MOVIMIENTO ANTORCHISTA


 
 
 
 
.:: CONFERENCIAS OBRERAS ::.

SEGUNDO TOMO/ CONFERENCIA 17
Historia del Movimiento Obrero Mexicano

SEGUNDA PARTE

Junio de 1989

Compaņeros Obreros: 

Pues bien, en esta zona textil de Tlalpan, se dio la segunda gran huelga de los obreros mexicanos, en 1868. Esta huelga que, a diferencia de la ocurrida en la mina “La Vizcaína”, era ya un movimiento por mejoras salariales, disminución de la jornada de trabajo y conquista de algunas prestaciones, fue una huelga triunfante. El patrón tuvo que ceder, según cuentan los historiadores, a la mayoría de las peticiones que se le presentaron, con lo cual los obreros se anotaron un resonante triunfo que les infundió gran confianza en su causa y en sus fuerzas.

En 1872, se organizan por primera vez, a nivel nacional, todos los círculos obreros que existían hasta entonces. A partir del 53, y teniendo como ejemplo la “Sociedad Particular de Socorros Mutuos”, prosperan los grupos mutualistas, las cooperativas obreras, las hermandades obreras. Se fundan sociedades obreras importantes en Guanajuato, Jalisco, Michoacán, Veracruz, Yucatán y también en el Distrito Federal. Por todos lados surgen grupos obreros de tipo mutualista, cajas de socorros mutuos, pero en forma dispersa, sin un plan orgánico de acción. Vive cada uno su propia problemática, cada uno atiende sólo a sus militantes, a sus miembros y no rebasa el área de influencia de su localidad. Pero en 1872, repito, todos estos grupos y organizaciones obreras se reúnen y forman el “Círculo de Obreros de México” (hay historiadores que dicen que se llamó “Círculo de Obreros Metropolitanos” porque, sostienen, solamente se organizaron los obreros del área que hoy se conoce como área metropolitana; pero yo me inclino a pensar, por el número de asistentes, que en realidad se organizaron círculos que venían de varias partes del país). Este es el primer intento de organización obrera a nivel nacional; los historiadores insisten, a su vez, en que es la primera central obrera oficialmente registrada. No era, naturalmente, una central obrera como la CTM, por poner un ejemplo, no tenía las características de ella por cuanto no estaba integrada por sindicatos y federaciones de sindicatos en el sentido moderno, sino, como dijimos, por organizaciones mutualistas. Sin embargo, su semejanza radica en que fue un esfuerzo unificador, el primer intento nacional por dar una representación única a la clase obrera emergente.
En 1874, o sea dos años después de este primer intento, se vuelve a dar una huelga en las minas de Pachuca. Y esta huelga es importante, entre otras cosas, porque dura cinco meses. Durante cinco meses, los mineros de Pachuca resisten todo tipo de amenazas, de presiones, hambre, enfermedades y, a pesar de ello, no se doblegan ni claudican. Finalmente logran un éxito completo sobre sus patrones: consiguen aumento de salarios, reducción de la jornada de trabajo, que se les consideren ciertas prestaciones relativas a la protección de la familia, en fin, triunfan en toda la línea gracias a su abnegación y tenacidad mantenidas, repito, durante cinco meses.

La importancia teórica y educativa de esta huelga radica en que nos ilustra sobre otro aspecto esencial de la lucha obrera. Ese aspecto es el siguiente: en la actualidad, cuando un movimiento de esta naturaleza se prolonga mucho, no faltan obreros que se inclinen a pensar que esto es una prueba de que el abogado asesor es poco eficiente, que los líderes no han conducido correctamente la lucha o, sencillamente, que el estallamiento ha sido un error por no haber escogido correctamente el momento o por no haber tomado en cuenta en sus justos términos las circunstancias y la correlación de fuerzas. Esta huelga nos enseña que no siempre es así; que, en realidad, desde los primeros tiempos, los patrones han sabido que prolongar una huelga es una manera de derrotarla porque, a medida que el tiempo pasa, aumenta la necesidad de dinero para comida, para renta, para agua y luz y para otros gastos de la familia del obrero y, al no poder satisfacer dichos gastos, aumenta su desesperación, cunde en él el desaliento, aparece la división en las filas de los huelguistas y, finalmente, se quiebra el movimiento. Pero esta huelga nos demuestra también cómo, allí donde los obreros saben resistir, allí donde ponen en juego toda su abnegación, todo su coraje y, sobre todo, su conciencia de clase, el tiempo puede jugar a su favor, pues el patrón también pierde, y mucho, a medida que se prolonga la huelga. Por tanto, aunque no lo demuestre, cada día está más urgido de poner fin al conflicto y, en consecuencia, si los obreros no se quiebran ni se dividen, el triunfo de la lucha está garantizado. La huelga de los cinco meses (incluso, así se conoce en la historia del movimiento obrero) es una huelga ilustrativa que nos demuestra, primero, que los patrones siempre han sido feroces y astutos para reprimir y, segundo, que ahí donde los obreros resisten y burlan todas sus maniobras, es muy alta la probabilidad de que obtengan una victoria.

Sigamos. El 20 de noviembre de 1874 se celebra el Primer Consejo del Círculo de Obreros de México, el mismo que, como ya dijimos, se funda en 1872. La importancia de este primer Consejo nacional estriba en que en él se discute el primer reglamento de trabajo para regular las relaciones entre los obreros y sus patrones a lo largo y ancho del país. Antes de 1874 en México solamente existían, en materia de legislación laboral, las disposiciones de Carlos V, los “ordenamientos” para los talleres artesanales publicados por Hernán Cortés por órdenes de ese monarca español, y las cédulas reales que, en diferentes fechas, fueron expidiendo los reyes de España para regular el trabajo de los obreros. Así pues, la laguna legal en materia laboral era evidente y a llenar la misma se aboca este primer Consejo del 20 de noviembre de 1874, prohijado por el “Círculo de Obreros de México”. En el reglamento surgido de este importante Consejo se estipulan, por primera vez, cuestiones tan importantes para los obreros como es el salario, la jornada de trabajo, las prestaciones, etc., que pasan a ser ya una obligación legal de los patrones. Naturalmente, no eran ni las jornadas ni los salarios de ahora, pero lo importante es que ya no se dejaban estos derechos del obrero al arbitrio del patrón, sino que se reglamentaban en una ley que aquél debía acatar obligatoriamente.

Para mayo de 1877, vuelve a estallar una huelga en los textiles de Tlalpan. Esta huelga ocurre en una fábrica llamada “La Fama Montañesa”, propiedad de un español. Y es importante, también, como las que le precedieron porque, a pesar de todas las presiones y del apoyo que el mismo gobierno da al patrón, los obreros logran derrotarlo y obtener las prestaciones que buscaban.

El domingo 6 de marzo de 1876, se realiza el Primer Congreso Nacional (ya no un Consejo, sino un Congreso Nacional) del “Círculo de Obreros de México”. A este Congreso asisten representantes de 10 mil trabajadores y, según los historiadores del movimiento obrero mexicano, se debe considerar como el primer Congreso obrero celebrado en México con una orientación claramente clasista y con una amplia representación obrera. A partir de entonces, y como lo veremos después, los congresos se han constituido en una práctica “normal”, rutinaria, que en la actualidad ya no sirve para discutir los intereses de los obreros y proponer soluciones a sus problemas más urgentes, sino para hacer componendas políticas de los líderes. Pero de todos modos, los congresos obreros fueron, en su origen, una verdadera creación de los trabajadores. Tenían el propósito fundamental de discutir, fijarse bien, la legislación obrera vigente, la jornada de trabajo, el nivel salarial, las prestaciones obreras y de instruir a sus dirigentes sobre los tiempos y las formas mediante las cuales tenían que exigir a las autoridades y a los patrones las nuevas demandas y reclamos que los obreros acordaban en sus deliberaciones. Por eso es importante recordar, en estos tiempos de charrismo sindical y de traición abierta de los líderes a los intereses auténticos de las bases cuya representación se arrogan, que un domingo 6 de marzo del año de 1876 se celebró en México el Primer Congreso Obrero, que reunió a representantes de 10 mil trabajadores (para entonces eran muchos trabajadores), con el propósito fundamental de discutir la situación y las mejoras necesarias para todos los obreros del país, a iniciativa del “Círculo de Obreros de México”, que es también la primera central nacional de los trabajadores mexicanos, fundada el 16 de septiembre de 1872.

Este primer congreso es memorable, además, porque tiene lugar en un período en el cual comienzan a perfilarse cambios importantes en la situación política del país. Como ustedes saben, después de 1821, año en que se consuma la Independencia de México por un pacto celebrado entre Don Vicente Guerrero y Don Agustín de Iturbide, el país entró en un proceso muy complicado de búsqueda de fórmulas políticas y legales para estructurar tanto a la nación, mediante la promulgación de una Constitución General, como al propio aparato de gobierno, que debía sustituir al aparato de dominio español. Pasaron muchos años antes de que el liberalismo mexicano lograra crear la primera Constitución realmente nacional, realmente acatada, que fue la de 1857 y para que comenzaran a construirse las instituciones que actualmente nos rigen: el Presidente de la República, el Congreso de la Unión, la Suprema Corte de Justicia de la Nación, etc. La búsqueda de una ley fundamental y de las instituciones propias del país, pues, costó muchos sacrificios: golpes de estado, asesinatos políticos, revoluciones sucesivas, hasta que, finalmente, la revolución de Ayutla iniciada por Don Juan Álvarez, que se continúa después en el movimiento de Reforma encabezado por Don Benito Juárez, viene a darle una cierta estabilidad política y legal al país.

Pero a la muerte de Don Benito Juárez, ocurrida en 1872, las cosas vuelven a descomponerse: después de un período de cuatro años en la presidencia (1872-1876), Don Sebastián Lerdo de Tejada intenta reelegirse por un nuevo período de cuatro años, cosa que no es aceptada por una importante corriente política encabezada por Don Porfirio Díaz. Vuelve entonces la pugna por el poder entre unos grupos y otros, manifestándose ésta en el desconocimiento de Díaz al Gobierno de Lerdo de Tejada, y su llamado a la nación para luchar en contra de la reelección. Como todos sabemos, la partida la gana Porfirio Díaz, quien asume el poder de la nación, por primera vez en 1876, mientras Lerdo de Tejada huye al extranjero. Ahora bien, nosotros estamos hablando de que el primer congreso del “Círculo de Obreros Mexicanos” ocurre, precisamente, en 1876, es decir, en el momento en que el país se encuentra dividido en dos grandes grupos: el grupo porfirista y el grupo lerdista; el grupo que apoya las ambiciones de poder de Porfirio Díaz y el grupo que quiere un gobierno liberal y legalista encarnado por Don Sebastián Lerdo de Tejada.

El movimiento obrero mexicano, desde muy temprana fecha, tal vez desde que empezaron a aparecer los primeros círculos mutualistas, tuvo influencias muy pronunciadas del anarquismo. El anarquismo, como ya hemos visto antes cuando hablamos del movimiento obrero europeo, es una corriente dentro de dicho movimiento que postula, entre otros puntos de vista radicales, que los obreros no deben meterse en política; que hacerlo es un error porque con ello se da pie para que los políticos se metan al movimiento obrero, lo controlen y lo pongan al servicio de grupos y partidos políticos. Lo mejor, lo más radical, lo verdaderamente obrerista, dicen ellos, es que el movimiento sindical se mantenga ajeno a cualquier política, que no apoye a ningún candidato, que no sostenga ninguna bandera de carácter político nacional, etc., sino que se circunscriba a la defensa de los intereses estrictamente sindicales. Y este planteamiento, debido a la influencia anarquista en el movimiento obrero nacional, tenía mucha aceptación en los tiempos a que nos estamos refiriendo. Pero, como lo veremos más adelante, además de teóricamente erróneo, este punto de vista es impracticable en la vida real, sobre todo cuando un país se divide políticamente, tal como estaba ocurriendo con el nuestro con motivo de la lucha entre Porfirio Díaz y Lerdo de Tejada. En una situación así, es imposible que los obreros no tomen partido; lo tienen que tomar ya sea por su gusto o porque los lleven allá los intereses de los líderes que, en un momento dado, los representan y guían.

Pues bien, obligados por la necia realidad, los obreros mexicanos se dividen a pesar de las prédicas anarquistas: una parte de los integrantes del “Círculo de Obreros Mexicanos” toma partido con Porfirio Díaz y la otra parte con Lerdo de Tejada. Ante este hecho, los cabecillas anarquistas empiezan a atacar duramente al “Círculo de Obreros Mexicanos” en su conjunto, acusándolo de traición, de haberse vendido a los políticos y de abandonar la defensa de los verdaderos intereses obreros. Esto trae, como consecuencia, el debilitamiento y la ulterior desaparición de este primer intento organizativo en el nivel nacional. Todo parece indicar que la vida del mismo no llegó más allá de su segundo congreso, aunque no sé si éste se celebró en ese mismo año de 1876 o a principios del siguiente (los historiadores no se ponen de acuerdo en este punto). El propósito fundamental de dicho Congreso fue decidir hacia dónde se orientaría la organización, pero terminó, repito, con la disolución del “Círculo de Obreros Mexicanos”.

En términos generales, pudiéramos decir que fracasó esta primera experiencia de Unidad Nacional, razón por la cual el sindicalismo mexicano volvió al localismo, a los grupos regionales y, finalmente, a una actividad estrictamente gremial que no termina sino con la Revolución Mexicana y la creación, ahora sí, del primer sindicato moderno, como lo vamos a ver después.

Para terminar esta plática, compañeros, diré que, en gran medida, la disolución, la falta de solidez exhibida por el movimiento obrero mexicano en este primer intento organizativo, se explica por la debilidad de la propia industria mexicana: en efecto, en la época de que tratamos no existían grandes fábricas, en el sentido moderno del término, con alta tecnología y, por tanto, no se requerían para su manejo obreros con un alto grado de especialización; los procesos de transformación eran sumamente sencillos y, en consecuencia, hablando relativamente, era fácil despedir a los obreros con cierta antigüedad y contratar a gente inexperta que rápidamente aprendía el oficio. Esto ocurría, por ejemplo, en los textiles, en las tabacaleras, en los ingenios y en la minería. Como resultado de ello, no se consolidaba una clase obrera verdaderamente merecedora de tal nombre ni se acumulaba una tradición y una experiencia de lucha; los obreros mexicanos de aquella época eran pocos y poco experimentados; no constituían una clase obrera vieja, con tradición, en la cual cada obrero fuera hijo de obreros, nieto de obreros, biznieto de obreros y, por tanto, heredero de una conciencia de clase y de una larga experiencia en la defensa de los intereses colectivos. Y esta debilidad histórica del movimiento obrero, repito, fue la que determinó la disolución de su primera organización nacional.

Ahora bien, el fracaso de los intentos por crear una organización obrera independiente y de alcance nacional debía tener, como consecuencia necesaria, que los obreros quedaran a merced del gobierno y de otras fuerzas políticas ajenas a sus genuinos intereses. Y es así como la dictadura de Porfirio Díaz impone entre los obreros un régimen verdaderamente feudal, que es el que explica que las primeras protestas obreras serias, que fueron la de Cananea y Río Blanco, terminaran en verdaderas masacres que todavía indignan a los verdaderos hombres de bien.

Por la debilidad organizativa del movimiento obrero mexicano se explica, digo, que la dictadura porfiriana haya podido hacer con los trabajadores lo que quiso, incluso masacres tan brutales como las de Cananea y Río Blanco, que vamos a ver la próxima vez. Gracias compañeros.



<< Regresar |

INICIO | DIRECTORIO | ARTICULOS | EVENTOS | PUBLICACIONES | COMUNICADOS | CONFERENCIAS
FOTOGALERIAS
| ESPARTAQUEADAS | AVISO LEGAL | MAPA DEL SITIO
Powered By:
admin@webdesign.net.mx

Moviemiento Antorchista de México - Todos los Derechos Reservados 2004 ©
antorcha@antorchacampesina.org.mx