MOVIMIENTO ANTORCHISTA



Consejos para ser bien asaltado

En primer lugar tiene que aceptar que en este momento y en este país no hay ninguna posibilidad de que usted pueda escaparse de ser atacado en cualquier momento y lugar. Puede dudar de todo, hasta de Dios, pero de esto ¡No! Como siguiente punto tiene que saber que el abuso o el despojo de sus muchas o pocas pertenencias pueden darse en la calle, en su casa o en cualquier otro lugar.

Si no quiere ser asaltado en su casa, ¡abandónela! Pero, si se va a la calle, entonces le puede ir peor. Como seguramente no está dispuesto a dejar su hogar, dese por bien servido en que usted no esté presente el día y la hora que vayan a robar su casa. Puede ocurrir que no solo le roben lo poquito que tiene sino que, además, lo manden gratuitamente al panteón.

Evidentemente, nadie se va a quedar para siempre en su casa pues tiene que salir a realizar sus actividades (por pequeñas o grandes que sean) y, en ese sentido, tiene usted que prepararse, mental y económicamente, para cuando vaya a salir. Debe saber que, en la esquina, en el camión, a la entrada de su trabajo, de la escuela o cualquier otro lugar, le pueden quitar lo que traiga o lo que los asaltantes quieran. No en vano está el chiste o disyuntiva de “el dinero o la de Goyo”, prefiriendo esto último, pues el dinero siempre se necesita. Debe usted ser lo suficientemente precavido para que no lo golpeen, hieran o maten: tiene que traer suficiente dinero para pagarle al asaltante, porque cuidadito con no cargar un solo centavo, porque entonces sí va a saber lo que es “amar a Dios en tierra de indios”, pues no se lo van a perdonar los asaltantes, porque ellos no van a andar perdiendo el tiempo con un pobretón como usted, que no tiene en que caerse muerto ¡faltaba más!

Cuando los bandoleros lo hayan sorprendido con navajas, cuchillos, o armas de fuego, circunstancia en la que seguramente tendrá que entregar todo, no puede quedarse con un solo centavo, pues si llegan a descubrir que les ha ocultado cierta cantidad de dinero, éstos lo consideraran a usted deshonesto y lo condenaran a un castigo por su deshonestidad; mejor, entregue todo lo que trae.

También absténgase (al salir de la casa) de portar cualquier arma del tipo que sea, pues corre el riesgo de que la policía lo confunda con un delincuente y entonces también tendrá que pagar, ante el Ministerio Público, o la justicia en general, una buena cantidad de dinero para poder salir de la cárcel; y claro, el arma le será decomisada.

Pero el cuidado principal debe tenerlo al momento de ser asaltado, pues aunque tenga la posibilidad de defenderse ¡no lo haga¡ Si usted golpea, hiere, maltrata, o mata al asaltante, entonces le va a salir mil veces más caro enfrentar a la justicia y, por supuesto, los gastos que ocasionen la curación o el sepelio del o de los asaltantes. Lo más barato que le puede salir es que vaya a la cárcel y que tenga que enfrentar a la justicia y a la Comisión Estatal de Derechos Humanos, o a la Nacional, que, obviamente, no van a estar de su parte sino de la violación de los derechos humanos del asaltante. Usted se atrevió (¡oh sacrilegio!) a violentar su integridad física lesionándolo.

Cuando usted esté siendo asaltado, mentalícese para cooperar con toda la buena voluntad del mundo, en todo aquello que los delincuentes deseen y, una vez que éstos le hayan quitado todo, hasta la dignidad, y ya estén dispuestos a dejarlo ir, agradézcales con toda sinceridad el que solamente le hayan quitado su dinero u otras pertenencias y no la vida. Póngase a su disposición por alguna otra cosa que necesiten y (si puede y trae) deles su tarjeta de presentación. Eso significara que es usted un hombre agradecido y educado ¿O no?

Después, póngase a rezar porque salió bien librado de esa y prepárese ya, con esa buena experiencia recibida, a afrontar el próximo asalto que, como usted entenderá, no sabe si será en la próxima esquina, en el siguiente camión, mañana o en el mes siguiente. De lo que sí debe estar seguro es que va a ocurrir tarde o temprano, como tan segura es la muerte.

Pasado el asalto, puede brincar, patalear, reír, llorar o darle gracias al cielo porque está vivo y porque puede seguir trabajando para tener dinero que entregar a los próximos individuos que tengan necesidad de vivir de su trabajo. En última instancia usted debe de saber qué tanto le cuesta a usted ganar su dinero, como al asaltante quitárselo.

Y, una última recomendación: no se queje, todavía está vivo y puede confiar en la justicia divina pues “Dios castiga sin palo y sin cuarta”, porque de la justicia humana ¡Ni sueñe¡ Cualquier parecido con la realidad no es mera coincidencia, sino la puritita verdad.

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