El pajarero
Soy pajarero por tradición, por gusto y… por necesidad.
Yo, junto con mi padre, mis hermanos y muchas familias de mi comunidad, nos dedicamos a la captura de pájaros silvestres para venderlos a un “coyote” que los saca de Huamelulpan, que es mi pueblo y los lleva a vender a Huajuapan, Tehuacán, Oaxaca y al Distrito Federal.
Mi padre me enseñó a mí, a él mi abuelo, que a su vez fue enseñado por mi bisabuelo y así, retrocediendo en el tiempo llegaríamos hasta quién sabe dónde. La memoria histórica de mis antepasados cuenta que mucho antes, mucho tiempo atrás, nosotros los de la tribu Mixteca ya capturábamos pájaros para vendérselos a los “Pochtecas” (mercaderes mexicas) que los llevaban a Tenochtitlan para los emperadores aztecas, o a los “tecutli” (señores) más poderosos de la capital del reino Azteca. Sí, por eso digo que desde tiempos inmemoriales nosotros los de Huamelulpan nos hemos dedicado a la captura de pájaros de todo tipo. Dice el dicho popular que todo lo que “corre, nada o vuela, a la cazuela”, pero nosotros decimos que todo lo que vuela, no importa de qué clase sea, somos capaces de capturarlo, pues conocemos su comportamiento y sabemos cómo ponerles trampas para atraparlos.
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Me gusta atrapar pájaros porque es una actividad que requiere inteligencia, habilidad, resistencia física y paciencia, infinita paciencia y, claro, también conocemos el comportamiento de las aves. La captura se asemeja a la cacería, con la diferencia de que aquí no matamos a los animales y sí, en cambio, cuando los aprisionamos en las trampas podemos verlos en toda su belleza, con sus múltiples y bellísimos colores que incluso son iridiscentes; es decir, que cambian de color según el ángulo desde el que se les vea y la cantidad de luz que les toque. Pareciera que le han robado su color al arco iris o que cuando éste sale, subieran a bañarse y a pintarse en sus tonalidades.
Sí, los pájaros son verdaderas maravillas de la naturaleza: en su vuelo que desafía la gravedad; en su instinto para sobrevivir; en su gran capacidad de adaptación al medio.
Nosotros atrapamos pájaros de todas las especies: cardenales, jilgueros, “chinitos”, “copetones”, “bionces”, calandrias, “mulatos”, “primaveras” y tortolitas. Para lograrlo utilizamos tres cosas: jaulas, frutas silvestres de la temporada y a otros pájaros de la misma especie de la que pretendemos atraer. |
Las jaulas las hacemos de carrizo y son de tres tipos.
La más pequeña mide quince centímetros de alto, treinta de largo y veinte de profundidad. La estructura principal, un cubo rectangular, está hecha de carrizos delgados que, perforados cada centímetro y medio, le incrustamos pequeñas varitas de carrizo que semejan barrotes y que rodean completamente al cubo, formando celdas, en las que a los pájaros les resulta imposible escapar. A la mitad de este cubo de carrizo le ponemos una división para tener dos trampas en vez de una.
Por la parte de arriba, o en los costados, abrimos la “puerta trampa” que con un mecanismo de presión cierra automáticamente. En el interior de cada compartimiento colocamos una varita que sale hacia la parte trasera de la jaula y que con una espina, con la punta hacia abajo, tiene la varita levantada, y con la cabeza se sostiene en el barrote de arriba de la jaula. La cabeza de la pequeña espina, tensa y mantiene la puerta abierta con un pequeño hilo, lista para cerrarse si la varita interior es pisada o movida por el pájaro que penetre en la jaula. Ésta puede atrapar dos pájaros a la vez, o más si los muy imprudentes se meten en grupo.
Construimos, también, una jaula más grande con cinco compartimentos. Ésta tiene cuatro “jaulas trampa” en los extremos y, en medio de ellas, otra donde ponemos un pájaro que nosotros le llamamos manso, y que seguramente los pájaros le dirían “menso”.
También hacemos una jaula grande, a la que llamamos “jaulón” y que nos sirve para “almacenar” los pájaros atrapados cuando salimos fuera y la suerte o la abundancia de pájaros, nos permite la captura de muchos de ellos.
Usamos frutas de berenjena, “jabonera”, aguacate, jitomate u otro fruto silvestre como señuelo. Conocemos las características de cada ave y por eso mantenemos algunos ejemplares de ellas en nuestro poder para domesticarlos y usarlos para atraer a otros de su misma especie, ya fuera porque crean invadido su territorio o porque oigan el llamado de uno de su misma especie, eso les da confianza y no sospechan que se trata de una trampa para atraparlos.
Y, finalmente, soy pajarero por necesidad, porque no tengo mucho de donde vivir, y capturar pájaros y venderlos me permite ingresos para mi familia, aunque me los paguen a cincuenta centavos, a peso o diez.
Mi padre me enseñó dónde podía coger jilgueros, calandrias u otros y por eso les voy decir dónde y cómo… |