MOVIMIENTO ANTORCHISTA


Conferencia 1
Conferencia 2
Conferencia 3
Conferencia 4
Conferencia 5
Conferencia 6
Conferencia 7
Conferencia 8
Conferencia 9
Conferencia 10
Conferencia 11
Conferencia 12
Conferencia 13
Conferencia 14
Conferencia 15
Conferencia 16
 
 
 
 
.:: CONFERENCIAS OBRERAS ::.

PRIMER TOMO / CONFERENCIA 15
Historia del Movimiento Obrero
El Movimiento Obrero Mundial 11a Parte

SEGUNDA PARTE

Octubre de 1988

No es mi intención hacerle al profeta pero, pienso, compañeros obreros, que en México se comprobará una vez más, el punto de vista leninista en torno a la táctica de lucha proletaria. Creo que las fracciones parlamentarias de los grupos de izquierda en México van derechito a la misma política traicionera que en su momento se dio en el seno de la Segunda Internacional. Seguramente que con el tiempo se van a aficionar al poder, a las dietas, a los altos salarios (ustedes saben que un diputado gana, hoy en día, alrededor de un millón de pesos por mes), se van a aficionar a la gloria efímera de sentirse famosos, de ver su imagen y sus "declaraciones" en la prensa diaria, de ser adulados por la prensa burguesa como los grandes tribunos y los heroicos defensores de la patria en crisis. Y ya no querrán salir de la "Cámara"; estarán dispuestos a arriesgarlo todo, a renunciar a todo, con tal de seguir en el juego del poder. Creo que lo veremos.

Por eso, es que a mí me parece que la lección de lo que ocurrió en la Segunda Internacional debe ser conocida y entendida por los obreros mexicanos, porque es una lección viva que nos ilustra y nos orienta para entender y actuar correctamente en el momento político que está viviendo nuestro país. Por ejemplo, esta lección histórica nos permite contestar con seguridad, ahora, a la siguiente importante cuestión de política actual: ¿es correcto o no el camino que está siguiendo la "izquierda" mexicana, entregándose sin reparos a la "reforma política" y a la "lucha parlamentaria"? ¿Conquistarán los pobres de México por esa vía, el poder político y sus objetivos revolucionarios y populares en general?

La experiencia de la Segunda Internacional nos dice que no, que ese camino conduce a que, finalmente, hasta los mismos diputados de izquierda se vuelvan corruptos, les guste el poder y terminen pasándose al lado de la burguesía. Eso es lo que nos sugiere, repito, la experiencia de la Segunda Internacional.

Volvamos al hilo central. Así, pues, con la traición que cometen los líderes mundiales de la Segunda Internacional en vísperas de la Primera Guerra Mundial, termina la vida de este segundo gran intento de organización mundial de los trabajadores.

Ahora bien, el producto más importante de la Primera Guerra Mundial fue la Revolución Rusa de 1917. Lenin, como ya dije, con una política diferente, totalmente opuesta a la de los traidores de la Segunda Internacional, no aconseja a la clase obrera rusa que se alíe con sus burgueses explotadores "para defender a la patria", sino le dice: los culpables de que ustedes, obreros, soldados y campesinos, se estén muriendo en los frentes de batalla de frío, de hambre, de piojos, para defender intereses que no son los de ustedes, mientras los beneficiarios de tales intereses hacen una vida regalada y confortable, son esos mismos ricos hipócritas que los manipulan con el cuento de que "la patria está en peligro y hay que defenderla". ¡No, no es la patria lo que está en peligro, sino la bolsa y los intereses de esos grandes parásitos y ladrones!  ¡No más sangre del pueblo para proteger a esos lobos! ¡Lo que debemos hacer es organizarnos los soldados, los campesinos y los obreros, para derribar del poder a los burgueses rusos e instaurar el poder proletario, el poder de las masas obreras y campesinas!  Eso les dijo Lenin.

Y, en efecto, todos los pobres de Rusia, incluso los soldados rasos (ustedes saben, porque aquí en México lo vemos, que la inmensa mayoría de los soldados rasos son gente pobre, son hijos del pueblo que, muchas veces, sufren tanto como un obrero o como un campesino) escucharon a Lenin, entendieron que tenía razón, y lo siguieron en su política de voltear las armas en contra de los propios explotadores de su país. Y, así guiados por Lenin y su partido de obreros y campesinos derribaron al Zar, que era el autócrata, que era el dictador ruso, lo echaron del gobierno junto con todos los corrompidos burgueses que lo rodeaban y tomaron el poder en sus manos.

 

La Gran Revolución Socialista en Rusia tuvo lugar, según el propio calendario de los rusos, el 25 de octubre de 1917. Esta es una de las revoluciones más importantes que ha conocido la humanidad porque por primera vez en la historia del mundo, el poder en un país inmenso como Rusia pasó de las manos de los ricos a las manos de los obreros y de los campesinos: un gobierno de pobres.

Mucha gente en aquel entonces, dijo: ese gobierno no va a durar, los pobres, los muertos de hambre, los ignorantes, no pueden gobernar; eso sólo pueden hacerlo los ricos, los licenciados, los doctores, los ingenieros, la gente del dinero y la cultura. Pero Lenin demostró al mundo entero que estaba equivocado, que cuando los obreros y los campesinos pobres toman el poder en sus manos, no solamente saben gobernar, sino que lo hacen mucho mejor que como lo vienen haciendo los burgueses. Conocer y entender esta verdad también es importante para nosotros, luchadores populares de nuestra época.

Los trabajadores mexicanos no necesitamos ir muy lejos para comprobar la verdad de esta conclusión: aquí estamos nosotros, dirigidos por doctores, por licenciados, por hombres que estudiaron en Harvard, en las mejores universidades del mundo y, ¿cuáles son los resultados? Hambre, crisis, inflación. Esos son los resultados de nuestros gobiernos de sabios. Así pues, ¿qué es lo que nos está diciendo la realidad mexicana? Que si realmente queremos salir de esta situación, es necesario que ensayemos una cosa parecida a la que ensayó Lenin en Rusia: hay que poner el gobierno en manos del pueblo, porque sólo el pueblo organizado puede tomar las medidas necesarias, por difíciles que sean, para sacar a la patria, al pueblo, a flote.

Decía yo, pues, que el producto más importante de la Primera Guerra Mundial fue la Gran Revolución Socialista de Octubre. Con esta revolución, se crean las condiciones para el último experimento importante de organización internacional de los trabajadores que fue la Tercera Internacional.

La Tercera Internacional se funda el 2 de marzo de 1919; sus miembros integrantes son los partidos obreros del mundo. A diferencia de la Segunda Internacional, la Tercera Internacional se plantea como un gran partido mundial, en el que cada partido nacional era una sección y, por tanto, los acuerdos tomados en su seno eran obligatorios para cada uno de sus partidos miembros. En esta organización, el partido de Lenin puso a disposición del proletariado mundial toda su experiencia acumulada en largos años de lucha, y todos los recursos materiales a su alcance para desarrollar la organización política del proletariado a nivel mundial.

La Tercera Internacional fue fundada por V.I. Lenin y su partido y, en sus primeros años cuando menos, esencialmente (aunque no formalmente), dirigido por él. El entusiasmo, la autoridad, la claridad política y la fe de Lenin en el proletariado mundial, mantuvo viva a la Tercera Internacional durante varios años y le permitió jugar un papel de primera magnitud en el desarrollo del movimiento socialista a nivel mundial.

Sin embargo, con el tiempo la situación fue cambiando, los países se fueron haciendo más complejos y se comenzó a comprender que la Tercera Internacional ya no jugaba un papel positivo, que estaba limitando la iniciativa de los obreros y de los dirigentes en cada país y, por tanto, optó por disolverse.

La Tercera Internacional vivió 24 años (casi los mismos que la segunda) de 1919 a 1943. Durante todo este tiempo se mantuvo bajo la influencia predominante del partido soviético, del partido ruso, que había hecho una revolución proletaria, y se disolvió en los años de la Segunda Guerra Mundial, para dar mayor libertad a los partidos que la integraban de actuar conforme a las necesidades y circunstancias de sus respectivos países.

Resumiendo, compañeros, ha habido tres importantísimos intentos de organización mundial del proletariado que tienen como sello común su carácter revolucionario, su carácter claramente proletario y socialista. Esos tres intentos son: la Primera Internacional, que funcionó de 1864 a 1876 (doce años); la Segunda Internacional, que funcionó de 1889 a 1914 y la Tercera Internacional que funcionó de 1919 a 1942 (24 años).

Cada uno de estos intentos cumplió una tarea específica, cada uno jugó un papel determinante en el desarrollo del movimiento obrero y, finalmente, entre los tres, han dibujado las grandes líneas del movimiento proletario mundial, que podríamos resumir de la siguiente manera: es necesario que los obreros estén organizados, pero no solamente en sindicatos sino en su propio partido político. Esto es así porque los obreros del mundo no sólo deben luchar por sus reivindicaciones económicas, gremialistas, sino por la mejoría en general de todas las clases laborantes de su país, lo cual no puede lograrse si no es mediante la conquista del poder político.

Para que los obreros puedan formar su partido es necesario que tengan conciencia de clase, que sepan que pertenecen a una sola clase que es la clase de los proletarios; y es necesario, además, que entiendan que esa clase a la que pertenecen es la más importante de todas, porque es la que produce toda la riqueza social, todo aquello que es necesario para la existencia de la humanidad. Los obreros, en resumen, tienen como tarea principal educarse y organizarse para defender sus conquistas laborales primero, y para tomar en sus manos el poder político y construir una sociedad mejor organizada, más justa, después.

Esto es lo que ha dicho, esto es el fruto que arrojó la cadena de movimientos políticos internacionales y de la que acabamos de hablar, esta es la herencia teórica que nos dejaron las tres internacionales proletarias, compañeros.

Para redondear el tema, debo decirles a ustedes que, paralelamente a estos intentos organizativos revolucionarios, se dieron intentos por organizar movimientos internacionales que se opusieron a esta política revolucionaria del proletariado.

La característica fundamental de estos intentos consistió en que se trató de movimientos "de tipo sindical", de tipo gremialista que en la historia del movimiento obrero internacional se conocen como "sindicalismo puro".

El "sindicalismo puro", que tiene su origen principalmente en el TUC (el Trade Union Congress, de los obreros ingleses), y también en la AFL (la American Federation of Labour) de los Estados Unidos, nace expresamente como un intento de contrarrestar la influencia de la Primera y de la Segunda Internacionales. Sus ideólogos plantean que intentar involucrar a los obreros en una lucha política contra los distintos gobiernos es un error, por cuanto que la política nacional no es ni puede ser asunto de los obreros. El movimiento obrero, dicen, sólo debe preocuparse por formar organizaciones para la defensa del salario, reducción de la jornada y mejores condiciones de trabajo; es decir, que el obrero no debe meterse en política sino que debe de llevar adelante un "sindicalismo puro" entendido como la defensa de sus intereses dentro de la fábrica. Todo lo que huela a política, dicen, debe ser eliminado resueltamente.

Los abanderados principales de este punto de vista, hay que repetirlo, son el TUC inglés y la AFL norteamericana. Ambos encabezan un movimiento para crear un organismo internacional que abandere esta política de "sindicalismo puro".

Es importante que sepamos, compañeros, que la AFL es, hasta la fecha, la central obrera norteamericana más importante, con una gran influencia no sólo entre los obreros norteamericanos sino sobre todos los obreros del continente, incluidos los mexicanos. Y lo grave es que se trata de una influencia negativa, que tiende, precisamente, a impedir que el obrero avance en su conciencia política, a mantenerlo siempre dentro de una visión puramente sindical de la lucha, esto es atado al sindicato y sin esperanza de liberarse nunca.

La AFL comienza siendo una organización relativamente liberal. Incluso tuvo una participación destacada en el Congreso en que se funda, en 1889, la Segunda Internacional ya que su líder de entonces, Samuel Gompers, envía un caluroso mensaje a los congresistas y, al parecer, en él sugiere el primero de mayo como fecha internacional de lucha de los trabajadores.

Pero, conforme el capitalismo norteamericano se fue desarrollando, la AFL, al igual que el TUC inglés, pasa a ser la representante de la aristocracia obrera y, poco a poco, se va convirtiendo en una central muy conservadora, muy reaccionaria, íntimamente aliada con los grandes capitalistas norteamericanos para juntos poder manipular la lucha y la conciencia obrera. Es decir, que la AFL viene siendo, más o menos, lo que es la CTM en México: aliada de los patrones y el gobierno para mantener completamente sometidos a los obreros en sus demandas y en su conciencia de clase.

Sin embargo, como en México, también en Estados Unidos hay un movimiento independiente que busca la auténtica educación y emancipación de la clase obrera. Este movimiento independiente ‑en 1905‑ inicia la construcción de una central obrera distinta a la AFL a la que denominan IWW (que en español quiere decir Obreros Industriales del Mundo, aunque las iniciales corresponden al inglés: International Workers of the World, es decir, IWW).

La IWW surge como una alternativa revolucionaria al movimiento reaccionario de la AFL, y es importante que la conozcamos porque, aunque en menor escala también ha tenido cierta influencia sobre el movimiento obrero mexicano, como veremos en su momento y lugar.

Posteriormente, en 1938, junto con los sindicatos autónomos, la IWW impulsa la formación de lo que se denominó "Congreso de Organizaciones Industriales", cuyas siglas en inglés son CIO, es decir, Congress of Industrials Ortanizations, que sigue al principio, como su impulsora la IWW, una política progresista.

Con el tiempo, sin embargo, la CIO también se fue deslizando hacia posiciones reaccionarias, hasta llegar a formar una poderosa mancuerna que define al movimiento obrero norteamericano, la conocida como AFL‑CIO.

En la actualidad, hablar de la AFL, de la CIO, es hablar del monopolio político que controla a los obreros norteamericanos. Ustedes lo van a ver, cualquier día lo leen en el periódico; van a ver que se dice que la AFL‑CIO declaró esto, encabezó tal negociación, presentó tal estadística, etc., porque, repito, se trata de la mancuerna más poderosa de todo el movimiento norteamericano.

INICIO | DIRECTORIO | ARTICULOS | EVENTOS | PUBLICACIONES | COMUNICADOS | CONFERENCIAS
FOTOGALERIAS
| ESPARTAQUEADAS | AVISO LEGAL | MAPA DEL SITIO
Powered By:
admin@webdesign.net.mx

Moviemiento Antorchista de México - Todos los Derechos Reservados 2004 ©
antorcha@antorchacampesina.org.mx