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.:: CONFERENCIAS OBRERAS ::.

PRIMER TOMO / CONFERENCIA 16
Historia del Movimiento Obrero
El Movimiento Obrero Mundial/ 12a Parte

SEGUNDA PARTE

Mayo de 1989

La Federación Sindical Roja dura hasta 1937 (es decir dura dos años menos que la Internacional de Amsterdam). Durante todo este tiempo trata de aglutinar a todos los sindicatos revolucionarios del mundo y, al mismo tiempo, también, de reorientar a los sindicatos bajo el dominio de la burguesía, para que sigan una política realmente en defensa de los intereses de los trabajadores. Pero esta política de unidad no se compagina con el hecho de que la correlación mundial de fuerzas no favorece al socialismo. El florecimiento de la economía capitalista después de la Primera Guerra Mundial, favorece el surgimiento y vigorización de muchas agrupaciones sindicales que no aceptan la dirección de la Internacional Sindical Roja. La marea favorece claramente a los partidarios del "sindicalismo puro". Entendiendo esta realidad seguramente, los líderes de la Federación acuerdan la disolución de la Internacional Sindical Roja, lo que ocurre como dije antes, en 1937. Con esta disolución se busca facilitar la unidad con la Federación Internacional de Amsterdam, es decir, con la Federación que dominan los cuadros burgueses.

Antes de disolverse, la Federación Sindical Roja sufre varios desprendimientos. En 1935, y a raíz de su disolución, en 1937, algunos de los sindicatos que militaban en sus filas se adhieren a la Internacional de Amsterdam y, desde dentro, presionan para que se dé una fusión con la Federación Roja.  Pero los líderes de la Internacional de Amsterdam se oponen rotundamente, presionados por la AFL norteamericana, que amenazaba con retirarle su apoyo si admitía en su seno a los "comunistas". La unidad, como se ve, en esas condiciones, era prácticamente imposible.

Se acordarán ustedes que en la última plática les decía que después de la gesta del primero de mayo de 1886, el sindicalismo norteamericano se convierte en un sindicalismo reaccionario, dominado por los partidarios del capitalismo y de la "conciliación de las clases", y juega el papel de esquirol principal que impide la unificación del movimiento obrero mundial y latinoamericano. Su actuación en el seno de la Internacional de Amsterdam es una clara ilustración de esta tesis.

Los obreros mexicanos de hoy debemos saber que la AFL, que es la central sindical más poderosa de Estados Unidos, existe hasta la fecha y es el principal obstáculo a nivel continental para la unificación de los obreros latinoamericanos.

Sigamos. La inoperancia, como dijimos antes, de la Internacional de Amsterdam, así como su reaccionarismo y sectarismo, inducidos por la AFL, determinan su hundimiento definitivo. En 1939, en vísperas de la Segunda Guerra Mundial, dicha central se disuelve dejando nuevamente a los obreros del mundo desorganizados y a merced de los gobiernos burgueses de sus respectivos países.

Durante todo el período que abarca la Segunda Guerra Mundial no existe una organización sindical mundial de los trabajadores; los trabajadores se hayan indefensos y son enviados, sin ningún obstáculo por su parte, a morir por millones a los frentes de guerra para defender la causa y los intereses de los burgueses, sus amos y explotadores. Este es el resultado de la política norteamericana y la política inglesa, es decir, del imperialismo mundial, que sintió que una organización de los obreros a nivel mundial, aunque estuviera bajo el dominio de líderes charros, sería muy peligrosa y podría influir en la dirección y en la terminación de la guerra. Por eso, prefirieron desaparecer, incluso, su propia central internacional.

Sin embargo, ya en plena guerra (1941), Inglaterra se da cuenta de que, para parar los durísimos golpes de la Alemania nazi, tenía necesidad del apoyo consciente y decidido de sus propios obreros y de la clase obrera mundial. Con este objetivo en mente, los sindicatos ingleses que estaban aglutinados, como sabemos, en el TUC (Trade Union Congress), comienzan, a sondear a los sindicatos rusos para ver la posibilidad de formar una nueva central mundial.

Naturalmente, los sindicatos rusos, que están en contra de la guerra, que han estado en favor, desde siempre, de la unidad obrera mundial, aceptan la invitación y se forma el "Comité Anglosoviético", para la creación de una Central Obrera Mundial. En 1942 se reúne este Comité y acuerda invitar a otras centrales obreras del mundo, principalmente (a iniciativa de los ingleses) a las centrales obreras norteamericanas, la más importante de las cuales, nuevamente, es la AFL, y a otra agrupación que ya hemos mencionado antes, el CIO, que es, en español, el Congreso de Organizaciones Industriales. A través de los sindicatos ingleses, se invita, pues, a los obreros alemanes, a los obreros europeos en general y, también, a los obreros norteamericanos.

La AFL, que es la más reaccionaria de las centrales yanquis, rechaza la invitación, pero el CIO la acepta y, entonces, ya unidos los sindicatos norteamericanos con los ingleses, con los rusos y también con los franceses que aceptan la invitación, se reúnen en 1945 para fundar la Federación Sindical Mundial.

La Federación Sindical Mundial es el experimento más grande, más vasto y más duradero del movimiento obrero internacional, en esta vertiente de lucha obrera de que hemos venido hablando. Allí se unificaron, cuando menos aparentemente, todos los obreros del mundo sin distinción de ideologías, ni de religión, ni de partidos, ni de sexos. Fue una gran central obrera mundial cuyo principal propósito era, fundamentalmente, defender los intereses del obrero, como tal, por ejemplo, el salario, la jornada de ocho horas, la estabilidad en el trabajo, el trabajo de la mujer y de los niños, las horas extras, las prestaciones en relación con salud, con vivienda, con alimentación y, en general, todo lo que tiene que ver con el bienestar de los obreros del mundo.

Adicionalmente en la declaración de principios de la Federación Sindical Mundial, también se preveía pronunciarse en contra de la guerra y de la matanza indiscriminada de obreros, provocada por las disputas interimperialistas. La Federación Sindical Mundial (FSM) nació en París, capital de Francia, el 25 de septiembre de 1945.

Ahora bien, a juzgar por la declaración de principios y por las circunstancias que le dieron origen, resultó que la FSM no era tan reaccionaria como lo hubiera querido el imperialismo yanqui y sus aliados, pero tampoco tan revolucionaria como lo hubieran querido los sindicatos soviéticos. Era un intento por lograr la más amplia unificación de los obreros del mundo.

Por sus posiciones de avanzada, la FSM no tardó en chocar con los intereses de las grandes corporaciones imperialistas y, a poco tiempo de fundada, en 1947, el CIO norteamericano y el TUC inglés comenzaron a presionar para que la nueva central se pronunciara en favor de la política norteamericana en Europa. Dicha política estaba condensada en lo que se conoció como el plan Marshal.

Seguramente que para los compañeros obreros no es muy familiar ni el nombre ni el contenido de dicho plan y es necesario, por tanto, que demos al respecto una explicación breve.

El Plan Marshal fue un plan ideado por los norteamericanos para invadir y apoderarse de los centros más importantes de la economía europea, aprovechando la coyuntura creada por la Segunda Guerra Mundial. Al terminar ésta, varios países europeos, entre los que destacan Francia, Italia y Alemania, se encontraron en ruinas, sus economías destrozadas por la guerra: los capitales poderosos antes de la guerra habían perdido sus principales activos debido a los bombardeos, a las invasiones, los saqueos; en resumen, las economías de esos países estaban por los suelos y los capitalistas nativos no tenían dinero que invertir por haberlo perdido todo en la guerra. Este era el cuadro.

Europa era, digámoslo así, terreno fértil para hacer inversiones, y el único país que estaba en posibilidades de hacerlas, era, precisamente, Estados Unidos. Esto es así porque, como ustedes saben, la guerra no llegó a Estados Unidos; Estados Unidos no sufrió invasiones ni bombardeos, ni saqueos y, en cambio, su economía creció porque estuvo suministrando armas y recursos a los países europeos beligerantes. Como consecuencia, al terminar la Segunda Guerra Mundial los europeos estaban empobrecidos, arruinados, mientras los yanquis se mostraban fuertemente saludables y enriquecidos.

El plan Marshal es un plan que, aparentando querer ayudar a los países europeos a salir de la ruina, en realidad buscaba (y lo logró en parte) apoderarse de la economía de esos países y someterlos a la influencia y a los dictados de la nación norteamericana. Los capitalistas yanquis invierten en Europa dizque "para ayudarla a levantarse" pero, en realidad, al invertir allí se convierten en los dueños de la economía europea. Es la extensión imperialista de los Estados Unidos hacia Europa.

Así pues, el plan Marshal no es otra cosa que una maniobra ‑muy inteligente porque aprovecha un momento muy especial, muy adecuado‑ que disfrazada de "ayuda" para las economías europeas, en el fondo busca apoderarse de esas economías.

Pues bien, el TUC inglés y el CIO norteamericano quieren obligar a la Federación Sindical Mundial a que apoye y haga suyo el Plan Marshal. Es decir, quieren orillar, mediante presiones, a la clase obrera mundial, incluidos los obreros soviéticos, a que ayude a los yanquis a apoderarse de las economías europeas.

Naturalmente que los sindicatos revolucionarios de esta Central no aceptan semejante pretensión y, como consecuencia, se desata la lucha: los sindicatos ingleses y norteamericanos amenazan una y otra vez conque, de no tomarse en cuenta sus pretensiones, abandonarán la FSM, escindiendo a la clase obrera mundial; el resto de los sindicatos, para eludir tal presión, proponen una resolución intermedia en los siguientes términos: que la Federación Sindical Mundial ni acepta ni rechaza el Plan Marshal y deja a cada Central Nacional la responsabilidad de aceptarlo y apoyarlo o rechazarlo. Esta resolución tenía, claramente, la intención de salvar la unidad proletaria mundial.

Pero naturalmente que esta posición no satisfacía los intereses del imperialismo, por lo que apremia a sus caballos de Troya, CIO y TUC, a que estrechen el cerco. Finalmente, en enero de 1949, unidos el CIO norteamericano y el TUC inglés, le plantean un ultimátum a la Federación Sindical Mundial: tenía que declararse en receso, es decir, suspender sus funciones, tenía que nombrar a un grupo de "ejecutivos gerentes" que administrara sus asuntos, sobre todo su dinero y, en un plazo de un año, convocar a un congreso para ver qué rumbo se le daba a la Unidad Sindical Mundial. Naturalmente que la parte sana de la Federación rechazó este ultimátum y, entonces, el TUC y el CIO abandonan la Federación Sindical Mundial, es decir, escinden a la clase obrera mundial.

En diciembre de ese mismo año y, naturalmente, auspiciados por el gobierno norteamericano y por el gobierno inglés, se reúnen la AFL (que nunca estuvo dentro de la Federación Sindical Mundial y siempre la atacó como "un grupo de comunistas" a diferencia de ellos que "eran obreros libres"), y el CIO, el TUC inglés y otros sindicatos más, y forman lo que se conoce como la Confederación Internacional de Organizaciones Sindicales Libres, la CIOSL, como se le conoce por sus siglas. Frecuentemente, en la prensa, van a ver ustedes estas siglas, compañeros, porque la CIOSL existe hasta nuestros días; es la agrupación mundial de los sindicatos dominados por el imperialismo y por la burguesía, es decir, representa al charrismo obrero a nivel mundial, en oposición a la Federación Sindical Mundial (FSM), que representa a los sindicatos revolucionarios, los sindicatos realmente obreros del mundo. Tal es el estado actual de la organización obrera mundial.

Ahora bien, ninguna de las dos agrupaciones, hay que decirlo con franqueza, realiza una actividad realmente profunda, intensa y que se note, es decir, que tenga la influencia real en el movimiento obrero mundial. ¿Por qué razón? En gran medida, porque el movimiento obrero, tanto en los países socialistas como en los países capitalistas, no ha encontrado, propiamente, canales efectivos para su acción independiente. Que en un caso se trate de una colaboración con los estados socialistas, que es, hasta cierto punto, aceptable, y en otro caso se trate del control férreo de la burguesía sobre los obreros, lo cual es inaceptable, no contradice el hecho, como dije, que ambas centrales mundiales carecen de la independencia suficiente para intervenir en forma independiente y enérgica en la solución de los asuntos del mundo. Pero en la actualidad así están las cosas: la Confederación Internacional de Organizaciones Sindicales Libres (CIOSL) representa a los sindicatos dominados por la burguesía y la Federación Sindical Mundial a los sindicatos de la izquierda revolucionaria. Naturalmente, compañeros, que todos los obreros y todos los ciudadanos emparentados con la lucha revolucionaria del mundo, debemos sentirnos identificados, aunque no militemos en ella, con la Federación Sindical Mundial y no con la CIOSL.

Para redondear el tema, veremos el papel del sindicalismo norteamericano a nivel del continente.

Como ustedes saben, el capitalismo llegó tarde al continente americano. En particular en América Latina (con exclusión de Estados Unidos y Canadá) se vive un capitalismo tardío, de poco desarrollo, dependiente, en gran medida, del capitalismo norteamericano y del capitalismo mundial. El sindicalismo en nuestros países, por tanto, también es un sindicalismo tardío, con un desarrollo raquítico en comparación con el sindicalismo de los países europeos. El movimiento obrero latinoamericano, y el mexicano en particular, como lo veremos más adelante, no tiene la experiencia histórica, no ha desarrollado las grandes batallas, las grandes hazañas que, por ejemplo, hemos observado en el movimiento obrero inglés con el cartismo o en el movimiento obrero francés con la Comuna de París.

La clase obrera latinoamericana comienza a surgir y desarrollarse a mediados del siglo pasado, 1851, 1852, etc., y, poco después, o casi al mismo tiempo, inicia sus primeros ensayos organizativos. A fines del pasado siglo y principios del presente se dan los primeros intentos de agrupación latinoamericana y en ello tiene que ver, nuevamente, la American Federation of Labour, esto es, nuestra vieja conocida, la AFL norteamericana.

Como han de recordar ustedes, a principios de este siglo, la AFL estaba afiliada a la Federación Sindical Internacional de Amsterdam. En 1921, es decir, a raíz de terminada la Primera Guerra Mundial, se desafilia de la misma con la intención de organizar a los obreros latinoamericanos y controlarlos. De inmediato comienza a hacer los primeros contactos.

Los sindicatos que mejor responden a esta tentativa de la AFL son los sindicatos mexicanos, agrupados en la CROM y dirigidos por Luis N. Morones. Ya en 1916, la AFL y la CROM realizan una reunión preparatoria en Eagle Pass, Texas, en donde comienzan a ponerse de acuerdo para fundar una Central Obrera Latinoamericana; en 1918, dos años después, en Laredo, Texas, fundan una central que se conoció como la COPA, Confederación Obrera Panamericana. La COPA, pues, es la primera central sindical latinoamericana dominada, precisamente, por la AFL yanqui.

Naturalmente que ni la AFL, ni Morones en México, representaban realmente al sindicalismo latinoamericano, de tal manera que esta Central pierde rápidamente fuerza y desaparece tan súbitamente como surgió. Tuvo, pues, una vida efímera, celebró cinco congresos, el último de los cuales ocurrió en la Habana, Cuba, en 1930.

La COPA vivió entonces doce años y, aunque nunca logró aglutinar realmente a los obreros latinoamericanos, fue, de todos modos, un intento de organización a nivel continental.

 

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