MOVIMIENTO ANTORCHISTA


Conferencia 1
Conferencia 2
Conferencia 3
Conferencia 4
Conferencia 5
Conferencia 6
Conferencia 7
Conferencia 8
Conferencia 9
Conferencia 10
Conferencia 11
Conferencia 12
Conferencia 13
Conferencia 14
Conferencia 15
Conferencia 16
 
 
 
 
.:: CONFERENCIAS OBRERAS ::.

PRIMER TOMO / CONFERENCIA 16
Historia del Movimiento Obrero
El Movimiento Obrero Mundial/ 12a Parte

PRIMERA PARTE

Mayo de 1989

Compañeros: vamos a terminar hoy con el breve análisis que hemos venido haciendo del movimiento obrero internacional. En la próxima plática comenzaremos con el movimiento obrero mexicano que es, desde luego, el que más nos interesa, pero que, en la medida en que forma parte del movimiento obrero mundial, no quedaría suficientemente explicado en muchos de sus episodios y experiencias si no tuviésemos nosotros este marco de referencia que es el movimiento obrero universal.

Habíamos platicado ya en alguna ocasión anterior acerca de las primeras tentativas de organización mundial del movimiento obrero, y habíamos señalado que la primera experiencia importante en este sentido fue la asociación Internacional de los Trabajadores, fundada por Marx y Engels y mejor conocida como la Primera Internacional; que la segunda experiencia fue la Segunda Internacional, fundada ya solamente por Engels después de la muerte de Marx, en 1889, misma que cubrió una etapa importante de la historia del movimiento obrero en el mundo y cuya vida terminó en 1914 con el estallido de la Primera Guerra Mundial. Dijimos que la Segunda Internacional vivió veinticinco años y que desapareció en virtud de que el desarrollo del capitalismo mundial, sobre todo de los países imperialistas (Inglaterra, Alemania), le había permitido infiltrar a las organizaciones partidarias de los obreros que la integraban tanto a nivel político como a nivel ideológico, a través de las cúpulas obreras que se fueron aburguesando con las migajas de poder que el capitalismo les cedía.

A raíz de la desaparición de la Primera Internacional, aprovechando el vacío que deja en la organización del movimiento obrero mundial, se intensifican las tentativas de la reacción por separar la lucha política de la lucha sindical.

Recordemos que la Primera Internacional se caracterizó, precisamente, porque analizaba el problema de la lucha obrera como un fenómeno único con dos niveles de complejidad, con dos niveles, digamos, de trabajo (el primer nivel que es el propiamente sindical, y el segundo nivel que es ya el nivel político) sin establecer una separación total entre ambos, sino mirándolos como la primera y la segunda fase de un solo proceso, de un solo fenómeno, que es la lucha obrera.

Desde el punto de vista de la Primera Internacional, un sindicato, además de una forma organizativa para defender los intereses económicos de los obreros, es también una escuela política en la cual se va educando a los obreros en el espíritu de la lucha de clases y en la idea de que tienen que organizarse en un partido propio para la conquista del poder político. Esto es lo que sostenía la Primera Internacional, y que se continúa, desde luego, en la Segunda Internacional.

Pero, repito, con la desaparición de la Primera Internacional, las fuerzas del capitalismo, las fuerzas de la burguesía, intensifican su actividad con el propósito de separar, como si fueran dos cosas diferentes, la lucha sindical de la lucha política.

Desde muy temprana época los ideólogos oportunistas, los ideólogos reaccionarios de la burguesía infiltrados en el seno de los obreros, comienzan a difundir la idea de que al obrero no le compete (porque no le interesa y porque no puede, tampoco, llevarla adelante) la lucha política. Los obreros no deben meterse en política, les dicen, porque no tienen la capacidad para ello. El obrero es ignorante, no fue a la escuela y, por tanto, no puede asumir las difíciles tareas del gobierno. Pero, además, ¿qué puede importarle al obrero un puesto político, cuando su interés se resume en un buen salario, estabilidad en su empleo, buenas condiciones de trabajo y repetidos ascensos para, al final, conseguir una buena jubilación?  "Esto es ‑le dicen al obrero‑ lo que a tí te interesa, lo que debes defender. Y, para defender esto, para defender tus intereses, lo único que necesitas es un buen sindicato. La política y los partidos políticos debes dejárselos a los políticos; olvídate pues de la política, que a tí ni te beneficia ni estás capacitado para llevarla adelante".

La Primera y la Segunda Internacional, repito, combaten esta idea y tratan de inculcar en el obrero la verdadera conciencia política, explicándole que la lucha sindical y lucha política no son dos cosas opuestas sino que están íntimamente ligadas y la una depende de la otra. Ahí donde la política está enfocada a favor de los ricos y de los empresarios, necesariamente tiene que repercutir en una política sindical represiva, contraria a los intereses de los obreros; y allí donde la política es una política revolucionaria, en favor del pueblo, también la lucha sindical resulta beneficiada y los obreros son considerados como la fuerza social más importante. Por eso no es posible desligar la lucha política de la lucha sindical; y quienes predican eso, son, precisamente, los agentes de la burguesía infiltrados en el seno de la clase obrera. Esto es lo que enseñaron a los obreros la Primera y la Segunda Internacional.

Entre la desaparición de la Primera y el surgimiento de la Segunda Internacional, decía, hay un período de tiempo en el que los obreros no tienen una organización representativa a nivel mundial.

No es sino hasta 1889, seis años después de la muerte de Marx y 13 después de la desaparición de la Primera, cuando se funda la Segunda Internacional para combatir los intentos de los agentes burgueses de separar la política sindical de la política general. La Segunda Internacional funda un secretariado que se encargue de buscar la organización sindical a nivel mundial de los obreros, pero las condiciones históricas no eran favorables a este intento revolucionario de Engels.

Por el contrario, con el desarrollo económico del capitalismo, con la gran cantidad de recursos que extrae de todo el mundo, se permite sobornar, comprar, a los dirigentes obreros más importantes de Inglaterra, Francia y Alemania, y con ellos forma lo que llama la élite obrera. Esta élite obrera no solamente logra, finalmente, convencer a los obreros de que se retiren de la lucha política, sino que, además, logra también infiltrar a los partidos políticos de la clase obrera, convirtiéndolos en partidos que se adhieren o, en última instancia, le hacen el juego, simplemente, a la burguesía. Es el caso, por ejemplo, del Partido Laborista británico, que de un partido obrero se convierte en lo que es hasta hoy, un partido palero de la burguesía. La evolución de la economía mundial, pues, no favorece la formación de sindicatos revolucionarios y sí, en cambio, la organización puramente sindical, gremialista, de los obreros del mundo.

Así aparece en 1913 la primera organización sindical mundial separada de la lucha política. Se trata de la llamada Federación Sindical Internacional, la FSI, fundada principalmente por los sindicatos alemanes y norteamericanos.

Esta Federación Sindical Internacional tiene como divisa principal organizar a los obreros, pero sólo desde el punto de vista gremial, es decir, haciendo abiertamente a un lado la lucha política, la política revolucionaria de los obreros.

Con la Federación Sindical Internacional empieza una nueva etapa de la historia del movimiento obrero mundial.

Un año después (en 1914), con motivo de la guerra, desaparece la última organización política de los obreros de aquella época, la Segunda Internacional, y queda como prevalente la línea sindical del movimiento obrero.

Desde aquella época, desde 1913 hasta nuestros días, esa es la línea que ha prevalecido en los llamado países de occidente, entre ellos México. La línea que sostiene que los obreros deben organizarse también a nivel político, para la lucha por el poder, en sus respectivos países, ha sufrido un receso ya muy prolongado en esos países, que dura hasta nuestros días y que tiene como explicación el fortalecimiento del imperialismo mundial e, incluso, los tropiezos del movimiento socialista a nivel mundial.

El único intento por romper la hegemonía de la línea sindicalista y por reorientar al movimiento obrero del mundo después de la Segunda Internacional, fue la formación de la Tercera Internacional. Pero, desgraciadamente, este intento no tuvo mucho éxito. La Tercera Internacional fue fundada por Lenin y su partido el 2 de marzo de 1919, con el propósito de aglutinar a todos los partidos obreros del mundo, de manera que pudieran coordinar sus acciones en la lucha por el poder político. Sin embargo, la Tercera Internacional no logra atraer a sus filas a los obreros de occidente y con el tiempo se muestra como una camisa de fuerza para el desarrollo de la iniciativa revolucionaria de los distintos partidos obreros del mundo. Este problema se agudizó con motivo de la Segunda Guerra Mundial, por lo que la Tercera Internacional se declara disuelta el 10 de junio de 1943.

Ese fue el único intento, repito, después de muerta la Internacional de Engels, por reencauzar al movimiento obrero mundial hacia la lucha política revolucionaria; después de eso el panorama de la lucha obrera ha estado enteramente dominado por el "sindicalismo puro", abanderado y promovido en sus orígenes por la Federación Sindical Internacional.

Ahora bien, con el estallido de la Primera Guerra Mundial, prácticamente entra en receso esta federación, y no es sino al término de la misma, en 1919, cuando la reactivan los imperialistas norteamericanos porque se dan cuenta del gran atractivo que para los obreros del mundo representaba la recién consumada Revolución Rusa, encabezada por el gran Lenin. En consecuencia, al término de la guerra, se apresuran a reactivar a la Federación Sindical Internacional, promoviendo un congreso de la misma en la ciudad de Amsterdam, Holanda, en julio de 1919.

Con el mismo propósito de desviar la lucha política de los obreros e impulsar la "colaboración de clases", los países capitalistas apoyaron la creación, en el seno de la naciente Liga de las Naciones, hoy Organización de las Naciones Unidas (ONU), de un organismo tripartito formado por representantes de los gobiernos, los patrones y los trabajadores, al que llamaron "Oficina Internacional del Trabajo", la OIT, que dura hasta nuestros días.

Dicha oficina tenía como propósito teórico discutir las cuestiones relativas al movimiento obrero mundial, y hacer proposiciones de solución a los distintos gobiernos de los países que integraban la Liga de las Naciones, hoy ONU.

Sin embargo, la verdad es que, como ocurre aquí en México con la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos, en los hechos, el representante de los patrones, el representante del gobierno y también el representante de los obreros, resultaron ser la misma cosa, de donde resultó que siempre se imponía, y se impone, el punto de vista de los patrones. La OIT, pues, aunque es de composición tripartita formalmente, en los hechos es una representante de la clase poderosa para diseñar una política obrera que permita mantener controlado al movimiento mundial de los trabajadores.

La Federación Sindical Internacional, que a raíz de su congreso de 1919 se transformó en la "Federación Internacional de Amsterdam", jamás cumplió con su propósito declarado de defender los intereses obreros. Se convirtió en un títere de la AFL norteamericana, a cuyos intereses servía y, finalmente, por inoperante, se disuelve en 1939.

Por otro lado, con el surgimiento del Estado Soviético como consecuencia directa de la Primera Guerra Mundial, surge en ese país un destacamento obrero mundial, revolucionario, que comprende plenamente la lucha de clases, la necesidad de la revolución social y el papel destacado que corresponde a los obreros en esta tarea histórica. Los obreros rusos se convierten, pues, rápidamente, en el núcleo de un movimiento tendiente a unir a todos los obreros del mundo en una organización mundial de corte clasista. Junto con representantes obreros de Inglaterra, Francia e Italia fundan en Moscú, del 3 al 19 de junio de 1921, la Internacional Sindical Roja.

Así, en un momento dado, el mundo obrero se haya claramente dividido entre dos centrales mundiales: la Internacional de Amsterdam, manejada por los agentes de la burguesía en el seno de la clase obrera, y la Internacional Sindical Roja, dirigida por el ala revolucionaria de la clase obrera.

<< Regresar | Continuar >>

INICIO | DIRECTORIO | ARTICULOS | EVENTOS | PUBLICACIONES | COMUNICADOS | CONFERENCIAS
FOTOGALERIAS
| ESPARTAQUEADAS | AVISO LEGAL | MAPA DEL SITIO
Powered By:
admin@webdesign.net.mx

Moviemiento Antorchista de México - Todos los Derechos Reservados 2004 ©
antorcha@antorchacampesina.org.mx