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.:: CONFERENCIAS OBRERAS ::.

PRIMER TOMO / CONFERENCIA 15
Historia del Movimiento Obrero
El Movimiento Obrero Mundial/ 12a Parte

TERCERA Y ÚLTIMA PARTE

Octubre de 1988

Dicha mancuerna, hay que subrayarlo, mantiene una gran influencia sobre el movimiento latinoamericano, de modo que nosotros, los obreros mexicanos, no debemos ser ajenos a los movimientos de tales centrales. Debemos darnos cuenta que cuando nos aventamos a un movimiento, no estamos luchando solamente contra el patrón de nuestra fábrica, ni tampoco solamente contra el gobierno mexicano, y contra Fidel Velázquez, sino que nos estamos enfrentando también, sin saberlo, a la poderosa influencia de la AFL‑CIO, que es la que apoya a la CTM en México. Es decir, que estamos luchando contra todo un complejo de organización mundial que está pesando sobre nosotros como una gran losa de hierro y que en realidad es bastante difícil derrotar.

Todo esto no es para asustar ni desanimar a nadie. Simplemente, si no se conoce bien al enemigo, no se le puede derrotar.

Bien, el movimiento del sindicalismo puro, es decir, la corriente reaccionaria en el movimiento obrero mundial, funda en 1913 la Federación Sindical Internacional (FSI), Federación de Amsterdam. El propósito de esta federación es impedir que los obreros se inclinen hacia el socialismo, que los obreros participen en la lucha política, es decir, mantener a los obreros dentro de una estricta lucha defensiva. La Federación Sindical Internacional se convierte con el tiempo en marioneta de la AFL, porque es su organismo más importante; la política de la Federación Sindical de Amsterdam la dictan los yanquis a través de la AFL.

En 1921, al término de la Primera Guerra Mundial, por así convenir a los intereses del capital norteamericano, la AFL se desafilia de la Federación Sindical de Amsterdam y trata de crear un organismo de control latinoamericano.

En lo inmediato falla el intento. Los obreros latinoamericanos, influidos por la revolución rusa y por el ejemplo de Lenin, no aceptan la tutela del dólar y rechazan las propuestas organizativas de la AFL. En 1937 regresa otra vez la AFL a la Federación Sindical de Amsterdam y desde ahí vuelven a controlar a una gran cantidad de obreros en el mundo.

Por su parte, los obreros revolucionarios, con Rusia a la cabeza, ven la necesidad de crear también una federación sindical mundial, que les permita enfrentar, competir, digámoslo así, con la influencia reaccionaria de la Federación Sindical de Amsterdam.

En 1921 se funda en Moscú lo que se llamó la Federación Sindical Roja, la FSR, que reunió en su seno a una gran número de obreros, a millones y millones de obreros, era una Federación muy importante. Sin embargo, pronto surgieron en su seno las voces que sostenían la necesidad de unificar en una sola central a todos los obreros del mundo, la necesidad de unir en una sola Federación a la FSI y la FSR. Es decir, esta Federación se fue planteando con el tiempo, con mucha honradez a mi juicio, la necesidad de unir a todos los obreros del mundo, porque había dos federaciones: la de Amsterdam, reaccionaria, y la Sindical Roja, revolucionaria.

Haciendo caso a estas voces los líderes de la FSR inician contactos con la FSI para proponerle la unidad mundial. Luego de muchas evasivas y maniobras, los líderes de la FSI movidos por los capitalistas de la AFL, rechazan la unión con la Federación Sindical Roja.  La respuesta negativa se produce en 1937.

De todos modos la Federación Sindical Roja entiende que la unidad de los obreros del mundo es una necesidad ineludible y para propiciar dicha unión, se autodeclara disuelta, en ese mismo 1937.

Así pues, la Federación Sindical Roja existió 16 años, de 1921 a 1937. Dos años después, en 1939, desaparece la Federación Sindical Internacional, o sea la reaccionaria de Amsterdam, en virtud de su decreciente importancia y descrédito ante los obreros, ya que se hallaba completamente sometida al control de la AFL que le impide cualquier defensa real de los intereses de sus supuestos representados.

El sueño unitario de los obreros del mundo se cancela, entonces, por varios años. No es sino hasta el final de la Segunda Guerra Mundial, acicateados por las matanzas de Hitler en todo el mundo, cuando los obreros vuelven a entender la necesidad de unirse a nivel mundial para defenderse de las guerras. Para defenderse de las guerras, porque los obreros, compañeros, deben ustedes saber, son la carne de cañón en las guerras, forman la masa principal, junto con los campesinos, de los que van a morir a los frentes de batalla, sin tener, al mismo tiempo, nada que ganar en los mismos.

El renacer del movimiento obrero comienza por un acercamiento entre los obreros ingleses y los rusos y continúa con el acercamiento entre los obreros rusos y los franceses. Unidos ya los sindicatos ingleses, franceses y rusos, tratan de meter en el juego a la AFL y a la CIO norteamericanas; la CIO acepta de inmediato, más no así la AFL que siempre ha sido muy reaccionaria, como hemos dicho.

A fines de 1945, y ya con la CIO norteamericana de acuerdo, se realiza un congreso en el cual se funda la única, la primera y única organización realmente mundial de los obreros, que se conoce como la Federación Sindical Mundial.

Es el punto culminante de la lucha por la unificación mundial de los obreros. En la Federación Sindical Mundial no solamente están los sindicatos soviéticos, los sindicatos de los países socialistas sino que también están los sindicatos de los países capitalistas, incluida la CIO norteamericana. Esto le da a la Federación Sindical Mundial una representación muy grande, ya que prácticamente abarca a todos los obreros del mundo.

Con base en esta representación es que se logran algunos de los avances más importantes en la historia del movimiento obrero. Por ejemplo, recordemos que habíamos dicho que prácticamente desde los inicios del siglo XVIII (es decir, 1700 y tantos) hasta el siglo XX, los obreros habían venido luchando por la jornada de ocho horas y nunca lo habían conseguido. Es necesario saber, compañeros obreros, sobre todo jóvenes, que dicha jornada de ocho horas, que hoy nos parece un derecho casi natural, no tiene mucho tiempo de vigencia entre nosotros, como podríamos figurarnos, no es algo que venga desde la época de Hidalgo, no señores; hasta hace poco tiempo, hasta antes de 1910, por ejemplo, los obreros mexicanos venían trabajando 14 y 16 horas diarias. Es gracias a la unidad obrera mundial, y a la Segunda Guerra Mundial que obligó a las burguesías del mundo a apoyarse en sus obreros, que finalmente se acuerda en todo el mundo conceder a los trabajadores la jornada de ocho horas.

Es decir, apenas en 1945 es cuando se conceden las ocho horas para los obreros ¡después de casi dos siglos de lucha! Vean ustedes bien, entonces: para ganar una cosa que nos parece tan sencilla, como las ocho horas, tuvieron que pasar siglos de esclavitud, tuvieron que sufrir y morir miles, millones de hombres y mujeres (y no todos obreros) para su consecución. Y conste que esa esclavitud no ha terminado, porque de mil maneras sutiles y ocultas el obrero sigue siendo sobreexplotado por patrones y Estado.

Y nadie piense que esto es demagogia. Hoy en día es una realidad cotidiana el salario mísero, la insalubridad de las fábricas, la falta de vivienda, la renuencia del patrón a conceder a sus obreros mejores condiciones de higiene y seguridad, los despidos injustificados, la represión y la intimidación para obligar a los trabajadores a esforzarse mucho y ganar poco.

Por eso es importante, compañeros, que sepamos cómo se han conquistado las pocas cosas que tenemos; es importante que nos demos cuenta que nada ha sido fácil, que nuestras escasas conquistas costaron a las generaciones pasadas de obreros sacrificios sin cuento y, sin embargo, no se rajaron. Que, por tanto, no tenemos derecho nosotros, los obreros actuales, a renunciar a seguir la lucha alegando que es algo peligroso y difícil. En 1945 se funda la Federación Sindical Mundial que ha sido, decía yo, la más fuerte organización mundial de los obreros. Gracias a ella se consiguieron cosas tan importantes como la jornada de las ocho horas.

Desgraciadamente pronto se vio que los líderes norteamericanos no estaban de acuerdo, en el fondo, con esa unidad. Entendían que para ellos la FSM era un peligro, porque en cualquier momento sus obreros se podrían rebelar apoyados por esta misma Federación.  En consecuencia, comenzaron a intrigar. Se sabe bien que fue el gobierno norteamericano, junto con el inglés, los que convocaron a los líderes de la AFL (¡otra vez la nefasta AFL!) y a los del CIO, y les aconsejaron que había que dividir a la Federación Sindical Mundial. La manera de lograr esto consistió en pedir que el Comité Mundial se pronunciara en favor del famoso Plan Marshal norteamericano, aquel plan que no fue más que un invento de los gringos para apoderarse de las economías de Europa, después de la Segunda Guerra Mundial. Estas economías, con la guerra, quedaron destruidas y los gringos, que no entraron a la guerra sino casi al último, estaban fuertes y ricos. Entonces idearon el famoso Plan Marshal que, so pretexto de ayudar a las destruidas economías de Europa, se apoderaría, en los hechos, de los principales recursos y negocios de tales economías. Pues bien, a este "plan" debía apoyar el proletariado mundial, según la CIO norteamericana y el TUC inglés. Naturalmente que los sindicatos soviéticos y los obreros más avanzados no quisieron.

Finalmente, en 1949, la CIO y los sindicatos ingleses abandonaron la Federación Sindical Mundial y la dividieron.

La Federación Sindical Mundial tuvo cuatro escasos años de vida: de 1945 a 1949. A finales de ese año, los traidores líderes del CIO, AFL y TUC ingleses, unidos con otros grupos menores, se reunieron en Londres y formaron la Confederación Internacional de Organizaciones Sindicales Libres (CIOSL) que es, hasta nuestros días la máxima representación mundial de los sindicatos blancos, charros o patronales que existen en el mundo entero. La CIOSL es, en realidad, la representante de la corriente reaccionaria mundial de los obreros.

Así, compañeros, después de varios intentos de organización a través de las Internacionales, a través de las Centrales Sindicales Mundiales, el movimiento obrero del mundo solamente ha tenido cuatro años de unidad verdadera, de 1945 a 1949, en la Federación Sindical Mundial. Gracias a las intrigas gringas e inglesas, que utilizaron al CIO, a la AFL y a los TUC ingleses, esta Federación Sindical Mundial se dividió y, en la actualidad, el movimiento obrero del mundo tiene dos grandes representantes: los obreros revolucionarios y combativos con la Federación Sindical Mundial, en lo que quedó de ella, y los obreros reaccionarios que están representados en la CIOSL, en la Confederación Internacional de Organizaciones Sindicales Libres.

Nosotros los obreros mexicanos, hay que saberlo, estamos atrapados en una pirámide de poder que, a nivel mundial, comienza con la CIOSL, a nivel americano la AFL‑CIO norteamericana y, a nivel nacional, la CTM.

Así están las cosas. Esta es la estructura de poder que controla a los obreros de esta parte del mundo y que, en un momento dado, responde como un solo poder ante cualquier intento de verdadera lucha y de verdadera independencia obrera. Dicha estructura charril a nivel mundial está para garantizar que la lucha obrera nunca rebase los estrechos límites del sindicalismo más convencional y corruptor: aumentos de salarios, horas extras, préstamos para vivienda y demás mezquindades por el estilo. Para impedir, a como dé lugar, el más mínimo intento de iniciar una auténtica lucha emancipadora por la conquista del poder político.

De manera, compañeros, que la lucha no es sencilla. Pero, hay que repetirlo siempre: la historia del movimiento obrero nos enseña que sus más sentidas conquistas siempre han costado sangre, sudor y lágrimas. ¿Por qué habrá de ser diferente ahora?

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