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.:: CONFERENCIAS OBRERAS ::.

PRIMER TOMO / CONFERENCIA 10
Historia del Movimiento Obrero
El Movimiento Obrero Francés. La Gran Revolución Francesa 6a Parte

PRIMERA PARTE

Marzo de 1986

La última vez habíamos terminado, un poco apresuradamente, es cierto, con una reseña breve de la historia del movimiento obrero inglés que, como señalábamos desde el principio, es el movimiento matriz, el movimiento madre de todo el movimiento mundial, en virtud de que Inglaterra es el primer país del mundo en donde nace, se desarrolla y se consolida el sistema capitalista. Por ello, habíamos dicho que en esta plática comenzaríamos con la historia del movimiento obrero francés, que es otro de los movimientos obreros de una gran importancia para el movimiento obrero mundial en general.

Debo empezar señalando que el movimiento obrero de Francia se diferencia claramente no sólo del movimiento obrero inglés, sino de todo el movimiento obrero mundial, por su carácter esencialmente político. El movimiento obrero francés es, desde mi punto de vista, el movimiento obrero más político, más politizado del mundo. ¿Qué significa esto? Los que han estado asistiendo a las pláticas anteriores se han de acordar que hemos dicho que la lucha obrera tiene dos fases fundamentales: la fase económica (que es propiamente la lucha sindical) y la fase política, que es la fase en la cual el movimiento obrero, dirigido por un partido político, por su partido político, se aboca a pelear reivindicaciones políticas: primero, la promulgación de leyes y decretos favorables a los obreros y, después, el poder político.

Así pues, al decir que el movimiento obrero francés es un movimiento esencialmente político, lo que quiero expresar es que su lucha ha sido una lucha por reivindicaciones políticas, es decir, una lucha por conquistar leyes en beneficio de toda la clase obrera y también por la conquista del poder político. Diría yo, adelantándome un poco al desarrollo del tema, que el movimiento obrero francés es el único movimiento en el mundo ‑antes del movimiento obrero ruso‑ que intentó, e incluso logró por un momento conquistar, el poder político en su país.

Es muy importante, compañeros obreros, que nos fijemos en esta característica del movimiento obrero francés. Porque, precisamente, el movimiento obrero mexicano se caracteriza de manera opuesta al movimiento obrero francés: el movimiento obrero mexicano no tiene experiencia en la lucha política; ha sido, por las razones históricas que vamos a ver después, un movimiento esencialmente sindical e, incluso en este terreno, ha estado desde su nacimiento muy sometido al gobierno, muy controlado por el aparato de gobierno a través de los charros. Por eso es que nos importa de manera especial ver el ejemplo francés.

Al hacer esto, al comparar la historia del movimiento obrero mexicano con la de otros movimientos, nos vamos a dar cuenta de nuestra verdadera situación, de nuestras deficiencias, notaremos cómo al movimiento obrero mexicano le faltan muchas experiencias para llegar a igualarse, por ejemplo, con movimientos muy politizados como el movimiento obrero francés.

Volvamos al tema. ¿Por qué razón el movimiento obrero francés ha sido un movimiento muy politizado? Desde mi punto de vista, porque es el producto casi directo de una revolución social, lo cual no ocurre, si ustedes se acuerdan, con el movimiento obrero inglés.   El movimiento obrero inglés va surgiendo de una manera gradual, de una manera, diría yo, pacífica, conforme se va desarrollando la industria, conforme van apareciendo los inventos (como el telar mecánico) que revolucionan la producción industrial. Con el movimiento obrero francés no ocurre así. El movimiento obrero francés se empieza a gestar lentamente durante el siglo XVIII, es decir 1701, 1702, etc. En esta fase es muy similar al movimiento obrero inglés: se forman los talleres artesanales, las corporaciones de los patrones; aparecen el aprendiz, el oficial, el ayudante, el maestro artesano que explota a los demás y, con el tiempo, aparecen también los primeros intentos de organización de la producción por la vía de los comerciantes. Los comerciantes franceses, sobre todo los de las ciudades portuarias como Marsella, empiezan a tratar de unir a los pequeños talleres para formar grandes centros en donde reúnen a los obreros para cooperar entre sí, o sea, fomentan la cooperación simple y, finalmente, se llega a la manufactura. (Los que han venido repasando las pláticas deben saber a qué me estoy refiriendo). 

Así llegamos al año de 1789 (ésta es una fecha que es importante recordar). En este año estalla uno de los fenómenos más importantes de la historia del mundo: la Gran Revolución Francesa.

Así pues, hasta 1789 la clase obrera francesa ha venido sufriendo un desarrollo muy parecido a la inglesa, pero todavía no llega, propiamente, a ser una clase obrera moderna. Es un dato bien conocido que en vísperas de la revolución francesa ya ha aparecido en Francia la manufactura, pero todavía coexiste con los talleres artesanales y, por tanto, con las corporaciones patronales y con el mutualismo, o sea, con las formas más primitivas de organización obrera. Esto implica que al estallar la Gran Revolución Francesa, la clase obrera todavía no ha alcanzado un grado de madurez importante.

Ustedes se han de acordar que hemos dicho ya que el desarrollo del comercio de Europa con Oriente, a través del Mar Mediterráneo, acelera la necesidad de la burguesía de producir mercancías en gran escala para vender. Esto mismo ocurre en Francia: se ha formado ya una burguesía más o menos amplia, con intereses comerciales importantes, que se siente perjudicada por las relaciones feudales de producción que aún sobreviven dentro del territorio nacional.  Por ejemplo, en 1789 los distintos departamentos que integran el imperio francés no gozan de un comercio libre, sino que existe el impuesto comercial entre un departamento y otro, las mercancías no pueden circular libremente sino que tienen que pagar fuertes impuestos y esto dificulta muchísimo el tráfico y le resta ganancias a los comerciante franceses.

Por otra parte, los campesinos están fuertemente atados a la tierra y tienen que pagar duros impuestos al Estado, de tal manera que la agricultura no se desarrolla; la gente del campo está muy pobre, agobiada con los impuestos, y esto hace que la industria tampoco sea vigorosa al no sentirse apoyada en una agricultura fuerte (algo parecido a lo que nos pasa aquí en México: la industria sufre porque el campo no produce suficientes alimentos, ni suficientes materias primas). Esto pasaba en Francia, los campesinos estaban muy pobres y los comerciantes tenían muchas trabas para desarrollar el comercio y organizar la industria.

Otro fenómeno muy importante consistió en que había surgido lo que se llamaba la burguesía financiera. La burguesía financiera estaba formada, principalmente, por judíos y fenicios que habían logrando acumular mucho dinero y que le prestaban, incluso, al Rey y a la corte. Esta burguesía financiera, con la ambición de cobrar jugosos intereses, le prestó tanto dinero al rey que le pasó lo que le está pasando a los gringos con México: llegó un momento en que el Rey y la corte ya no les podían pagar porque estaban en bancarrota, porque no tenían dinero ni siquiera para sufragar los gastos más urgentes y necesarios del gobierno. Fue precisamente toda esta problemática: primero, que la burguesía financiera no podía cobrar las grandes cantidades que habían prestado a la monarquía; segundo, las trabas interiores para el comercio y para la libre circulación de las mercancías; tercero, las terribles cargas impositivas que determinaban una gran debilidad de la agricultura y mucha hambre en el pueblo, la que determinó la Gran Revolución Francesa.

Esta revolución fue una revolución encabezada por la burguesía, pero fuertemente apoyada por los sectores populares, que eran los que sufrían hambre y los que soportaban todo el peso de la bancarrota y la mala administración del Rey y sus ministros. ¿Quiénes integraban estos sectores populares? Principalmente los campesinos, los obreros que comenzaban a brotar y los aprendices, oficiales y maestros de los talleres, es decir, todo el artesanado y la pequeña burguesía que se concentraba principalmente en las ciudades más grandes de Francia. Se sabe que no eran muchas ni muy grandes estas ciudades. Las principales eran: París, Lyon, Burdeos, Lille, Marsella, pero me parece que, después de París, que era la más grande de todas, la que le seguía tendría unos 150 mil habitantes, es decir, eran ciudades relativamente pequeñas. Pero en esas ciudades se concentraba ya un proletariado naciente, se concentraba, además, toda la mano de obra del artesanado, o sea, maestros, aprendices, oficiales, ayudantes, etc., y también pequeña burguesía que comerciaba, o que tenía sus propios medios de producción y que vivía, pues, de su propio trabajo. Todas estas capas (el artesanado, la clase obrera de la manufactura, el campesinado y la pequeña burguesía) apoyaban a la burguesía (formada por dos grandes grupos: la burguesía industrial y comercial, y la burguesía financiera) en su lucha contra el Rey y el Estado absolutista de Francia. 

La Revolución Francesa fue una Revolución clásica, una revolución que no se dio ni antes ni después en ninguna otra parte del mundo, un choque frontal, a muerte, entre las clases nuevas encabezadas por la burguesía, y las clases viejas, encabezadas por el Rey, la nobleza y el clero.

En esta gran Revolución surge, propiamente hablando, y comienza a tomar conciencia, la clase obrera francesa. Por eso les decía yo a ustedes, compañeros, que la clase obrera francesa, a diferencia de la inglesa, es hija de una revolución y no el producto de una evolución gradual. Claro que hubo esta evolución gradual, pero su maduración se completó con el impacto de una gran revolución social, la más grande y profunda revolución que encabezó la burguesía en todo el planeta.

Fue en la Revolución Francesa donde la clase obrera empieza a ensayarse, empieza a tomar verdadera conciencia de sí misma y de sus intereses mediante su participación activa en las jornadas más importantes de la Revolución. Y para ver cómo ocurre esto, voy a tratar de decir, brevemente, cuáles fueron las principales etapas de la revolución.

En una primera etapa, a partir del 14 de julio de 1789, fecha en que el pueblo de París, amotinado, toma la Bastilla, se instaura el dominio de la gran burguesía, principalmente de la burguesía financiera y la burguesía industrial y comercial. Esto es a través de lo que se llamó la Asamblea Nacional. Todos los líderes de esta primera etapa de la revolución son grandes burgueses que no quieren, propiamente, remediar los problemas del pueblo, sino conquistar los derechos de su clase, de la burguesía. ¿Cuáles son esos derechos?  Primero, que se pagara a la burguesía financiera la deuda del Rey; segundo, que se abolieran los impuestos y alcabalas interiores y, tercero, que se le dieran facilidades a los campesinos para que pudieran pagar sus impuestos y pudieran generar una producción en la cual se apoyara la burguesía.

Esta primera etapa dura de 1789, año en que estalla la Revolución, hasta el 10 de agosto de 1792, fecha en que la pequeña burguesía, encabezada por Robespierre, se da cuenta que los intereses de la gran burguesía están frenando la Revolución. Conquistando lo que querían, se niegan a seguir luchando, a seguir profundizando la lucha en favor del pueblo: trabajo y mejores salarios para los obreros, más independencia para los campesinos, abasto seguro y barato para el pueblo pobre en general.

Quieren, repito, frenar la revolución. Pero las capas pobres, que son desde la pequeña burguesía para abajo, no están de acuerdo; ellos también están participando y quieren conquistar sus derechos.  De pronto se dan cuenta que el obstáculo principal para que siga adelante la revolución es el naciente contubernio entre monarquía (es decir, el Rey junto con su mujer, sus ministros y la corte) y la gran burguesía, para frenar la revolución. Excitadas las masas populares por esta traición a sus intereses, el 10 de agosto de 1792 asaltan el Palacio de las Tullerías y toman prisionero al Rey, es decir, cae la monarquía francesa.

A partir de ese momento se instaura la dictadura de la pequeña burguesía, la dictadura del pueblo, que empieza a poner en práctica reformas profundas en favor de los campesinos, de los obreros y de toda la pequeña burguesía pobre de París y de las grandes ciudades francesas.

Esta época, que se conoce como la época de la Convención, es la parte más alta de la curva revolucionaria, y es en esta fase donde la clase obrera juega su papel más importante. Ya desde la toma de La Bastilla, es decir, desde el inicio de la revolución, son los barrios obreros de París los que ponen los contingentes más aguerridos. Al frente de las masas que toman la Bastilla van los obreros, van los trabajadores de París, y gracias a ellos se logra, de un sólo golpe, derribar el símbolo de la monarquía francesa e iniciar el proceso revolucionario. El 10 de agosto de 1792, son precisamente las masas obreras, las mujeres de los arrabales franceses, las mujeres obreras, las mujeres trabajadoras, junto con la clase obrera, las que forman el grueso de las fuerzas que asaltan las Tullerías, (el Palacio del Rey) y toman prisionero al Rey. La gran burguesía, durante esas jornadas, se esconde, se escabulle; los mismos obreros se lo reprochan después; decían los obreros: "en las grandes jornadas ¿dónde estaban los burgueses? Estaban escondidos en sus casas, hasta en sus bodegas, como ratas se habían ocultado porque tenían miedo, y fuimos nosotros, los obreros, los que tomamos preso al Rey, por eso es que ahora somos nosotros los que debemos de cosechar los resultados de esta revolución". Y, en efecto, así fue.

A partir de ese momento, repito, se instaura la dictadura del pueblo encabezada por los jacobinos, encabezada por Robespierre, por Saint‑Just, por Couton y otras gentes que propugnaban una radicalización del proceso revolucionario. Esta es la fase más revolucionaria y ‑esto me interesa subrayarlo especialmente, compañeros obreros‑ todo el tiempo que dura, todo el tiempo que se sostiene la Convención Jacobina gobernando a Francia, lo hace gracias al apoyo de la clase obrera y de todas las clases laborantes.

Robespierre, el jefe de la Convención, dicta medidas profundamente revolucionarias. Libera de todo impuesto a los campesinos, determina que se queden con las parcelas que cultivan sin pagar indemnización, acuerda aumentos de salarios para los obreros, acuerda, incluso, pensiones para los desempleados y para todos los mutilados de guerra y elimina de manera radical las trabas burguesas a la democracia. Esto último era necesario porque la burguesía, en 1791, había proclamado una constitución que impedía que fueran electos o que votaran los pobres. Dividía a los ciudadanos en activos y pasivos y sólo los ciudadanos activos podían elegir y ser electos, pero no así los pasivos. Ahora bien ¿quiénes eran los ciudadanos pasivos? Los que no tenían dinero, los pobres de la ciudad y el campo. Evidentemente esta constitución burguesa, aparentemente democrática, en realidad dejaba fuera del juego democrático a todo el pueblo. Pues bien, Robespierre deroga la constitución del 91 y redacta una nueva constitución en la que instaura, por primera vez y de manera enérgica, el voto universal, directo y secreto. Todo mundo tenía derecho a votar. Con esto busca barrer los últimos resabios feudales que estaban impidiendo el desarrollo de la burguesía. Marx caracterizaba la fase jacobina de la revolución francesa como "la forma plebeya de ajustarle cuentas al viejo régimen, barriendo los resabios feudales y abriéndole el camino a la gran burguesía".

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