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.:: CONFERENCIAS OBRERAS ::.

PRIMER TOMO / CONFERENCIA 13
Historia del Movimiento Obrero
La Comuna de París / 9a Parte

PRIMERA PARTE

Junio de 1988

Vamos a continuar, compañeros obreros, con la historia del movimiento obrero francés.

La última vez habíamos hablado de la revolución del 48 y de la ascensión de Luis Napoleón al poder; habíamos también hablado un poco acerca del papel que en estos acontecimientos jugó la clase obrera francesa y de la evolución del movimiento obrero en el período que va de 1852 a 1870.

Dijimos, si no me acuerdo mal, que en dicho período la vida obrera transcurre fundamentalmente por los canales sindicales tradicionales. Crece en este tiempo el número de obreros, aumenta la concentración de los mismos en grandes fábricas y el producto de la industria francesa crece también aceleradamente.  A pesar de todo ello la clase obrera francesa no logra convertirse durante ese período, mayoritariamente, en una clase obrera moderna. El artesanado, el obrero con intereses todavía de carácter pequeño burgués, y la pequeña burguesía (o sea la pequeña industria), tienen preponderancia numérica, son mayoría en el seno del proletariado francés y eso determina que no sean las ideas de avanzada, las verdaderamente proletarias, las que predominen y guíen su movimiento, sino, precisamente, las doctrinas que reflejan los intereses del artesanado, del obrero atrasado y de la pequeña burguesía.

En este período, decía yo, predominan las ideas de Proudhon y las ideas de Blanqui que, aún cuando son ideas opuestas al capitalismo, aún cuando son ideas de rebeldía en contra del sistema, no son propiamente ideas de carácter proletario, sino de carácter pequeño burgués.

Veíamos, por ejemplo, cómo Proudhon predicaba la idea de que la explotación del obrero por el capitalista no se realiza a través del proceso productivo, es decir, en el seno de las fábricas y durante el tiempo en que el obrero aplica su fuerza de trabajo a la materia prima para transformarla en una mercancía elaborada, sino que él pensaba que la explotación se da en el proceso del intercambio, en el comercio. Se le venden a uno ‑decía Proudhon‑ las cosas más caras de lo que realmente valen y es ahí donde está la explotación. Esta idea tuvo mucha aceptación en aquella época y no sólo en Francia, sino, incluso, en otros países de capitalismo igual o más desarrollado. Fue Marx el primer científico que demostró, de una manera indudable y profunda, que esta idea es falsa. Él demostró que la explotación no puede producirse en el terreno del comercio, sencillamente porque el que aquí y ahora vende caro, allá y al rato, cuando tiene que comprar, también tiene que comprar caro, perdiendo así lo que ganó al vender. Lo que gana en una operación, lo pierde en otra, volviendo a quedar, en cuanto a riqueza, igual que al principio, con lo que se demuestra que el comercio fraudulento no puede ser, jamás, fuente de riqueza.

Marx argumenta, además, que para que una riqueza pueda ser robada (por ejemplo, vendiendo a los obreros las cosas más caras que lo que realmente cuestan) primero tiene, necesariamente, que ser producida por alguien, pues no se puede robar lo que no existe. Por tanto, entonces, en última instancia, se roba al dueño original, al primer productor de esta riqueza, que es el obrero.  La explotación se produce, pues, en el terreno de la producción, se explota a los obreros y a nadie más.

Pero, volviendo a Proudhon, su idea de que la explotación se produce en el proceso de intercambio y no en el de producción, lo lleva de la mano a la conclusión de que la solución a los graves problemas económicos y sociales que enfrenta la clase obrera, radica en que ésta se organice de manera que pueda competir en el terreno del comercio. Cooperativas de consumo, sociedades de crédito, bancos en poder de los obreros (ustedes ven, la CTM, por ejemplo, todavía ahora crea sus bancos obreros, lo que quiere decir que aún no ha entendido Fidel Velázquez, más de cien años después, que así no se resuelve el problema), una red de comunas obreras, ligadas o coordinadas entre sí para comercializar los productos y evitar así el intermediarismo y otras cosas por el estilo, son las que aconsejaba Proudhon a los obreros para salir de su miseria. Son las ideas del socialismo pequeñoburgués que predominaban, repito, en la clase obrera francesa de aquella época. Esto impedía, naturalmente, que los obreros pudieran formular una política efectiva, una política realmente proletaria y anticapitalista, dejando a sus enemigos de clase, hasta cierto punto, manos libres para continuar y profundizar la explotación.

Para propiciar el desarrollo del capitalismo, Luis Napoleón siguió una política de apoyo al capital financiero. El capital financiero, para decirlo brevemente pensando sobre todo en los compañeros trabajadores, es el capital de los bancos, es decir, es el capital destinado a préstamos, que sirve a los inversionistas para ampliar y hacer más rentables sus industrias y sus negocios en general.

La política de Luis Napoleón de apoyar a los dueños del dinero favoreció los negocios especulativos, es decir, aquellos negocios cuya ganancia no proviene del trabajo productivo sino de combinaciones y maniobras financieras, en detrimento de la burguesía industrial, es decir, de la dueña de las fábricas.  Se produjo entonces una desmedida concentración del dinero en manos de un pequeño grupo de especuladores, así como la quiebra de miles de artesanos y pequeños industriales, es decir, pequeña burguesía. Esto trajo, a su vez, una fuerte contracción de la producción, bajas ganancias para la burguesía industrial, cierre de miles de fábricas pequeñas, bajos salarios, desempleo masivo y, por tanto, un gran descontento no sólo entre los trabajadores sino, incluso, entre importantes grupos de la burguesía. El imperio de Luis Napoleón, en consecuencia, comenzó a tambalearse.

Tratando de evitar su ruina, el Emperador de los franceses ideó el recurso desesperado de declarar la guerra a Prusia (hoy es parte de Alemania) pretextando amenazas y diferencias fronterizas con éste último estado alemán.  La guerra fue declarada el 19 de julio de 1870.

La inestabilidad social, la corrupción del aparato de gobierno y la inepcia de los generales franceses, determinaron conjuntamente la derrota del ejército francés y la caída de Luis Napoleón. El 4 de septiembre de 1870 se formó el gobierno burgués "de la Defensa Nacional", el cual, a través de la "Asamblea Nacional" que convocó apresuradamente, capituló ante los prusianos, entregando prácticamente a los invasores la ciudad de París, capital de Francia.

A partir del 19 de septiembre de 1870, fecha en que los ejércitos prusianos llegaron a las puertas de París, sucedieron dos cosas muy importantes.  Primera, el gobierno burgués provisional de Thiers se vio obligado a entregar armas a los obreros para la defensa de París y, segunda, la Guardia Nacional, constituida por unos 300 mil hombres, eligió democráticamente, para que la condujera, a un Comité Central, integrado por elementos elegidos, en plena libertad, por cada uno de los batallones que formaban la Guardia Nacional de París.

El Comité Central es a partir de su elección, el organismo controlador de la Guardia Nacional y queda integrado, gracias al método democrático usado en su elección, por elementos populares, por gente con mucho instinto de clase, que está dispuesta a llevar hasta sus últimas consecuencias la defensa de París.

El gobierno de Thiers y la Asamblea Nacional convocada por él, en cambio, están integrados mayoritariamente por elementos monárquicos, y por representantes campesinos que, asustados por la guerra, no dudan en apoyar a la derecha reaccionaria. Por tanto, tan pronto se dan cuenta ambos organismos de lo que está ocurriendo en la Guardia Nacional y en el seno de las masas obreras armadas, al darse cuenta que el pueblo en armas puede rebasarlos y puede darle un curso diferente a la guerra (y no sólo a la guerra, sino, incluso, a la historia entera de Francia), pues piensan que si obreros y Guardia Nacional unidos logran derrotar a los prusianos, es casi seguro que al término de la guerra el pueblo en armas someta al gobierno de la república y tome el poder en sus manos, se asustan y deciden cambiar de política ordenando el desarme del pueblo y de la Guardia Nacional.

El 18 de marzo de 1871, Thiers ordena quitar a la Guardia Nacional los 250 cañones con que contaba para la defensa de París. Al darse cuenta de la maniobra, el pueblo obrero, espontáneamente, se rebela e impide la acción.  Thiers y sus ministros, asustados, huyen a Versalles (un palacio de los Reyes en las afueras de París) dejando la ciudad en manos de la Guardia Nacional y de su Comité Central.

Ahora bien, el Comité Central a pesar de estar integrado por proletarios, por gente del pueblo realmente dispuesta a derrotar al invasor y a defender a la patria, no es un organismo que tenga mucha visión política, mucha educación política. Tienen instinto, sí, pero no una educación política sistemática.  Como consecuencia de ello, al quedarse materialmente con el poder de París en sus manos, se desconciertan y no saben qué hacer. Se muestran incapaces de forjar un plan integral, cabal, para derrotar a Prusia y sus aliados traidores dentro de Francia y para conducir al país hacia una república democrática.  Están todos de acuerdo en que hay que defender a la patria, en que Francia debe de pertenecer principalmente a sus trabajadores, pero no tienen idea de cómo lograrlo, no son estrategas, no son políticos de muchos vuelos y, en consecuencia, se colocan en desventaja, desde el principio, frente a las maniobras de Thiers y el gobierno de los monárquicos en su conjunto.

Por lo mismo, pues, el Comité Central de la Guardia Nacional no ordena, como debía, la persecución de Thiers y su gobierno de "traición nacional" hasta capturarlo y reducirlo a la impotencia; teme la guerra civil, no se atreve contra los traidores y lo único que se le ocurre es convocar a elecciones de la "comuna del municipio de París" (algo así como el ayuntamiento municipal) al que pretende entregar el poder.

Esta medida poco oportuna del Comité Central, aunada a sus vacilaciones y a su falta de claridad política en general, resultaron fatales para el movimiento popular. Concedieron un tiempo precioso a los traidores de Versalles para recomponer sus fuerzas y para planear el contraataque a los obreros y a la Guardia Nacional.

Thiers y los suyos inician de inmediato una campaña de calumnias y de amenazas en contra del Comité Central acusándolo de no tener derecho a convocar a elecciones, de estar usurpando las funciones de la Asamblea Nacional y de haber convertido a París en un nido de sediciosos, asesinos, bandidos y violadores de mujeres. Esta campaña tiene por objeto confundir a la población y a la opinión pública de toda Europa, tratando de aislar a los revolucionarios para poder aplastarlos, llegado el momento, con la mayor facilidad. Se trataba también de impedir que el pueblo de París acudiera a votar al llamado del comité Central.

El Comité Central, por su parte, se defiende, aclara, contraataca mediante volantes, carteles y periódicos pero su voz resulta débil ante la furia calumniosa del gobierno. Finalmente, logra materializar las elecciones, que tienen lugar el 26 de marzo de 1871. Dos días después, el 28 de marzo de 1871, toma posesión de su puesto la Comuna de París. Han pasado diez días exactos desde la traición de Thiers (18 de marzo), diez días que, según los historiadores (y el más grande de todos ellos que era Marx), estiman que fueron fatales para la Comuna, porque durante esos diez días, como dijimos antes, la burguesía traidora y su gobierno, refugiados en Versalles, tuvieron tiempo más que suficiente no sólo para vociferar, no sólo para vomitar las peores calumnias y los peores insultos, desprestigiando al Comité Central y a la Comuna, sino también para restablecer sus contactos con el resto de Francia, para anudar compromisos con Bismark, el jefe del gobierno provisional, y el ejército invasor, para reanudar contactos diplomáticos y de otro tipo con los demás republicanos reaccionarios del continente europeo y, lo más importante, para reorganizar el ejército reaccionario que está con ellos.

La Comuna, pues, toma el poder de París el 28 de marzo de 1871. La lucha entre el pueblo de París y el gobierno burgués de Thiers, como también ya insinuamos antes, se plantea como una lucha entre los partidarios de darle guerra al invasor prusiano y los partidarios de negociar la paz.

Precisamente Thiers y los traidores se autoproclaman como partidarios de la paz y reciben, por tanto, el apoyo de los grupos sociales que temen a la guerra. De estos grupos, el más importante es el del campesinado, lo que quiere decir la provincia francesa, las ciudades y pueblos que están fuera de París (como si dijéramos, fuera del D.F.). Y es así como el gobierno de "traición nacional" resulta ser, principalmente, un gobierno de los monárquicos y de los campesinos, mientras que la Guardia Nacional y la Comuna son, propiamente, el gobierno de París. La lucha toma, entonces, el aspecto de un enfrentamiento entre París, de un lado, y el resto de Francia, por otro.

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