MOVIMIENTO ANTORCHISTA



¿Los Dioses duermen de noche?


            No sé exactamente las razones, pueden suponerse, pero aunque he recorrido muchas partes del país no he podido encontrar ningún templo de oración que se encuentre abierto por las noches.

Seguramente la razón fundamental consiste en el hecho de que muchos ciudadanos tienen poco o ningún respeto a la religión, y sí en cambio mucha necesidad de dinero, de tal forma que en el menor descuido, y en la mejor ocasión, si pudieran, se apropiarían indebidamente de instrumentos que en los templos son utilizados para la realización de los cultos. Quizás porque otros, sin tener necesidad, se apoderarían gustosamente y sin ningún escrúpulo de muchos cuadros o joyas valiosas por las cuales podrían obtener jugosas ganancias en los mercados donde compran ese tipo de arte sacro. Cosa que, por cierto es verídica y que al realizar estos robos les permite a los delincuentes obtener jugosas ganancias.

Pero no tengo claro por qué no se busca la forma de que estos lugares que se han acondicionado para el acercamiento con los dioses, santos, vírgenes íconos u otras figuras, cuya esencia consiste precisamente en la comunicación más expedita con los dioses que cada quien reverencie, permanezcan abiertos de día y de noche para que todos los fieles puedan acudir a la hora que gusten a acercarse con el Dios o los dioses de su preferencia. Es más, considero que la afluencia a estos lugares de oración aumentaría considerablemente, pues cada quien podría escoger la hora más conveniente para realizar sus oraciones, seguramente hasta con mayor devoción, sin la presión de las actividades cotidianas diurnas.

No quiero pensar que haya la intención de impedírsenos hacer esto de noche, pues para rezar da lo mismo hacerlo de noche que de día; tampoco quiero creer que los templos se cierran para evitar que los indigentes hagan uso de estos santuarios para pasar la noche y protegerse de las inclemencias del tiempo, pues esto iría en contra de la esencia de la religión, que consiste en dar de “comer al hambriento, de beber al sediento y cobijo al desnudo”. Ciertamente eso ya se viene haciendo, es decir cerrar los templos de noche, dejando a la intemperie y expuestos a todos los peligros a personas que no tienen donde pasar la noche, pero seguramente ha de ser por otro tipo de razones.

Es más, hasta podría dárseles alimento a todos aquellos miserables a los que la voluntad de los dioses no les permitió conseguir alimentos en el transcurso del día. Eso sí sería una muestra excelente de caridad divina y humana; esos miserables beneficiados pagarían con bendiciones, oraciones y agradecimientos verdaderos. Seguramente hasta se podrían salvar muchas, muchas almas, por ejemplo de las mujeres galantes, de los asaltantes, de los asesinos, etc. Es decir de aquellos que con la impunidad o tentaciones de la noche, están dispuestos a cometer todo tipo de delitos o inmoralidades, todo porque no pueden penetrar a los templos de noche y arrepentirse de sus crímenes o de los pensamientos incorrectos e inmorales que pretendían realizar.

Acudirían ahí muchos de estos seres “perdidos”, en lugar de hallarlos en bares, antros de vicio, esquinas oscuras o en cualquier lugar donde se pueda cometer actos delictivos y pecaminosos. Así los encontraríamos, arrepentidos y rezando por la salvación de su alma. Se contribuiría pues al mejoramiento moral de nuestra sociedad; crearíamos, también, más empleos: vigilantes, barrenderos, cocineros, meseros etc. Pues ¿sabe usted cuántos templos e iglesias hay en el país?

Las medidas de seguridad, para proteger los tesoros de los templos, son totalmente posibles con los avances tecnológicos que ha creado la sociedad:  cámaras de televisión, alarmas, policías, o bien retirando en las noches todos los objetos valiosos a lugares más seguros donde no hubiese tentación de robo. O algo mejor, prescindir de objetos valiosos u ostentosos que se usen, estén en exhibición y representen una tentación para los ladrones. Por lo demás, resulta poco probable que los artículos de lujo representen una mayor preferencia de nuestro Dios, o de los dioses, para llegar o estar en tal o cual templo, en función de las riquezas que le brinde cada templo o iglesia. Si fuese así tendríamos que dividir estos lugares para dioses ricos y dioses pobres. Esto no estaría bien ¿O si? De todas formas como los templos no se abren de noche, cabe la pregunta: Los dioses ¿duermen de noche?

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