MOVIMIENTO ANTORCHISTA


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.:: CONFERENCIAS OBRERAS ::.

PRIMER TOMO / CONFERENCIA 14
Historia del Movimiento Obrero
El Movimiento Obrero Norteamericano 10a Parte

TERCERA PARTE

Agosto de 1988

Ocho gentes son las que se destacan en este movimiento, mismas que constituyen, precisamente, los llamados Mártires de Chicago. De diferente nacionalidad, emigrados casi todos ellos, son los que han venido encabezando el movimiento. Cuando se llega la fecha del primero de mayo, ellos son quienes se ponen al frente de la huelga y realizan una labor intensa de propaganda (eran tipógrafos): publican hojas volantes, publican periódicos y mantienen agitada todo el tiempo a la clase obrera de Chicago.

El día tres de mayo los huelguistas realizan un mitin frente a la fábrica de maquinaria "Cirus McCormick". Se reúnen ahí aproximadamente siete mil obreros y toma la palabra August Spies, arenga a la multitud, le plantea el programa de lucha y acuerdan que una comisión, encabezada por el mismo Spies, pase a dialogar con el patrón. Mientras la comisión dialoga llega la policía y arremete contra los siete mil manifestantes. El saldo son seis muertos que caen a las puertas mismas de la fábrica McCormick, y cincuenta heridos que son trasladados a los hospitales.

Los líderes del movimiento, dejándose llevar un tanto por su carácter anarquista, responden a esta agresión injustificada de la policía con un manifiesto incendiario al final del cual hacen un llamado a tomar las armas. "Hay que enfrentar ‑dicen ellos‑ el terror de la burguesía con el terror proletario, hay que armarse y hay que enfrentar a las armas con las armas". Naturalmente que esto era caer en la provocación, es decir, era un error porque no basta tener coraje y tener valor, hay que tener también los medios reales y suficientes para enfrentar a las fuerzas represivas del gobierno y de la burguesía. Y era evidente que los obreros de Chicago que fueron agredidos frente a la fábrica McCormick no podían realmente enfrentar al Estado burgués de entonces. El estado burgués se sintió complacido con ese arranque de los anarquistas, era lo que esperaba, precisamente, para acabar de quebrarle la espina dorsal al movimiento.

Para el cuatro de mayo de 1886 se convoca a un mitin en la plaza Haymarket de Chicago, en donde se reúnen quince mil almas. Hablan dos de los dirigentes anarquistas, August Spies y Albert Pearsons, pero ninguno de ellos se atreve, realmente, a llevar adelante el llamado a las armas. Los mismos jefes policíacos que vigilaban el mitin dijeron después, textualmente, que había sido un acto pacífico en el que lo más violento que se había dicho era que había que unirse para defender los derechos de los trabajadores. No había razón para la agresión.

Sin embargo, cuando ya el mitin se disolvía, alguien arrojó una bomba entre la masa y esa fue la señal para que la policía volteara las armas contra la multitud y desencadenara la matanza.

¿Cuántas gentes murieron? No se sabe con exactitud, pero todos los testigos imparciales coinciden en afirmar que la plaza Haymarket quedó empapada con sangre obrera.

De inmediato, el gobierno norteamericano condenó la detención de los cabecillas más connotados y de todos aquellos que de una y otra manera mostraban cierta capacidad de dirección. No solamente fueron encarcelados los ocho líderes anarquistas, fue encarcelado también lo mejor de la clase obrera de Chicago: cientos de obreros fueron a la cárcel, otros tantos fueron expulsados, perseguidos, hasta que abandonaron el país, es decir, la burguesía montó una verdadera operación de descabezamiento del movimiento obrero norteamericano. Para rematar y sellar con broche de oro la operación, se montó lo que se conoce como "los juicios de Chicago".

Ocho líderes fueron enjuiciados. Esos ocho líderes, que como les decía han pasado a la historia como los Mártires de Chicago, fueron August Spies, Adolph Fischer, George Engel, Louis Lingg, Michael Schwab, Samuel Fielden, Oscar Neebe y Albert Pearsons. De esos ocho acusados sólo se salvó de la condena de muerte Oscar Neebe, quien fue sentenciado a quince años de cárcel. Los siete restantes fueron condenados a la pena capital. Sin embargo, la misma sólo se cumplió en 4 de ellos: Spies, Pearsons, Fischer y Engel, quienes fueron fusilados en el patio de la prisión el 11 de noviembre de 1887. De los 3 restantes Louis Lingg, desesperado ante la injusticia y el encierro, se suicidó, y Michael Schwab y Samuel Fielden fueron amnistiados cambiándoseles la pena de muerte por cadena perpetua. Este fue el resultado del levantamiento del primero de mayo.

No mucho tiempo después (todavía vivían Schwab, Fielden y Oscar Neebe), los investigadores jurídicos y políticos del proceso demostraron que todas las acusaciones y las pruebas habían sido monstruosamente amañadas. "Nunca ‑dijo un jurista norteamericano‑ nunca en la historia de la justicia mundial se había falseado de manera tan descarada el procedimiento legal para condenar a gente inocente". Por tanto, el gobierno norteamericano en su conjunto tuvo que reconocer públicamente que había sido una condena injusta, y ordenó la libertad inmediata de los tres sobrevivientes. Los fusilados, los muertos, sin embargo, muertos estaban.

Así ocurrió el episodio que más adelante, compañeros, vino a mezclarse de una manera rara y confusa con la historia universal del movimiento obrero.

Todos ustedes saben que cada primero de mayo, en el mundo entero, incluidos los países socialistas, se celebra una jornada universal de movilización obrera. Dicha jornada, en los últimos tiempos, se ha utilizado por las clases en el poder para dar una imagen de unidad y conciliación con las clases obreras cuyos líderes, la mayoría de las veces, no son sino empleados disimulados del Estado correspondiente.

Ahora bien, un símbolo de la pérdida de la función original del primero de mayo radica en que todo mundo afirma que el origen y el motivo de esa fecha es la conmemoración del sacrificio de los caídos en Chicago. Esto, compañeros, lo he dicho antes y aprovecho para repetirlo, no es cierto. Es verdad que los Mártires de Chicago, la huelga y la matanza de obreros que la siguió, fueron determinantes para que se escogiera esa fecha, pero el motivo no fue nunca la conmemoración de los mártires, sino la necesidad de una jornada universal de lucha para reclamar unidos todos los obreros, a los gobiernos del mundo, la legislación sobre las ocho horas y la mejoría de los salarios y las condiciones de trabajo. La idea de que los obreros deberían manifestarse como un sólo ejército a nivel mundial para reclamar sus derechos es anterior a la lucha de los obreros de Chicago. Los obreros de Chicago no fueron los que fijaron esta idea sino que se beneficiaron de esta idea que ya existía entre los obreros europeos. Para acabar de remachar el clavo, no fue a partir de este día, de este primero de mayo de 1886, que se comenzó a celebrar la fecha, porque no fue ese el motivo. Fue en 1899, cuando, por primera vez, se celebra a nivel internacional el primero de mayo como fecha de lucha del proletariado internacional. ¿Cómo ocurrió esto?

La idea principal de unir a todos los obreros del mundo en una jornada de lucha es una idea que se origina en las fuerzas del socialismo científico. Ustedes saben que fue Carlos Marx, con su análisis profundo y preciso de la mecánica con que se mueve la sociedad del capital, quien plasmó, por primera vez, al pie del Manifiesto Comunista, esta consigna: "Proletarios de Todos los Países, Uníos".  Aquí está el origen del primero de mayo: "Proletarios de Todos los Paises, Uníos". Porque así como todos los burgueses del mundo a través del océano y las montañas se dan la mano y se apoyan, así también los obreros ‑dijo Marx‑ deben unirse a nivel mundial.

Fue en el seno de la Primera Internacional, organización obrera fundada por el mismo Marx, en donde se manejó primero la idea de establecer una fecha precisa para la manifestación mundial de la fuerza obrera en defensa de sus intereses. Al desaparecer la Primera Internacional heredó la idea a los distintos destacamentos obreros nacionales, sobre todo a los obreros franceses.

En 1899, del 14 al 21 de julio, se reúne un Congreso Socialista Obrero en Francia. Fue este congreso socialista de 1899, el que, por acuerdo unánime de todos sus integrantes, fija el primero de mayo como fecha para la manifestación universal de los obreros. Hay que hacer notar que la resolución respectiva tomada por el congreso no dice que el Primero de mayo sea para conmemorar la muerte de los mártires de Chicago. Dice en cambio que hay que manifestarse en una sola vez, con toda la fuerza del proletariado mundial, por la defensa de sus reivindicaciones de clase; por la defensa de las ocho horas, por la defensa del menor trabajo para las mujeres y para los jóvenes, por la defensa del derecho de los niños a no trabajar, por las prestaciones sociales, por los salarios, es decir, por las reivindicaciones más sentidas de la clase obrera. Además, para manifestarle a la burguesía que la clase obrera no solamente busca que se mejoren sus condiciones de esclavo moderno, sino que busca conquistar el poder político para crear una sociedad que esté dedicada, que esté pensada, para el servicio de esos trabajadores. Eso es lo que dice la resolución, este es el verdadero propósito original del Primero de mayo. Y, añade (aquí traigo la cita literal, perdónenme que se las lea, pero no me la sé de memoria): "Visto que una declaración parecida ya fue decidida para el primero de mayo de 1890 por la Federación Norteamericana del Trabajo en su Congreso de diciembre de 1888, realizado en Saint Louis Missouri, esta fecha es adoptada para la manifestación internacional".

Hay una cierta influencia, pues, del primero de mayo norteamericano sobre el primero de mayo universal, pero esa influencia es puramente referencial, dado que ya en Estados Unidos se había intentado algo parecido, el Congreso Obrero Socialista Mundial, reunido en Francia, acepta esa fecha como fecha para la manifestación del proletariado, pero en esta resolución no hay siquiera una mención de los mártires de Chicago.

Ahora bien, compañeros, la diferencia es importante y hay que entenderla bien. Como dije, con el tiempo la burguesía y sus agentes en el seno de la clase obrera han querido quitarle al primero de mayo su sentido de lucha, su sentido de manifestación proletaria radical en defensa del trabajo y por el socialismo, para convertirlo en una "fecha luctuosa en honor a los Mártires de Chicago". Esto es simple y sencillamente darle una vuelta de 180 grados al problema.

Que los Mártires de Chicago estén presentes en la conciencia de los obreros del mundo, es cierto, pero que el primero de mayo se constriña nada más a homenajearlos es falso.

Desde siempre y hasta su consumación en 1890, la idea de una jornada única de lucha a nivel mundial fue por las reivindicaciones de la clase obrera del planeta. Esto es lo que se trata de desaparecer, de esconder cuando se dice que el primero de mayo es solamente un homenaje a los Mártires de Chicago. Por eso vale la pena que nosotros estemos bien claros sobre la cuestión. Aún cuando haya una relación entre las dos fechas, el primero de mayo no es un homenaje a los mártires de Chicago, es una jornada de lucha del proletariado mundial en defensa de sus intereses más inmediatos y también para ir cerrando filas en la búsqueda de la conquista del poder político. Eso es el primero de mayo.

Disculpen ustedes compañeros, este largo paréntesis aclaratorio sobre el primero de mayo que espero no resulte inútil. Es momento de que volvamos sobre el tema.

En su origen, pues, la AFL fue una organización auténtica del proletariado norteamericano. Fue ella, incluso, como ya dijimos, la promotora de la huelga que desembocó en el primero de mayo de 1886. Pero el desarrollo del capitalismo norteamericano no se detiene. Para 1890 logra, por primera vez, superar, en cuanto al volumen y valor de su producción, a todos los países capitalistas de Europa. Su producción resulta superior a la de Inglaterra, Alemania y Francia juntos. Se convierte, pues, en el cabecilla del capitalismo mundial. Este título, este desarrollo victorioso del capitalismo norteamericano, tiene por fuerza que reflejarse en su clase obrera. Empiezan a dividirse las fuerzas; la clase poderosa norteamericana tiene ahora dinero para corromper a una parte de los trabajadores y aparece entonces la élite obrera norteamericana que se empieza a oponer a los intereses de la base, y a proteger los intereses patronales, tal como ocurrió en su momento en Inglaterra.

Esto se refleja hacia el seno de la AFL en donde la corriente socialista, tanto de corte anarquista como de corte marxista, se enfrenta a los nuevos lacayos de la alta burguesía norteamericana. La lucha en el seno de la AFL hace crisis en 1894 fecha en que, por mayoría, la corriente conservadora expulsa de su seno a la corriente socialista. A partir de entonces, la AFL norteamericana se convierte en el esquirol, tanto del movimiento obrero norteamericano como del movimiento obrero mundial, lo cual vamos a ver en la próxima plática.

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