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.:: CONFERENCIAS OBRERAS ::.

PRIMER TOMO / CONFERENCIA 15
Historia del Movimiento Obrero
El Movimiento Obrero Mundial 11a Parte

PRIMERA PARTE

Octubre de 1988

Compañeros, vamos a continuar con el tratamiento y la historia del movimiento obrero a nivel internacional.

Como ustedes se han de acordar, la última vez platicamos sobre el movimiento obrero norteamericano y, en particular, sobre la fecha del primero de mayo, y habíamos quedado en que para esta ocasión terminaríamos con una visión de lo ocurrido con el movimiento obrero a nivel mundial para poder empezar con la última parte de estas conferencias, que sería la historia del movimiento obrero mexicano. De acuerdo con eso, vamos a decir ahora algunas cosas en relación con los aspectos internacionales, mundiales, del movimiento obrero.

Hay, como lo hemos podido apreciar, en los movimientos obreros nacionales que hemos visto (el inglés, el francés, el norteamericano), es decir, en el movimiento obrero internacional, dos grandes vertientes: aquella que se inclina hacia los intereses de la industria y de los grandes capitalistas, hacia los gobiernos de sus respectivos países, en virtud del control que éstos logran sobre aquel, y aquella que se inclina por los intereses de las grandes masas de trabajadores en lucha.

El primer intento de organizar el movimiento obrero a nivel mundial, o sea de crear un organismo que representara a los obreros de todo el mundo, se debe, como vimos, a Carlos Marx. Marx fue el primero que fundamentó teóricamente la necesidad de que los obreros, todos los trabajadores de todos los países del mundo, se organicen en una sola organización mundial en virtud, como él decía, de que sus enemigos, el capital, los capitalistas, forman un solo frente mundial para explotar y combatir las demandas que plantean los trabajadores en sus respectivas fábricas.

Con esta idea, se convoca el 28 de septiembre de 1864, en Londres, Inglaterra, una conferencia en la cual se acuerda crear esa organización, la "Asociación Internacional de los Trabajadores", conocida ya, popularmente, como la Primera Internacional. La Primera Internacional es el primer organismo que representa a los obreros del mundo.

Los propósitos de la Primera Internacional eran, principalmente, lograr que todos los obreros del mundo se dieran cuenta de su pertenencia a una misma clase, a la clase de los proletarios, que se dieran cuenta que sus intereses son comunes en lo fundamental, aunque haya pequeñas diferencias de país a país y que, por tanto, la lucha debe darse también en común, a nivel mundial. Esto es lo que se conoce como "internacionalismo proletario". La Primera Internacional tiene, pues, como uno de sus objetivos, difundir el internacionalismo proletario, o sea, la idea de que los obreros del mundo son igualmente explotados, igualmente vejados y que, por lo mismo, deben presentar un frente común de lucha, unidos como hermanos sin que lo impidan las fronteras de sus diversos países.

La Primera Internacional tiene como propósito, también, hacer saber a los obreros el papel importantísimo que juegan, como la clase directamente productiva, en la supervivencia de las sociedades y, por tanto, su misión histórica de terminar con la explotación y con la lucha de clases, para instaurar una sociedad de trabajadores, en donde todos tengan el mismo derecho al bienestar y a la cultura.

Estas ideas, que en la actualidad pudieran parecer muy elementales, muy sencillas, muy conocidas, en la época en que se funda la Primera Internacional eran una completa novedad. Muy pocos obreros tenían conciencia de que constituían una clase, y menos de que a nivel mundial el proletariado pudiera formar toda una hermandad. Prácticamente nadie sabía que los obreros son la clase del futuro, es decir, la clase llamada a terminar con la explotación y con la lucha de clases, formando una sociedad superior, más justa, más equilibrada y más humana.

Esta tarea, la difusión de estas tres cuestiones fundamentales para la lucha obrera del mundo, las realiza la Primera Internacional. Allí se dieron cita diferentes grupos de obreros, con distinta ideología, y hasta obreros a título personal que, por el desarrollo del movimiento en sus respectivos países, sentían la necesidad de unirse y de conocer las ideas de otros obreros y de otros dirigentes obreros, para poder dar la lucha en su país. Fue, digámoslo así, una especie de lugar de reunión o sitio de encuentro de grupos marginales y de individuos con amplia visión política en favor de los obreros, que tratan de conectarse, de influirse y de transmitirse experiencias, para ir creando una unidad y una conciencia mundial unitaria en el proletariado.

La Primera Internacional vive doce años. Discusiones internas, sobre todo las intrigas de los anarquistas encabezados por Mijail Bakunin, y cambios drásticos en la arena mundial terminan obligando al Consejo General de la Primera Internacional a trasladarse a Estados Unidos. Allí, en 1876, muere el último Secretario General de la Primera Internacional y el Comité queda acéfalo. La lejanía de Inglaterra, donde vivían Marx y Engels, unida a la dificultad tan grande que significaba en aquella época el océano que separa a Europa de Estados Unidos, hace que la Primera Internacional vaya languideciendo y, finalmente, que acuerde disolverse en 1876.

Durante esos doce años, no obstante, la Primera Internacional logró difundir a nivel mundial las consignas más importantes que hasta nuestros días determinan las grandes líneas dentro de las que se mueve el movimiento proletario del mundo.

La siguiente experiencia de este tipo es la Segunda Internacional. La Segunda Internacional se funda en 1889, después de la muerte de Carlos Marx; la funda su gran amigo, Federico Engels. La Segunda Internacional difiere de la Primera Internacional en que ya no se organizan en ella grupos aislados y marginales o individuos sueltos sino que es ya una organización que reúne en sí a los diferentes partidos obreros más desarrollados del mundo en aquella época. Se trata, más que de un organismo de combate, de una tribuna en la cual los diferentes partidos obreros del mundo exponen sus ideas, intercambian experiencias y coordinan los movimientos que cada uno, en su respectivo país, puede dar con el apoyo de el resto de los miembros de la Segunda Internacional.

La Segunda Internacional es también la organización que impulsa la lucha democrática de los partidos obreros. Es bajo la dirección de la Segunda Internacional como empiezan a aparecer los "diputados de oposición" en los parlamentos europeos, particularmente en el alemán. Esto es importante para nosotros los mexicanos, a los que se nos presenta como una gran novedad "democrática" el arribo a la Cámara de Diputados de los partidos de izquierda. Nos conviene saber, digo, que esto será una novedad para la "izquierda" mexicana, pero, en realidad, históricamente hablando, es casi casi ya una reliquia, pues, repito, desde el siglo pasado, bajo la dirección de la Segunda Internacional, el Partido Obrero Alemán, el Partido Obrero Francés, el Partido Obrero Inglés y varios otros partidos, lograron formar fracciones parlamentarias importantes en sus respectivos congresos con la idea de que, de ese modo, podrían defender mejor los intereses de la clase obrera y podrían desarrollar de una manera una más rápida y eficaz el movimiento revolucionario de sus países.

Hay que añadir sin falta que ninguno de esos partidos ha logrado consumar un proceso profundo de cambio. Francia, Inglaterra, Alemania, Italia, siguen siendo países dominados por el capital privado; y los obreros de esos países siguen siendo, simple y sencillamente, asalariados; quizás un poco mejor pagados que los mexicanos, pero de todas maneras, explotados y asalariados de las grandes corporaciones industriales.

Esto quiere decir, compañeros, que la experiencia de la Segunda Internacional no es solamente una experiencia positiva; a mi manera de ver (aquí me atrevo a dar mi punto de vista personal y no propiamente el de los historiadores) es más importante analizar el aspecto negativo de la experiencia de la Segunda Internacional. Ese aspecto negativo, que en México es de gran importancia por lo que estamos mirando ahora, consiste en que la historia de la Segunda Internacional y la política que aconsejó a los diferentes partidos que la integraban, de formar "fracciones parlamentarias" hacia el interior de los parlamentos burgueses, no dio, ni ha dado hasta la fecha, ningún resultado cierto. No sólo eso, es mi opinión que la quiebra vergonzosa del partido obrero alemán y de toda la Segunda Internacional en su conjunto, salvo el partido bolchevique de Lenin, en vísperas de la Segunda Guerra Mundial, que consistió en traicionar los intereses de los obreros y el pueblo, no denunciando la guerra y más bien apoyando a sus respectivas burguesías guerreras bajo el pretexto de la "defensa de la patria", fue en gran parte consecuencia del reblandecimiento de esos partidos a través de la "actividad parlamentaria".

La consecuencia y la  prueba de todo esto es que los países que iniciaron esa ruta, siguen siendo hoy dominados por el capital, siguen siendo países capitalistas, no han podido hacer su propia revolución proletaria, como era la finalidad del camino elegido. No sólo eso, la propia Segunda Internacional fue víctima de la política "democrática" de los partidos que la integraban.

¿Cómo desapareció la Segunda Internacional?

La Segunda Internacional desapareció en 1914, es decir, 25 años después de su fundación por Federico Engels. Pero lo importante es saber que su desaparición ocurrió justamente en vísperas de la Primera Guerra Mundial, es decir, cuando un grupo de países encabezados por Alemania se lanza a la conquista del mundo, a la conquista de otros países, tratando de apoderarse por la fuerza de sus recursos, de su territorio, de sus mercados y de la libertad de sus hombres. Así, la Segunda Internacional desaparece cuando más necesaria era, es decir, cuando la situación mundial le ofrecía la más brillante y urgente oportunidad para poner en práctica sus principios y para probar su fidelidad a los intereses de los obreros y el pueblo en general.

Muy lejos de responder a este reto histórico, la inmensa mayoría de los representantes de los partidos que integraban la Segunda Internacional, especialmente aquellos que, como el alemán, se encontraban muy bien enchufados dentro de los aparatos de poder,  contando con un importante número de diputados, no estuvieron de acuerdo con una política revolucionaria que denunciara la guerra y llamara a la desobediencia civil; por el contrario, se aliaron con los grandes promotores de la guerra, se aliaron con los burgueses, con los capitalistas de su país y apoyaron sus ansias guerristas y de conquista de territorios ajenos. Los dirigentes "obreros", en vez de denunciar a los burgueses de su país como lo que eran, como bandidos y sanguinarios guerristas que iban a lanzar al proletariado a la matanza para defender sus ganancias, los defendieron y ensalzaron como "defensores de la patria" y reforzaron sus políticas de rapiña y de sacrificio del pueblo trabajador.

Solamente Lenin y su partido bolchevique sostuvieron en alto los principios y los intereses genuinos de los proletariados, sólo él denunció la política traidora de la Segunda Internacional y se retiró de ahí. Este fue el fin de la Segunda Internacional que ocurrió, repito, en 1914.

¿Qué nos enseña todo esto, compañeros obreros? Desde mi punto de vista, nos enseña que la táctica de acomodarse en los parlamentos burgueses, para "dar desde ahí la pelea en defensa de los obreros", es una táctica errónea, falsa, que muy lejos de producir los avances y la consolidación revolucionaria que se busca, produce todo lo contrario. A la larga reblandece a los luchadores, convierte a los dirigentes revolucionarios en devotos del poder, amigos del Estado burgués; en arribistas traidores que no vacilan en vender sus convicciones a cambio de seguir disfrutando de dietas y honores.

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