedes les consta, la actual crisis económica ha obligado a los patrones y al gobierno no solamente a un congelamiento directo y drástico de los salarios, sino a su reducción, a su disminución, por la vía indirecta de cobrarnos mayores impuestos y de elevar, en forma totalmente desproporcionada a los salarios, los precios de todos los productos y servicios que necesitamos para mal vivir, para no morirnos de hambre. Y no sólo eso. La vida entera del trabajador está empeorando día con día por las medidas "de austeridad" del gobierno. Ya no hay crédito para la vivienda ni para el campo, ya no se construyen clínicas ni escuelas, ya no se introduce a nuestras colonias drenaje ni agua potable, ya no se pavimentan las calles, etc., etc.

Todo esto es la prueba más contundente de que la burguesía mexicana ya no está en capacidad de asegurar nuestra existencia ni nuestro mínimo bienestar, a cambio de las ganancias que le redituamos con nuestro trabajo. Demuestra que ya no está en capacidad de mantenernos engañados con mendrugos y "prestaciones" y que, por tanto, se están creando las condiciones materiales para que nuestra clase levante cabeza, tome conciencia de su situación y comience a organizarce en serio, en forma realmente independiente del gobierno y los charros, para luchar por sus verdaderos y genuinos intereses de clase. Todo depende de que obreros y organizaciones políticas sepamos aprovechar con inteligencia y valor la coyuntura que se nos presenta.

Pero volvamos al asunto central. Las tradeuniones inglesas, que nunca fueron por sí solas modelo de combatividad, rápidamente se sometieron a la nueva situación de prosperidad y a los requerimientos de la burguesía. Aunque tuvieron momentos de coraje, e incluso, como ya vimos antes, llegaron a coquetear con las ideas del socialismo marxista, en lo fundamental se transformaron en un mecanismo de control de las bases obreras, en órganos de conciliación entre los obreros y los patrones. Sus principales líderes, olvidándose de las enseñanzas del verdadero socialismo, predican la concordia de las clases y repudian toda forma de lucha independiente de los obreros, muy en particular la huelga.

Por ejemplo, un tal Guillermo Allan, que era Secretario General del sindicato de mecánicos, decía: "creemos que las huelgas son, lo mismo para los obreros que para los patrones, un derroche completamente inútil de dinero".

Tomás Cooper, un viejo cartista, decía en 1870 que, estudiando la situación de la clase obrera inglesa, se veía obligado a consignar con mucha pena que: “su nivel moral e intelectual había descendido. Se vestían y comían mejor, pero sus conversaciones giraban todas sobre temas de deportes, carreras de caballos y cooperativas".

¿No se parece esto demasiado a la situación actual de la clase obrera mexicana, compañeros? ¿No es ésta, pues, otra lección que debemos de aprender del movimiento obrero inglés? ¿Cuál es la lección que de esto se desprende? La lección es, compañeros, que si nos queremos independizar no sólo de los charros sino, incluso, del capital y del gobierno, tenemos que dejar de preocuparnos sólo de futbol, de la "tele" y de las revistas de monitos, y comenzar a hablar de política, de los grandes y pequeños problemas nacionales, de la situación de nuestra fábrica, de nuestros compañeros, de nuestra clase entera, y de las formas de organización y de lucha que debemos emplear para mejorar nuestra situación.  

4. LA FORMACION DEL TRADE UNIONS CONGRESS (TUC).  

Dentro de los pocos hechos sobresalientes de la historia de las tradeuniones inglesas posterior a 1848, es decir, después de la derrota del cartismo, está la formación de un organismo de carácter nacional en el cual participaban los sindicatos ingleses. Dicho organismo, que en español se llamaría "Congreso de las Tradeuniones", tenía un carácter puramente deliberativo (de ahí el nombre de "congreso") y sus resoluciones no eran obligatorias para los sindicatos miembros. Aún así, era un paso adelante en la unificación de la clase obrera inglesa.

El Trade Union Congress (TUC) se constituye en 1868 y fue y sigue siendo el órgano máximo de representación legal de los sindicatos ingleses.

Hay que anotar aquí, también, que este "congreso" ha servido de modelo para la organización obrera de muchos países, entre ellos México. El llamado "Congreso del Trabajo" que aglutina a las principales centrales obreras del país, no es una invención de Fidel Velázquez sino un lejano eco, una mala copia del TUC inglés. He aquí, pues, otra lección, otra experiencia, esta vez organizativa, que le debemos al movimiento obrero inglés.  

5. INGLATERRA DESPUES DE 1880.  

Después de 1880 Inglaterra perdió su hegemonía industrial y marítima. Países como Alemania y los Estados Unidos, que ya la venían siguiendo de cerca, pasaron a ocupar los primeros lugares en producción y comercio mundial. Esto ocasionó que la burguesía inglesa dejara de percibir las fabulosas ganancias que venían obteniendo hasta entonces y, en consecuencia, que ya no pudiera seguir corrompiendo, con igual eficacia, a su clase obrera.

La pérdida de la hegemonía industrial y comercial de Inglaterra provocó una reactivación del movimiento obrero inglés a partir de 1880.  

6. PRINCIPALES MANIFESTACIONES DE REACTIVACION DEL MOVIMIENTO OBRERO INGLES.  

En el terreno puramente sindical, los obreros se comenzaron a revelar contra el arbitraje del estado en los conflictos laborales, en contra de la conciliación de clases, y comenzaron a exigir una actitud mas combativa por parte de los sindicatos.

Los secretarios de las tradeuniones, verdaderos lacayos de la burguesía de corbata y bombín, comenzaron a ser abucheados, repudiados como representantes obreros, y se prefirió el paso a las acciones de lucha directa, incluida la huelga.

Junto con el movimiento sindical, la clase obrera inglesa volvió sus ojos hacia la doctrina socialista de Marx, misma que durante los años de prosperidad había sido groseramente castrada o francamente repudiada por los principales líderes obreros.

Aparecieron entonces organizaciones políticas y aun “partidos obreros” que decían abrazar el socialismo como doctrina y guía para su acción política.

Entre estas organizaciones conviene mencionar, por su importancia, la llamada Federación Socialdemócrata, fundada por Hindman, y en cuya fundación participó Eleanor Marx, hija del fundador del socialismo científico; el movimiento de “los favianos”, llamados así en honor del general romano Favio Cunctator, que pregonaba paciencia para aguardar el momento oportuno de actuar, el Partido Obrero Independiente y, finalmente, el Partido Laborista inglés.

Ninguno de estos grupos y partidos, conviene subrayarlo, logró, ni ha logrado hasta la fecha, entusiasmar a la gran masa de los obreros ingleses; ninguno de ellos ha podido crear un verdadero movimiento de masas proletario y combativo que dispute el poder en serio a la burguesía inglesa.

Conviene, para terminar, resaltar que el Partido Laborista inglés, que dice ser un partido obrero, ha llegado, incluso, a gobernar Inglaterra y, precisamente en los años en que ocupó el poder fue cuando demostró claramente que no es tal partido obrero sino un sumiso agente de la burguesía inglesa, tal como lo es en nuestros días el partido socialista de Francois Mitterrand en Francia, o el PSOE de Felipe González en España.

La clase obrera inglesa sigue aguardando su despertar revolucionario. En 1920 se fundó el Partido Comunista de la Gran Bretaña pero tampoco este partido ha logrado ganarse a la gran masa obrera y encabezar sus luchas.

La causa profunda de esto, compañeros obreros, está en que el viejo león inglés, a pesar de todo, sigue siendo rico, sigue explotando colonias, sigue robando al mundo entero y, por lo mismo, sigue sobornando y mediatizando a sus obreros.

Los obreros de los países pobres podemos y debemos contribuir a la liberación de los obreros ingleses. ¿Cómo? Liberando a nuestros propios países del yugo de la explotación del capital mundial.

Así, le cortaremos las alas al imperialismo inglés, le alzaremos la canasta de nuestros recursos naturales, de nuestras materias primas, de nuestra mano de obra barata y de nuestros mercados. Con ello lo obligaremos a vivir de sus propios recursos y ya no podrá sobornar, comprar a sus propios obreros. Cuando esto ocurra (e inevitablemente ocurrirá) la hora de la liberación de la clase obrera inglesa habrá sonado.

Muchas gracias, compañeros. La próxima vez comenzaremos el estudio de otro de los grandes movimientos obreros del mundo del que tenemos mucho que aprender: el movimiento obrero francés. Espero que no falten.

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