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.:: CONFERENCIAS OBRERAS ::.

PRIMER TOMO / CONFERENCIA 10
Historia del Movimiento Obrero
El Movimiento Obrero Francés. La Gran Revolución Francesa 6a Parte

SEGUNDA Y ÚLTIMA PARTE

Marzo de 1986

Desgraciadamente, tal parece que Robespierre no tenía mucha conciencia de lo que estaba haciendo. Creía que estaba haciendo una revolución definitiva, total, que no debía detenerse hasta conseguir todos sus objetivos. Por tanto, una vez consumadas sus primeras reformas, quiere seguir adelante voluntaristamente, sin tomar en cuenta los cambios operados en el ánimo y en la correlación de las clases sociales. Su sueño es una república democrática agraria, en la cual no hubiera ricos muy ricos ni pobres muy pobres, sino que todos tuvieran, como si dijéramos, una fortuna media. Y esta fortuna debía basarse, según él, en un reparto estrictamente igualitario de la tierra y en el desarrollo de la agricultura, con una pequeña industria que la completara. Pero había que ponerle límites estrictos a la riqueza: nadie podría poseer mucha tierra, nadie podría tener exceso de dinero, nadie podría concentrar en sus manos fábricas o ferrocarriles. Es decir, en el fondo, quería impedir el desarrollo de la burguesía con medidas puramente legales, administrativas.

Es decir, la actitud de Robespierre era contradictoria y, por tanto, estaba condenada al fracaso: primero le abrió camino a la burguesía, ¿cómo? Barriendo los obstáculos feudales que impedían su desarrollo; pero luego, él mismo quiso imponerle un límite, un freno, que la burguesía, naturalmente, no estaba dispuesta a aceptar. Lo que ocurrió fue que la burguesía (todas las burguesías: la financiera, la comercial y la industrial) a través de sus diputados en la Convención dio golpe de Estado el 9 de Termidor (27 de julio de 1794). Ese día la Convención vota la caída de Robespierre, lo toman preso y al día siguiente le cortan la cabeza en la guillotina. Así pagó Robespierre el intento utópico de limitar el desarrollo económico de la burguesía.

A partir de ese momento, la Revolución entra en lo que se llama la fase termidoriana que no es otra cosa que el control total del poder por parte de la burguesía financiera e industrial, mediante la eliminación de la pequeña burguesía y (esto es muy importante) de la clase obrera y de los campesinos.

Quiere decir esto, pues, que durante el período de Robespierre la clase obrera francesa estuvo, hasta cierto punto, en el poder junto con la pequeña burguesía y los campesinos. Así se explica que la Convención haya dictado leyes y decretos en favor de dichas clases.

Aquí, en este pasaje de la historia de Francia, compañeros obreros, se encierra una importantísima lección que hay que aprender. Aquí se demuestra como leyes obreras, medidas enérgicas en favor del obrero, solamente las puede dictar un gobierno de los obreros. Eso es lo que nos sugiere con toda claridad la elevación y caída de Robespierre. Pero, también nos enseña que para que haya un gobierno de obreros, para que quienes estén arriba piensen para el obrero y favorezcan al obrero, el obrero, a su vez, tiene que participar en la lucha, tiene que entrarle, como quien dice, a los golpes, y ser el sostén, como lo fue de Robespierre, del gobierno. Si no, compañeros, si los obreros nos mantenemos apartados en nuestros sindicatitos, metidos en nuestros sindicatitos como ratoncillos asustados, jamás lograremos la fuerza y la influencia necesarias para llevar al poder, y sostenerlo ahí, a un gobierno de los trabajadores.

Esto es lo que nos enseña la historia de las luchas de la clase obrera francesa; esto es lo que nosotros debemos reflexionar profundamente.

¿Por qué pudo el gobierno de la Convención, de Robespierre, dictar medidas favorables al pueblo, quitarle cargas terribles al pobre, ayudarlo realmente? Porque estaban los obreros y los campesinos defendiendo a ese gobierno, apoyándolo. En el momento en que los obreros y los campesinos fueron barridos, junto con Robespierre, el 9 de Termidor de 1794, se acabó la Revolución. A partir de ese momento, toma el control la burguesía industrial y financiera y se abre un período reaccionario.

Volvamos al tema. La única clase, la única fuerza social que, al saber la detención de Robespierre, el 9 de Termidor, se levantó intentando impedir el golpe reaccionario fue la de los barrios obreros. Solo ellos, al saber la detención de Robespierre usaron su método tradicional de convocatoria que era tocar las campanas a rebato.

Todos los barrios obreros echaron las campanas a vuelo y, una vez reunidos, marcharon sobre la Convención tratando de rescatar a Robespierre. Pero era demasiado tarde.

La verdad es que la coalición de fuerzas populares ya no pudo ofrecer un frente único porque dentro de ella misma habían empezado a surgir divisiones. La dirección, que en un momento dado había reconocido como única, pero que en realidad era la dirección de la pequeña burguesía, por un lado, y de los propios obreros, por otro, se había fracturado: por un lado quedaron Robespierre, Saint Just y Couton y, de otro, Marat, Hébert y, en general, los redactores de un periódico conocido como "El amigo del pueblo".

La dirección del movimiento de masas se dividió, perdió el rumbo. Pero la clase obrera (y esto es lo que me interesaba señalar) se mantuvo unificada y fue la única que intentó detener la caída aunque sin lograrlo, puesto que se había quedado sola frente al poderoso enemigo.

Entra, pues en acción el período termidoriano: ahora van a dirigir los representantes de la burguesía, cuya primera medida consiste en impedir que entre en vigor la Constitución del 93, es decir, la constitución de Robespierre. Finalmente, esta época, que se conoce como la época del Directorio, desemboca en el golpe de estado de Napoleón, que viene a dar la puntilla a la revolución. Se nombra Primer Cónsul de Francia (este épico día mejor conocido como "el 18 Brumario", aludiendo exactamente al 9 de noviembre de 1799, ocurrió, en realidad, el 10 de dicho mes, o sea, el 19 de brumario, según el calendario de la Revolución).

Así pues la Revolución empezó derribando a un rey y terminó con un nuevo rey, que era Napoleón. Pero no hay que confundirse pensando que nada había cambiado. Por el contrario, ya no es la misma clase la que está en el poder con Napoleón; ya no están en el poder la nobleza y el clero, sino la nueva alta burguesía. Y además (y esto es lo más importante), la alta burguesía ha derrotado a los obreros y a los campesinos; les ha ganado la revolución, les ha confiscado la revolución que ellos hicieron; se las quita de las manos y afianza su poder con el entronizamiento de Napoleón como emperador de los franceses. Este es el verdadero cambio que ha producido la Revolución.

Pero antes de admitir su derrota definitiva, antes de aceptar la muerte de la Revolución, los obreros franceses protagonizaron el último acto heroico de todo este largo proceso. Al ver como el Directorio, con Barras a la cabeza, estaba echando para atrás las conquistas revolucionarias, se alzan otra vez los barrios obreros y tratan de reconquistar el poder. Estas heroicas jornadas se conocen como las "jornadas de germinal y pradial" (principio de abril, fines de mayo de 1795). La respuesta fue la despiadada contraofensiva del Directorio. Por primera vez, en plena ciudad, se emplazan cañones y a cañonazos matan a las multitudes obreras que tratan de reconquistar el espíritu revolucionario. No era para menos: en esta nueva y última fase de la lucha, los obreros han ganado ya conciencia de clase, han aprendido ya a identificar a sus enemigos y saben que la lucha es a muerte, contra la burguesía, contra los nuevos ricos, contra los opresores. Se demuestra esto, por ejemplo, en las consignas de la lucha: "Queremos pan, queremos libertad y queremos la Constitución del 93", es decir, la constitución robespierana. Pero ya era tarde. El Directorio combate a los obreros con toda la fuerza del ejército, cerca los barrios obreros, golpea, asesina y, finalmente, desarma a las masas. Así aplasta la última rebelión de los obreros parisinos. Así se consagra la derrota obrera y se abre el camino al imperio de Napoleón.

Esta revolución, insistimos, es el nacimiento y bautizo de fuego de la clase obrera francesa. Fíjense ustedes como es clara la diferencia entre la forma en que nace el movimiento obrero francés y en la que nace el movimiento obrero inglés. La clase obrera francesa participa de manera activa, junto con los demás sectores populares, en la toma de la Bastilla; es la fuerza determinante para el asalto a las Tullerías y el derribamiento de la monarquía, es la única que reacciona con instinto de clase ante la detención de Robespierre; y la cual termina en oponerse, heroicamente, al entierro definitivo de la revolución por Barras y Napoleón, durante las jornadas de germinal y pradial de 1795.

Estas experiencias, al mismo tiempo temibles y grandiosas, son las que hicieron de la clase obrera francesa, como decíamos al principio, la más politizada del mundo.

Para terminar, compañeros, no hay que olvidar que la revolución francesa fue de principio a fin una revolución burguesa. Los resultados finales, por lo mismo, favorecieron a la burguesía y no a la clase obrera, a pesar de su heroica participación.  

Ya en 1791, es decir, en plena efervescencia revolucionaria, un diputado apellidado Le Chapelier hizo votar en la Asamblea de los Tres Estados una ley que prohibía a los obreros formar agrupaciones o sindicatos. El argumento de Le Chapelier para justificar tal medida es típico de la reacción burguesa: según él se debería prohibir a los obreros formar sindicatos y coaliciones porque eso era darles una ventaja legítima sobre el patrón que era uno solo. Si en nuestra sociedad decía Le Chapelier todos somos iguales, todos valemos por un individuo y todo individuo es igual, no hay razón ni derecho para permitir que los obreros se enfrenten en masa al patrón. Si el patrón es uno, el obrero debe ser uno también. La Ley Le Chapelier sancionaba con la pena de muerte el delito de coalición o formación de sindicatos.

Y una cosa curiosa: pasó toda la etapa heroica de la revolución, vino Napoleón, vino la restauración borbónica, vino la caída del imperio, vino la restauración del imperio de Napoleón y luego la República y no fue sino hasta 1864, fíjense ustedes, casi un siglo después, cuando finalmente el gobierno burgués francés derogó la ley Le Chapelier. Durante todo ese tiempo estuvieron prohibidos los sindicatos en Francia, a pesar de que en el mundo entero comenzaba a reconocerse la legitimidad de esa demanda. Sin embargo ‑y esto es lo que vamos a ver en la próxima plática, esto no impidió que la clase obrera francesa formara sus sindicatos, diera importantísimas luchas sobre todo por la reducción de la jornada de trabajo, por aumentos de salarios, por conquistar importantes prestaciones para el obrero y, finalmente, no impidió que la clase obrera siguiera participando en las más importantes batallas políticas de Francia, lo cual viene a reiterar, a reafirmar el carácter político, eminentemente político, de este gran movimiento, ejemplar para todos los obreros del mundo. Pero, compañeros, lo vamos a ver en la plática siguiente. 

PREGUNTAS: 

ANTONIO. Compañeros, ¿hay alguna pregunta que se desee hacer sobre la exposición del Maestro?

 

UN TRABAJADOR. Yo nada más... creo que al final se estaba abordando mi pregunta; ya, al final, la dio. Después de todo la lucha revolucionaria que hizo la clase obrera francesa ¿por qué al final queda en el papel? ¿En qué está? ¿En el atraso tremendo que existe? Pero ya ahorita acaba de decirnos, después de esto, pues, todo lo que sucedió: el sometimiento, la ley Le Chapelier, la prohibición de los sindicatos. Todo esto ¿no?, ya está ahí la respuesta, porque se atrasó, porque está en la situación en la que se encuentra hoy. 

MAESTRO. Claro, pero yo creo que de todas maneras no sería inútil agregar esto: he dicho que la clase obrera francesa en 1789 todavía no era una clase perfectamente madura; que es la Revolución Francesa al abrirle camino a la burguesía y al desarrollo capitalista, la que hace surgir a la clase obrera moderna. Esto implica, en el sentido en que va la pregunta del compañero, que la clase obrera francesa participó en la revolución como masa, más no como clase consciente de sí misma, con una ideología clara, con una filosofía propia (ésta se la viene a dar Carlos Marx hasta febrero de 1848, fecha en que aparece el Manifiesto del Partido Comunista que es el primer esbozo completo de una verdadera ideología obrera; antes nada de esto existía), la clase obrera participa como masa, mas no como clase consciente de sí. No tiene ideología, no tiene una filosofía, no tiene conciencia de sí misma como clase y, lo que es más importante, no tiene su partido, ni tiene sus líderes propios. Así, participa y lucha porque es una clase revolucionaria por su posición dentro de la economía, pero, finalmente, sus debilidades históricas determinan que acabe siendo usada por la burguesía.

La burguesía usó a los obreros para ganar el poder y ya que estuvo arriba se volvió contra ellos. Esto se manifiesta en la ley Le Chapelier y se manifiesta en toda la represión obrera que vamos a ver un poco más adelante. Y hay que añadir, sin falta, que esto mismo le pasará siempre a la clase obrera, mientras no tenga su propio partido político, mientras no tenga sus propios líderes obreros, claros de lo que hay qué hacer.

Mientras la clase obrera no se organice en forma revolucionaria e independiente, le pasará lo que le está pasando en Filipinas; ahí está pasando algo parecido. Son los obreros los que salen a la calle, son los obreros los que se están muriendo (porque no crean que son los ricos burgueses; como los franceses, están metidos en sus casas, escondidos como unas ratas), y van a ver cómo, a la larga, son los que menos van a ganar ¿Por qué? Porque en Filipinas también están participando sin dirección y sin conciencia propias. Esa señora, Corazón Aquino, si gobierna sus cabellos ya se me hace mucho; ella es un instrumento del imperialismo yanqui y, evidentemente, una vez más, están engañando a los obreros.

Miren cómo la lección francesa sigue siendo vigente. Algo semejante está pasando en Haití ¿quiénes están muriendo en Haití? Los trabajadores, los obreros. Los manipuladores burgueses dicen "ya conquistamos la democracia". No es cierto. También los franceses decían "conquistamos la democracia, conquistamos la libertad". Sí, pero la habían conquistado los burgueses, los obreros siguieron abajo. Y lo mismo pasa en Haití.

Insisto compañeros: ahí está muy claro cómo la lección francesa sigue siendo real, sigue siendo actual. Nosotros debemos aprender la lección si queremos que no nos pase lo mismo, tenemos que educarnos, organizarnos, formar nuestros propios líderes obreros. Para eso están ustedes aquí, compañeros. Esa es nuestra idea. Que todos ustedes cobren conciencia de su clase y se hagan líderes obreros para que mañana podamos conquistar el poder real y no puras ilusiones, atole con el dedo como le están dando a los filipinos y a los haitianos.

¿Alguna pregunta?

Bueno, espero que no se hayan asustado, y que nos vemos aquí la próxima vez.

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