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.:: CONFERENCIAS OBRERAS ::.

PRIMER TOMO / CONFERENCIA 12
Historia del Movimiento Obrero
El Movimiento Obrero Francés DE 1848 -1870 / 8a Parte

TERCERAPARTE PARTE

Mayo de 1998

Marx dice muy claramente en aquel documento de fundación: "la clase burguesa es poderosa, es políticamente poderosa, porque tiene el poder político" (no usa esos términos, ésa es mi interpretación, pero la esencia la garantizo), "es poderosa la clase rica porque, además, posee los medios de producción". "Los obreros en esa lucha titánica contra sus explotadores, solamente tienen una ventaja y esa ventaja es la ventaja del número ¡los obreros son millones, sus explotadores son unos cuantos!". Pero los grandes contingentes, las grandes masas, para que impongan su superioridad ‑dice Marx‑ requieren de dos condiciones: estar organizadas y tener un programa de lucha; deben de estar encauzadas por una organización y deben estar regidas por una norma. Sin estas dos condiciones su número no sirve de nada, por eso la tarea es organizar a las masas y dotarlas de un programa de lucha que las lleve a la victoria.

Este es el gran paso adelante, ésta es la gran lección política que Marx, el genio de los genios (fíjense ustedes que curioso: el genio político más grande que ha dado la humanidad vivió y pensó para los obreros; la burguesía no tiene ideólogo tan grande como lo tienen los obreros, entender esto, compañeros, nos debe alentar en la lucha), dio a los obreros del mundo en aquél memorable documento de fundación. Por todo esto, compañeros, nosotros debemos considerar el surgimiento de la Primera Internacional como uno de los momentos más importantes de la historia de nuestra clase.

Saber y recordar esto es necesario y urgente, porque, además de que tiene una importancia sin igual para la lucha de los explotados del mundo, toda esta información está secuestrada, escondida por la burguesía y sus ideólogos, quienes ponen un cuidado especial para que no la conozcan los obreros. Y es lógico, para la burguesía lo mejor es que los obreros no sepan, no conozcan sus tradiciones heroicas y los avances importantes que como clase han tenido en su desarrollo ideológico, en su desarrollo histórico. De ese modo estarán siempre desarmados para la lucha. Por eso, compañeros, es importante y necesario que nosotros subrayemos con suficiente énfasis los momentos culminantes de esa historia, de ese desarrollo.

La Primera Internacional vive doce años: de 1864 a 1876, y logra celebrar seis congresos y dos conferencias internacionales. Acosada por problemas y divisiones internas y por los acontecimientos internacionales, celebra su última reunión como tal, que fue una "conferencia", en junio de 1876, en la ciudad de Filadelfia, Estados Unidos. En dicha conferencia la propia Internacional tomó el acuerdo de disolverse por considerar que su misión estaba concluida. Pero, durante esos doce años de vida, la Internacional Obrera logra que los obreros de muchos países entiendan por primera vez en qué reside la esencia de su situación de explotados. Logra que la clase obrera de muchos países entienda, por primera vez, que la misión que tiene como clase es arrebatarle el poder político a la clase poderosa. Y no solamente que entienda esto último sino, además, que sepa la clase obrera que esto es posible, que no se trata de un sueño o de propaganda demagógica. Para apreciar la importancia de esto, recurramos, compañeros obreros, a nuestra propia experiencia. Cuántos de nosotros no decimos: "sí, estoy de acuerdo con la lucha pero ¿qué puedo hacer yo, un pobre obrero? ¿Cómo voy a tomar el poder?..." Marx y su Internacional son los primeros que le hacen entender a los obreros como ustedes, a la gente sencilla, a la gente noble, a la gente buena de este mundo, que no solamente tiene esta tarea, sino que, además, es posible y es necesario que la lleve a cabo.

Y les dice cómo. La Primera Internacional indica a los obreros del mundo, repito, que para que puedan ellos luchar con éxito por el poder político, el camino es organizarse y dotarse de un programa de lucha propio. Organizarse en forma independiente de la burguesía y sus esbirros, en sindicatos, federaciones y confederaciones de alcance nacional e incluso, en un partido político propio, realmente obrero, que enarbole como demanda fundamental de esa clase, la toma del poder político y la construcción de una sociedad nueva, más justa y humana.

Mérito fundamental de la Internacional marxista es haber comenzado a plantear de modo preciso, como una bandera central de la lucha obrera mundial, la disminución de la jornada de trabajo, y si bien es cierto que no llegó a fijarla en ocho horas, puso las bases para que más tarde, en el Congreso Internacional celebrado en la sala Petrelle de París, Francia, en 1889, Congreso que acordó la Fundación de la II Internacional, heredera directa de la Primera, se incluyera como una de sus principales banderas la jornada de ocho horas.

Muchas versiones se dan en las historias oficiales, en las historias burguesas, acerca del origen y la historia de la lucha por la jornada de ocho horas, pero todas absolutamente, esconden que fue la Internacional de Marx la que formuló por primera vez la reducción de la jornada de trabajo como una demanda universal de los trabajadores, y que fue el Congreso fundacional de la II Internacional el que la fijó en ocho horas y eligió el primero de mayo como día de lucha internacional para reclamar dicha jornada.

Y aquí permítaseme una digresión oportuna. Todo mundo sostiene que el primero de mayo es una fecha que nació con motivo de la muerte de los líderes obreros de Chicago y para "conmemorar" dicho sacrificio. Esto es rotundamente falso en su esencia. Y vean ustedes, compañeros obreros, hasta dónde es necesario sacudirnos la cultura burguesa, que muchos de nosotros damos por buena sin ponernos a pensar que los poderosos nos engañan hasta en los libros, porque ellos hacen la historia a su modo, como les conviene, engañando a los pobres para poder manipularnos mejor.

La verdad es que mucho antes del asesinato de los mártires de Chicago por la "justicia" burguesa de los Estados Unidos, el movimiento obrero ya venía discutiendo la necesidad de ponerse de acuerdo sobre una fecha única, universal, para que el gran ejército del trabajo protestara contra la explotación capitalista. Y ya se habían hecho algunos intentos esporádicos. Precisamente, la gesta de los mártires de Chicago no es la causa, sino la consecuencia, de este interés de la clase obrera mundial por encontrar una fecha de protesta universal.

Es en el Congreso Obrero Mundial, celebrado en París en 1889, cuando, por primera vez, se toma el acuerdo de elegir una fecha universal de lucha, de protesta contra el capital y contra sus gobiernos, cuya demanda central sería la reducción de la jornada de trabajo a ocho horas. Y, sólo de modo secundario como póstumo homenaje a los mártires de Chicago, se acuerda que esa fecha sea el primero de mayo. Pero fíjense ustedes bien en la diferencia: el acuerdo fundamental consiste en una fecha única, universal, de lucha por la jornada de ocho horas y por todas las demás reivindicaciones obreras; y fue la gesta de Chicago la que inclinó a los congresistas a votar porque esa fecha, que de todos modos se habría elegido alguna, fuera el primero de mayo. No fue la gesta de los mártires de Chicago la que hizo surgir la necesidad de una fecha universal del proletariado; por el contrario, fue esta última la que hizo nacer el primero de mayo.

Así pues, el primero de mayo, como fecha, como jornada de lucha de los obreros, se debe, en cierta forma, a la Primera Internacional Obrera de Marx. Debo agregar, como prueba adicional de todo esto, que el primer primero de mayo revolucionario, auténtico, no se celebró en 1887, al año siguiente de los asesinatos de Chicago, como era lógico esperar de acuerdo con la versión burguesa con la versión burguesa, sino en 1890, es decir, al año siguiente del congreso fundador de la II Internacional.

Por último debo añadir que para fijar la demanda de las ocho horas y la fecha de lucha internacional de los obreros, tuvo una gran intervención el yerno de Marx, Paul Lafargue, quien estuvo asesorado muy de cerca por el viejo Engels quien, después de la muerte de Marx, se convirtió en el principal asesor del movimiento obrero mundial. Este es otro patrimonio cultural de los obreros que hay necesidad de rescatar de las deformaciones de la historia oficial.

Sintetizando, compañeros: la Primera Internacional de Marx unificó  a los obreros más allá de sus fronteras; les creó, por primera vez, una conciencia de clase, explicándoles cuál es el verdadero fondo de su explotación; les inculcó la conciencia política de que su meta es tomar el poder; les enseñó a organizarse de modo independiente, incluido el partido político propio y sentó las bases para el surgimiento del primero de mayo como fecha de combate internacional por la jornada de ocho horas.

Esto, compañeros, relatado a muchos años de distancia, puede parecer muy sencillo, pero, vuelvo a repetir, en su época constituyó un verdadero acto revolucionario, una verdadera sacudida de las conciencias, no sólo de los obreros, sino de todo mundo, incluida la de la propia burguesía. Como consecuencia de todo esto la Internacional se convirtió, en primer lugar, en la guía universalmente reconocida de muchos obreros. Los obreros ingleses, los obreros franceses, los obreros alemanes, los obreros belgas, los obreros suizos, los obreros españoles, los obreros holandeses, los obreros norteamericanos en pequeña medida aceptaban y seguían las enseñanzas de la Primera Internacional; en segundo lugar, se convirtió también en el enemigo número uno de los explotadores del mundo. Por causa de su actividad en la Internacional, Carlos Marx se convirtió en el hombre más atacado, calumniado y perseguido por los ricos del mundo; nunca en la historia de la humanidad se ha perseguido y calumniado con tanta saña a un hombre como se perseguía a Marx, porque defendía a los obreros.

Se preguntarán ustedes, entonces, ¿por qué desapareció la Primera Internacional? ¡No la hundió el fracaso! Desapareció porque la situación del capitalismo mundial y la situación geopolítica del mundo habían variado. Es aquí precisamente donde entra, y retoma por eso, el asunto de la Guerra Franco‑Prusiana, de la que hablaba yo al principio. Dicha guerra la pierde el gobierno corrupto y debilitado de Luis Napoleón y, como consecuencia de esa derrota, como veremos en la próxima plática, se produce uno de los episodios más ilustrativos y heroicos de la lucha obrera mundial: La Comuna de París.

Desgraciadamente, como lo veremos después, La Comuna fue derrotada y, con la derrota de la Comuna, fueron enterrados muchos de los años revolucionarios no sólo de la clase obrera francesa sino de la clase obrera europea. La reacción que vino después se adueñó no sólo de Francia, sino también de Alemania y de otros países, de Holanda y de Bélgica. Esa reacción empezó a perseguir a los miembros de la Internacional de Marx, los empezó a encarcelar y, finalmente, logró imponer entre los obreros una concepción reformista, localista, gremialista de la lucha, sobre todo en Francia y Alemania, lo que llevó al rompimiento de esos obreros con la Internacional de Marx.

Por otro lado, en Inglaterra, el capitalismo inglés, ya repuesto de la guerra de secesión norteamericana, vuelve a retomar su impulso, vuelve a ser el centro del capitalismo mundial y empieza nuevamente a sobornar a su clase obrera. Las tradeuniones traicionan a la Internacional de Marx (esto lo dijimos también cuando hablamos del movimiento obrero inglés), se pasan abiertamente del lado del gobierno y se convierten en sus lacayos y en los principales obstáculos para el desarrollo de la conciencia obrera inglesa.

Hacia el interior de la Internacional, por su parte, surge otro inconveniente: en las filas del movimiento obrero internacionalista se cuela el aventurero ruso llamado Miguel Bakunin, padre del anarquismo. Bakunin, con un olfato oportunista de primera, se da cuenta que el movimiento obrero va en receso por la derrota del movimiento de la Comuna de París y por el ascenso mundial del capitalismo, y empieza a pregonar toda una serie de ideas que atacan abiertamente las ideas centrales de Marx. Logra confundir a los obreros de los países más atrasados. España, Bélgica, Suiza, Italia, abandonan las filas de la Internacional de Marx y se pasan a la Internacional del anarquismo que funda el mismo Bakunin.

Así es que la derrota de la Comuna, la reaccionarización de los principales países europeos (Francia, Alemania, Holanda, Bélgica), el fortalecimiento del capitalismo inglés que cercena las tradeuniones de la Internacional de Marx, y la traición de Bakunin, trastornan, cambian drásticamente, el sustrato político y social en que se sustentaba la  Internacional de Marx.

Marx y Engels eran políticos de una finísima sensibilidad, eran genios de la política. Cualquiera de nosotros se hubiera empeñado en sostener la Internacional simplemente por orgullo, pero ellos no operaban así. Se dieron cuenta de que su momento había pasado, de que las condiciones internacionales ya no les favorecían y por eso deciden, finalmente, suprimir, permitir que muera de muerte natural su primer y gran experimento organizativo.

Así termina la Primera Internacional, no sin haber dejado la conmoción ideológica y política más grande que haya sufrido el movimiento obrero hasta ese momento y no sin antes haber sacado la más importante lección que se podría sacar de la aventura maravillosa de los obreros franceses que fue la Comuna de París.

Marx fue el único, junto con su Internacional, que defendió abiertamente a los obreros parisinos, dijo que su experimento era "un asalto al cielo" y sacó la revolucionaria conclusión de que la Comuna de París era la primera solución práctica de cómo deben los obreros organizar su gobierno cuando tomen el poder político.

El Manifiesto del Partido Comunista, el Manifiesto Comunista de Marx, que se publica por primera vez en febrero de 1848, es un documento de hierro, fundido en una sola pieza; nada de ese documento ha envejecido, sigue igual de vivo que cuando lo escribió Marx, sigue siendo igual de cierto que  siempre. Y a ese documento genial sólo una enmienda le hizo Marx: esa enmienda se la sugirió la Comuna de París. La próxima vez hablaremos de la Comuna de París.

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