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PRIMER TOMO / CONFERENCIA 14
Historia del Movimiento Obrero
El Movimiento Obrero Norteamericano 10a Parte

PRIMERA PARTE

Agosto de 1988

La última vez habíamos terminado, un tanto aprisa, es cierto, una revisión breve del movimiento obrero francés y dejamos dicho que para esta vez comenzaríamos a tratar sobre el movimiento obrero norteamericano. Así lo haremos.

La importancia del movimiento obrero norteamericano reside, a mi juicio, casi exclusivamente, en el papel que este movimiento jugó en la fijación de la fecha del primero de mayo que es, como todos sabemos, la fecha internacional para la manifestación y la lucha de los trabajadores de todo el mundo; y, en segundo lugar, por su influencia mediatizadora en el desarrollo del movimiento obrero internacional de nuestros días. Por ambas razones, digo, es necesario y útil platicar sobre el movimiento obrero norteamericano.

Es conveniente recordar (porque no siempre andamos muy bien enterados de la historia de los EE.UU.) que esta nación, constituida principalmente por grupos emigrantes de toda Europa, se consolida como nación hacia 1865, año en que culmina la llamada "Guerra de Secesión" que se libró entre el Norte industrializado y el Sur esclavista.

La historia de los EE.UU. se remonta al siglo XVI (mil quinientos y tantos), cuando los primeros piratas ingleses, encabezados por Sir Walter Raleigh, empezaron a desembarcar en lo que es hoy el territorio de los EE.UU. e intentaron fundar las primeras colonias de ingleses en ese territorio. La primera de dichas colonias que se establece de manera definitiva es la que se llamó The James Town, en lo que es hoy el estado de Virginia, en 1607.

A partir de esa primera colonia, muchos grupos de emigrantes europeos, principalmente ingleses, irlandeses, pero también del continente, comienzan a poblar el territorio norteamericano que ya contaba con emigración francesa en lo que se llamó la Louissiana, y emigración española, principalmente en la Florida.  A partir de 1607, pues, se desarrolla aceleradamente la colonización inglesa y pronto están constituidas las que se llamaron "las trece colonias", que fueron el punto de origen de la nación norteamericana.

Como toda colonia, los Estados Unidos sufrieron originalmente la opresión de la Madre Patria, en este caso, de Inglaterra. Los ingleses decretaron una serie de disposiciones legales tendientes a mantener sometidas a las colonias norteamericanas, a impedir su desarrollo industrial independiente y a controlar, estrictamente, el comercio entre las colonias de Norteamérica y la Madre Patria, que era Inglaterra.  Esta situación, tal como ocurrió entre España y México, fue tornándose cada vez menos soportable, menos conveniente para los colonos ingleses en Estados Unidos. La ley del tabaco, la ley del algodón, que impedían a los norteamericanos un desarrollo agrícola e industrial acelerado, fueron el motivo de que, finalmente, las colonias se rebelaran en contra del imperio inglés.

Así, en 1775 se desata la Guerra de Independencia, es decir, el levantamiento armado de las colonias inglesas de Norteamérica en contra del dominio de Inglaterra. 

La guerra se prolongó por 6 años, hasta 1781, año que oficialmente se reconoce como el de la completa derrota del ejército inglés por parte de los colonos norteamericanos, quienes fueron auxiliados por muchos franceses, entre otros el General Lafayette que más tarde jugaría un papel importante en la Gran Revolución Francesa.

La guerra de independencia, pues, se inicia en 1775. En 1776 se emite la declaración de independencia firmada, en primer lugar, por Jorge Washington; en 1781 el ejército inglés es definitivamente derrotado y expulsado de los Estados Unidos y, finalmente, mediante lo que se conoció como el Tratado de París, que se firma en 1783, Inglaterra reconoce legalmente el carácter independiente de los Estados Unidos. De tal manera que podríamos decir que ese tratado es el acta de nacimiento legal de lo que son hoy los Estados Unidos de Norteamérica.

A partir del momento en que logran el reconocimiento universal de la independencia de su país, los políticos y dirigentes de Estados Unidos, inician el proceso acelerado de expansión económica del mismo.

En nuestros días es muy frecuente (y, digamos, que hasta apabullante) la propaganda que tiende a presentar a los Estados Unidos como un país que desde sus orígenes respetó la soberanía, la independencia, el derecho a hacer uso de sus recursos naturales de los demás países, y cuya vida interna fue siempre ejemplarmente democrática. Se presenta la vida política de los Estados Unidos como el ejemplo que deberán seguir todos los pueblo del mundo, si quieren alcanzar una vida próspera, libre y democrática: Estados Unidos es, a juicio de muchos, el modelo de la democracia mundial. Esto no es cierto.

Si nos atenemos sólo a la actualidad, no hay país más antidemocrático que los Estados Unidos El bipartidismo que impera allá no es más que un disfraz, mejor diseñado, mejor adaptado, quizás que el PRI en México, pero disfraz al fin, para mantener la dictadura de la clase rica norteamericana. El pueblo norteamericano no tiene más que de dos "sopas": o vota por los republicanos o vota por los demócratas, pero, en el fondo, siempre por una solo clase, por la clase rica, por la clase de los industriales, de los grandes terratenientes y de los grandes banqueros. Esta clase, que ha experimentado, como lo vamos a ver ahorita, un desarrollo impresionante durante aproximadamente cien años, ha logrado, entre otras cosas, una riqueza inmensa a base de la explotación de los recursos del resto del mundo, y un desarrollo tecnológico también impresionante que se manifiesta en la gran eficacia de sus medios de propaganda, de comunicación y de educación, o mejor dicho, manipulación de las masas.

La prensa, la radio, la televisión, las empresas editoriales de Estados Unidos, son de las más poderosas y de las más eficaces del mundo en su tarea de lavarle el cerebro a las grandes masas de ese país. Ahí, en realidad, hablando en estricta verdad, no existe la posibilidad de pensar libre e independientemente. Aunque así lo diga la propaganda, no es cierto. Si en algún lugar de la tierra el individuo permanece sometido, aplastado, imposibilitado de desarrollar una libre manera de pensar y de razonar, ese lugar son los Estados Unidos. Sobre el cerebro de los gringos pesa, como una enorme montaña de hierro, toda la propaganda que le llueve cada día y que llega hasta el interior mismo de sus casas, hasta su recámara, a través de la TV y a través de la radio.

Y es un continuo machacarle a la gente que los Estados Unidos son el mejor de los mundos, que la democracia norteamericana es el ejemplo a seguir por todos, que el mundo entero admira y quisiera vivir dentro de los Estados Unidos y que, por tanto, cada ciudadano norteamericano debe sentirse feliz, orgulloso de ser norteamericano, de vivir en esa democracia y debe estar dispuesto a entregar la vida por defenderla y preservarla.

En esas condiciones, es obvio que la gente no razona, no piensa, no utiliza independientemente su cerebro sino que, simplemente, responde de manera automática a la propaganda ensordecedora que lo cerca. No es posible sostener en serio, pues, que ahí sí hay democracia, que ahí sí hay libertad. Lo que hay es una manipulación terrible de las mentes, una masificación de la manera de pensar a base de los medios de comunicación, que sirve a la burguesía para dar esa apariencia de democracia que, en el fondo, es la negación misma de la democracia.

Pero todo esto, compañeros, no es nuevo, no surgió de la nada, sino que viene del fondo mismo de la historia de los Estados Unidos, como la vamos a ver, es muy distinta a la novela rosa que nos presentan los propagandistas del imperialismo yanqui.

Decíamos que a partir de 1783, cuando se firma el Tratado de París, los Estados Unidos comienzan lo que puede llamarse, propiamente, su vida independiente. Esto quiere decir, entonces, que los Estados Unidos comienzan su desarrollo capitalista antes que la propia Francia, cuya revolución, que ha pasado a ser modelo de revolución burguesa, se inicia, como todos recordamos, en 1789, o sea, 6 años después de la independencia norteamericana.

La clase dominante norteamericana (que por entonces estaba constituida principalmente por los granjeros, por los agricultores del Sur y una naciente clase industrial que comienza a surgir, poderosa, en el Norte) se convierte de inmediato en una clase absolutamente inescrupulosa que busca su desarrollo económico a toda costa, tratando de superar, de ganarle la competencia, la carrera, a los países europeos y principalmente a Inglaterra, de la cual se acaba de independizar.

Lo primero que intentan y logran es su expansión geográfica. Le compran a Napoleón Bonaparte, en 1803, toda la Louissiana, en seguida, le compran a los españoles la Florida, tratan de comprarle a México parte de su territorio y, cuando el país no lo acepta, desencadenan la agresión en su contra. Primero, todos ustedes saben, se valen de la maniobra política alentando la rebelión y el independentismo de los texanos, que se declaran independientes de México en 1836. Posteriormente, y como segundo paso de la intriga, logran que la dizque "República Independiente de Texas" declare su voluntad de anexarse al territorio norteamericano en 1841. Como México intenta, débilmente, es cierto, defender con las armas en la mano la soberanía de la Nación, los yanquis declaran la guerra contra México en 1846. Como todos ustedes saben, esta guerra fue un verdadero desastre. El país dividido entre liberales y conservadores, con un ejército mal armado y mal organizado no resiste el embate de los norteamericanos y éstos arrebatan al país, por la fuerza de las armas, dos y medio millones de kilómetros cuadrados. Esto ocurre en 1848.

La expansión norteamericana no sólo se efectúa a expensas de los estados legalmente constituidos, o sea, reconocidos por la legislación universal de entonces, no solamente compra la Louissiana a los franceses, Alaska a los rusos, la Florida a los españoles, no sólo le arrebata a México primero Texas y después la mitad del territorio que entonces nos quedaba (dos y medio millones de kilómetros cuadrados), sino que, además, se expande sobre los territorios de los indios. Declara de manera unilateral y arbitraria que todos los territorios indígenas son propiedad del Estado norteamericano y autoriza legalmente a los colonos para que, de acuerdo con sus recursos y su iniciativa personal, avancen hacia el Oeste y se apoderen de dichas tierras.

Todas esas películas de vaqueros en donde aparecen como héroes los yanquis, con su "saloon", su sheriff, no son más que la historia de la terrible rapiña de los blancos norteamericanos sobre los grupos indígenas dueños de esas tierras, desatada con el propósito, precisamente, de apoderarse de las mismas. Tribus enteras fueron arrasadas. Las que no corrieron esa surte fueron encerradas en las llamadas "reservaciones" ubicadas en las montañas pelonas, en las tierras áridas, para que allí se fueran extinguiendo lentamente, por el hambre y las enfermedades.

Los norteamericanos acaban de hecho con la población indígena dueña de los territorios, ya sea por medios violentos o con el "auxilio de la ley".

Así, mediante esta política de rapiña, de inescrupulosidad, ya esencialmente imperialista, los Estados Unidos se convirtieron rápidamente en la nación más grande y más poderosa de todo el continente. La nación norteamericana se termina de conformar, repetimos, al finalizar la llamada Guerra de Secesión en 1864.

¿En qué consiste esta guerra de Secesión? Decía hace rato que la gente que pobló el Sur, se dedicó principalmente a la agricultura: sembradores de tabaco y algodón, cultivos que entonces tenía un gran mercado internacional, lo hacían todo a base de mano de obra esclava. Aquí empieza la emigración de la mano de obra del Norte mexicano hacia los Estados Unidos que complementa a los negros, que fueron los principalmente utilizados en el cultivo de estas plantaciones. Esto es en el Sur.

En el Norte, en cambio, comienza a desarrollarse una clase industrial que se aplica a la transformación del algodón, es decir, a la industria textil, pero también comienzan a aparecer la industria del acero, la industria de los ferrocarriles y la industria de la minería.

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